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Accidente de caza: lo acusaban de homicidio agravado y terminó absuelto

El episodio ocurrió en La Tordilla cerca de Arroyito en 2023. Sobre él pesaba la posibilidad de una pena de 10 años y ocho meses de prisión por la muerte de un amigo muy querido. El Ministerio Público sostuvo la acusación a pesar del apoyo de familiares del fallecido al acusado.

Por Francisco Panero6 min de lectura
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Accidente de caza: lo acusaban de homicidio agravado y terminó absuelto
Accidente de caza: lo acusaban de homicidio agravado y terminó absuelto · Foto: La Voz

Desde hace siglos hay una extensísima lista de accidentes de caza que terminan de manera fatal. Un listado histórico con muchos nobles, con algunos personajes famosos y con otros de menor celebridad da cuenta de decenas de personas que han muerto como consecuencia de disparos no deseados durante una cacería.

Pero también se registran homicidios que quisieron disimularse como accidentes de caza, también un innumerable recuento de casos de duda insuperable, sospechosos, como así también episodios que quedan inscriptos definitivamente en una zona gris imposible de aclarar.

La semana pasada, terminó en San Francisco un juicio oral y público en el cual Nicolás Uriel Bertinetti (34) salió aliviado de una severa acusación de "homicidio agravado por el uso de arma" porque le adjudicaban haber matado a su compañero de cacería en un campo cercano a La Tordilla, una población rural ubicada al norte de Arroyito (departamento San Justo).

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La dureza de la acusación sostenía que Bertinetti había disparado de forma dolosa –con intención de matar– contra una persona muy allegada a él. La víctima, Néstor Valzino (61), era el papá de una exnovia de Nicolás, con el cual luego estrechó una amistad por la costumbre de salir a cazar perdices en la zona.

Ambos con credenciales en regla, tenían sus escopetas y dos perras, una de las cuales –Lola– fue regalada por Nicolás a Valzino. Ese sábado 5 de agosto de 2023, pasado el mediodía, salieron en la camioneta de Néstor y comenzaron a hacer sus disparos, cada uno con escopetas italianas: el más joven tenía Beretta AL 391 Urika 2 calibre 20/70, mientras que su amigo llevaba una Fabarm Euralfa 12/70.

Acompañado cada uno de su perra, pronto se separaron para buscar perdices en diferentes lotes del campo. Se perdieron de vista y continuaron cazando hasta el horario de regreso previsto, cerca de las 18.

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Nicolás comenzó con el ritual habitual antes de regresar. Junto a la camioneta, comenzó a tomar unos mates mientras esperaba a su compañero. Mientras tanto, empezó a enviar mensajes y fotografías a familiares.

Así lo relatan los abogados defensores del absuelto, Ignacio Mosquera y Luciano Mayer. Pronto, según este relato, le extrañó a Bertinetti que Néstor no volviera. Más tarde, divisó que Lola estaba volviendo, sola.

En principio, este detalle no le llamó la atención porque la perra solía adelantarse, pero, al no aparecer su amigo, se decidió a buscarlo. Tras recorrer un buen trecho, Nicolás encontró a Néstor recostado de espaldas sobre la maleza. No presentaba signos extraños, pero estaba con la boca abierta.

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Poco después, Bertinetti comprobó que su amigo ya no respiraba. Hombre mayor, recuperándose de un tratamiento de cáncer, supuso que había fallecido por una descompensación.

Llamó a sus familiares para que pidieran ayuda. Poco después, llegó una ambulancia con el médico del lugar, el jefe de bomberos a cargo de varios efectivos más. Costó mucho darse cuenta de que el cuerpo sin rastros tenía un orificio en la bombacha de gaucho.

La herida de arma de fuego no había dejado mayores rastros, porque el disparo provocó la fractura de fémur y el corte de la arteria femoral, pero con hemorragia interna, sin sangrado hacia fuera del cuerpo.

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Los familiares de Bertinetti y también los de Valzino no pensaron jamás que Nicolás había disparado a su amigo. De igual modo razonaron los miembros de las fuerzas vivas que fueron al lugar del hecho.

La fiscal de instrucción de Arroyito, Graciela Debernardi, terminó imputando y deteniendo a Bertinetti, quien terminó preso en la UCA de Córdoba. Poco tiempo después, salió por unas semanas, pero, más adelante, le dictaron la preventiva y volvieron a encerrarlo. Por suerte para él, una cámara de San Francisco resolvió a su favor la apelación y pudo esperar el juicio en libertad.

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El debate oral comenzó en San Francisco el 22 de julio pasado y finalizó el viernes 7 de agosto, con el fallo absolutorio a cargo del juez unipersonal Guillermo Rabino.

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Si embargo, hasta último momento, el resultado fue incierto. La familia de la víctima acompañó el proceso y, según relatan los defensores, no estaban de acuerdo con la acusación en contra de Bertinetti. En ese sentido, se pronunciaron en los testimonios la viuda Mery Isabel Flores y la hija de la víctima, Camila Valzino. Tampoco declaró en contra de la posición del acusado el jefe de bomberos.

La autopsia indicaba que Valzino murió por shock hipovolémico (al desangrarse) y un peritaje balístico indicaba que el disparo había sido a 70 centímetros del orificio de entrada. Esto último parecía indicar que era (casi) imposible un disparo autoinfligido.

Pero también se escucharon las conclusiones de un peritaje multidisciplinario muy particular. En la zona donde yacía el cadáver, se secuestraron vainas de un fruto muy particular en la zona, el cuerno del diablo (ibicea lutea).

Sobre 10 vainas que se peritaron, ocho actuaron a favor de la hipótesis: esas piezas, si se trababan en el gatillo, tenían la fuerza suficiente para efectuar un disparo.

A Néstor le encontraron dos pequeños raspones, en un labio y en la punta de la nariz. Se presume que puede haber tropezado y que en el piso quiso traer hacia sí la escopeta, blandiéndola por el caño. Al tirar, un cuerno del diablo se trabó en el guardamonte y gatilló, disparando hacia la cadera del cazador. Tal vez, en la misma caída se produjo el disparo.

Con este panorama, los defensores Mosquera y Mayer pidieron la absolución, pero la fiscal de cámara Consuelo Aliaga mantuvo en la acusación original, con pena de 10 años y ocho meses de prisión. Pero, llamó la atención que la acusadora se inclinara por un pedido subsidiario, a favor de un homicidio culposo con pena de tres años de prisión en suspenso.

Bertinetti insistió desde el comienzo del juicio en su inocencia afirmando que él no era responsable de la muerte. El veredicto no sólo le cayó bien a él, sino también a los familiares de la víctima que lo abrazaron en el momento de alivio.

Uno de los que integran el listado de víctimas de accidentes de caza no es otro que el futbolista José Luis Cuciuffo, el cordobés campeón del mundo de 1986 que el sábado 11 de diciembre de 2004 perdió la vida en un campo del sur de la provincia de Buenos Aires.

El cordobés, de 43 años, había concurrido con un grupo de amigos a cazar en el campo El Lucero, ubicado en Bahía San Blas, cerca de Carmen de Patagones.

Mientras se conducía en una camioneta Chevrolet por una zona de vizcacheras, se le disparó accidentalmente la escopeta calibre 22 que llevaba en el piso apuntando hacia arriba y lo hirió de muerte en la zona hepática.

En octubre de 2017, la Cámara 12ª del Crimen de Córdoba condenó a prisión perpetua a los hermanos Carlos y Julio César Malter por la muerte de Pablo "Paco" Garcíaa, el empresario de Alta Gracia que murió mientras cazaba jabalíes en un campo privado de Anisacate en agosto de 2015. Además, Gustavo López recibió tres años de prisión.

Más recientemente, en la madrugada del 20 de mayo de 2025, el apicultor Iván Eduardo Mangold (41) murió en Aguará Grandee, en el departamento San Cristóbal, Santa Fe. Recibió un disparo accidental mientras cazaba en un predio rural. Un trabajador rural de 47 años lo habría confundido con un jabalí en la oscuridad.

Fuente: La Voz

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