Billeteras digitales y financieras no bancarias concentran la mayor alarma por la mora familiar
El informe de la consultora 1816 mostró una leve baja en la mora bancaria, pero advirtió que el incumplimiento sigue creciendo en los créditos otorgados por billeteras virtuales, fintech, comercios y otras entidades fuera del sistema tradicional.

La morosidad de las familias argentinas tuvo en junio una pausa dentro del sistema bancario, pero el dato más sensible está en el financiamiento no tradicional: las billeteras digitales y entidades no bancarias siguen acumulando atrasos y ya registran un nivel de incumplimiento del 33%.
Según el relevamiento de la consultora 1816, la mora familiar en bancos se ubicó en 12,7%, una décima menos que en mayo. El informe remarcó que se trató de la primera interrupción de una racha de 19 meses consecutivos de crecimiento de la irregularidad crediticia.
La mejora bancaria estuvo explicada por dos factores: una desaceleración en el ritmo de crecimiento de los saldos impagos y un aumento real del total de financiaciones. Además, las refinanciaciones también tuvieron peso: representan el 3,4% del crédito otorgado a hogares, uno de los niveles más altos en décadas.
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Pero esa dinámica no se repitió fuera de los bancos. En el segmento de billeteras digitales, fintech, cooperativas, comercios y prestadores no financieros, la mora siguió creciendo y llegó al 33%. La diferencia marca una brecha fuerte entre quienes toman crédito en entidades bancarias y quienes recurren a mecanismos de financiación más rápidos, flexibles o de menor acceso formal.
Para la consultora, el freno de junio no alcanza para asegurar que el problema quedó atrás. La propia medición advierte que la morosidad podría volver a subir durante el tercer trimestre, especialmente porque las presiones sobre los ingresos familiares continúan.
En ese escenario, el crecimiento de la mora no bancaria aparece como una señal clara del deterioro social: muchas familias no solo se endeudan para consumir, sino también para cubrir gastos cotidianos. El problema ya no es únicamente financiero; es una muestra de hasta dónde se estiró el bolsillo argentino.


