Aceptarse y ser aceptada: bótox y ácido hialurónico, la tendencia que crece entre las jóvenes
Profesionales relacionan directamente el fenómeno con el uso de redes sociales y la búsqueda de aceptación social.

"Más o menos a los 20 empecé a pensar en ponerme ácido", cuenta María José, de 23 años. A los 22 se hizo un relleno de labios con ácido hialurónico. Además, con el mismo producto se hizo una rinomodelación.
Este es el caso de muchas chicas jóvenes que hoy incursionan en tratamientos estéticos no quirúrgicos. Aunque no hay cifras exactas sobre el tema, la tendencia crece a la par de los contenidos en redes sociales que muestran a estos procedimientos como accesibles e inofensivos.
Valeria Bastino es dermatóloga egresada de la UNC (MP: 23021, ME: 8545) y confirma el fenómeno "La realidad es que cada vez veo más consultas en pacientes jóvenes. Antes era raro ponerse bótox antes de los 40, y hoy antes de los 25 ya lo están pidiendo".
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Un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS) realizado en 2024 reveló que Argentina está en 13° lugar mundial en cuanto a cirugías estéticas.
Respecto de los procedimientos no quirúrgicos realizados en el país ese año, los inyectables se presentan como claros protagonistas al sumar un total de 148.382 intervenciones.
El ácido hialurónico se posicionó como el procedimiento no quirúrgico más realizado en el país con 80.165 aplicaciones ese año, lo que representa el 35,4% de todos los tratamientos no invasivos, seguido por la toxina botulínica (socialmente conocido como bótox) con 59.006.
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Bastino explica la diferencia: el bótox se pone en determinados músculos de la cara para evitar que se muevan y que la piel que los cubre también se mueva menos, y consecuentemente que se generen menos arrugas en esas zonas.
En tanto, el ácido hialurónico se puede utilizar para humectar, rellenar o devolverle a la piel estructuras que perdió.
La médica aclara que, aunque no hay una edad estrictamente definida para arrancar con los tratamientos, le sorprende la tendencia en crecimiento de pacientes jóvenes que acuden a su consultorio.
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Florencia, de 25 años, arrancó a colocarse ácido hialurónico hace un año en la zona de la nariz y de los labios. Más adelante, su propia médica le recomendó ponerse bótox. Aunque no tenía inseguridades como tal, cuenta que le molestaba ver las "patas de gallo" (las líneas de expresión que salen en los lados de los ojos) en otras personas, por lo que terminó poniéndose en esa zona, en el entrecejo y en la frente.
"Creo que cambió al 100% la forma en la que me veo y cómo percibo mi propia belleza. Si bien sé que no lo necesitaba y de hecho la gente ni se da cuenta, siento que sí me cambió", explica.
Carolina, de 23 años, se puso bótox por primera vez hace dos meses. En su caso, se realizó lo que se conoce popularmente como "lip flip": se aplica una microdosis de toxina botulínica para relajar el músculo del labio superior. Ella buscaba que no se vieran sus encías cuando sonríe, algo que, confiesa, le generaba inseguridad.
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Estos procedimientos tienen una fecha de caducidad, es decir, el efecto visible se va perdiendo progresivamente. En el caso del ácido, suele durar entre seis y 12 meses, mientras el cuerpo lo absorbe. Respecto al bótox, el músculo suele volver a recuperar el movimiento cerca de los cuatro y seis meses.
Si bien los productos en sí no generan una dependencia física ni química, sí puede ocurrir que, por la satisfacción que generan los resultados, los pacientes busquen realizarse una aplicación periódica.
"La médica me pone poco y yo quiero más. Creo que es algo que pasa con la dismorfia cuando ya te ponés ácido hace mucho tiempo. Generás una suerte de dependencia, porque empezás a perder el efecto estético que deseabas y entrás en un estado de control permanente para chequear si se sigue viendo", cuenta María José, y admite que le hubiera gustado que alguien le advirtiera sobre esto.
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Aunque por no ser quirúrgicos parecen inofensivos, pueden llegar a generar efectos negativos si no se realizan correctamente. "Tenemos un montón de consultas semanales para arreglar errores de otros. No cualquiera puede hacer estos procedimientos inyectables, sino que los debería hacer un médico, ya sea dermatólogo o cirujano plástico", explica Bastino.
Sin embargo, la médica reconoce que en la práctica los límites son difusos: "Está muy corrido el límite. No hay nadie que lo controle, entonces depende de la ética del profesional y de la decisión consciente del paciente."
Uno de los puntos más discutidos, según Bastino, es la intervención de otros profesionales de la salud. "Hoy por ejemplo también los odontólogos hacen estos procedimientos y yo considero que no debería ser así. Quizás con el ácido es tolerable, pero con el bótox no", opina.
Según la normativa sanitaria vigente en Córdoba, los establecimientos privados deben tramitar su habilitación ante el Ministerio de Salud a través de la plataforma Ciudadano Digital (CIDI). La Dirección General de Regulación Sanitaria puede realizar inspecciones presenciales o virtuales y exigir el cumplimiento de condiciones de bioseguridad, gestión de residuos peligrosos y registros obligatorios de la actividad.
También exige que los establecimientos cuenten con profesionales con matrícula provincial vigente. En cuanto a quiénes pueden realizar aplicaciones de toxina botulínica y ácido hialurónico con fines estéticos, la legislación provincial remite a las incumbencias de cada profesión de la salud.
Carolina cuenta que este tipo de modificaciones está naturalizado en su entorno. Además, afirma que las redes sociales tienen un gran impacto en la decisión de las chicas.
"Me da impotencia que todo esté tan naturalizado, por ejemplo tener labios enormes y no tener arrugas. Inevitablemente caigo en cuestionarme si encajo o no en esos típicos estándares de belleza", cuenta.
Bastino afirma lo que nota en su consultorio: "El fenómeno tiene relación directa con lo que ven en las redes sociales. Las chicas batallan con estos ideales que, encima, son irreales".
María José coincide y agrega que las jóvenes son constantemente presionadas para llegar a estos modelos: "Somos diariamente empujadas a caer en este tipo de modas estéticas porque creemos que eso nos va a hacer socialmente más aceptadas", dice.
Florencia Aquino, psicóloga (MP 10349) e integrante del Colegio de Psicólogos de Córdoba, explica cómo este fenómeno se profundizó con la tecnología.
La existencia de estereotipos (que se difunden principalmente entre mujeres) data de hace muchísimo tiempo, pero el entorno digital y la irrupción de la inteligencia artificial potencian el fenómeno y hacen que, muchas veces, las aspiraciones de las jóvenes ni siquiera correspondan al aspecto de una persona real.
Y esta fusión entre lo virtual y lo real no es inofensiva, sino que se traslada directamente a la construcción de la identidad y a la autoestima. "Todo esto termina en la pregunta de quién soy. Hay un afán por parecerse a los demás, y en eso se pierde la esencia; te difuminás con el otro", explica.
"Hay que pensar en respetar los rasgos de la persona, no puede ser que de repente todas tengan la misma cara. Siempre hay que intentar que el paciente conserve su fisionomía y su individualidad", agrega la médica en este sentido.
Según Aquino, muchas veces las pacientes llegan a los consultorios con imágenes de otras mujeres en el celular como "inspiración". Imágenes que, agrega, suelen estar llenas de likes, una forma de aceptación y validación social. "Si no entrás en esa categoría, entonces no sos alguien a quien amar, de quien gustar", resume.
En ese sentido, agrega que es muy importante poder diferenciar entre lo que realmente se quiere y lo que socialmente se dice que se tiene que desear.
Para las chicas jóvenes, el bótox y el ácido hialurónico comienzan a ser algo accesible, inofensivo y, sobre todo, una herramienta para sentirse más a gusto con la propia imagen.
Aunque continúan haciéndolo, aparece un cuestionamiento: "Si estamos poniéndonos cosas a los 23 años, ¿qué nos va a quedar a los 50?", reflexiona Carolina.
Fuente: La Voz
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