Advierten que los salarios y las jubilaciones están "secuestrados" por el sistema de crédito
Cada vez más familias recurren a tarjetas de crédito, préstamos personales o financiación mediante billeteras virtuales para afrontar gastos cotidianos y llegar a fin de mes. Para el economista y profesor universitario Marcelo Ramal, esta situación responde principalmente a la caída del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones. En diálogo con FM 89.3 […]

Cada vez más familias recurren a tarjetas de crédito, préstamos personales o financiación mediante billeteras virtuales para afrontar gastos cotidianos y llegar a fin de mes. Para el economista y profesor universitario Marcelo Ramal, esta situación responde principalmente a la caída del poder adquisitivo de los salarios y las jubilaciones.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, el especialista señaló que el financiamiento dejó de utilizarse exclusivamente para adquirir bienes durables y pasó a convertirse en una herramienta de supervivencia.
"El crédito de consumo no es un recurso para comprar bienes de consumo durables, sino que tenemos ese escenario que vemos todos los días de personas que, comprando verdura, fruta o carne, apelan a la tarjeta", explicó.
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El problema, indicó, aparece al mes siguiente, cuando los hogares deben afrontar nuevamente esos gastos mientras todavía arrastran compromisos del período anterior. De ese modo, la deuda se renueva y aumenta por la acumulación de intereses.
"Es una encerrona inevitablemente, porque al mes siguiente hay que volver a realizar ese consumo y todavía cargar con las deudas del período anterior", describió. Según Ramal, esa postergación puede mantenerse indefinidamente, aunque con un costo financiero cada vez mayor.
El economista también puso el foco en el vínculo entre las entidades bancarias y quienes perciben sus ingresos a través de cuentas sueldo o previsionales. En muchos casos, explicó, las propias instituciones ofrecen una o dos tarjetas a trabajadores y jubilados, lo que termina generando una relación de dependencia.
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"El sistema bancario prácticamente se ha adueñado de todos los ingresos del trabajo, los salarios y las jubilaciones, por la vía de las cuentas sueldo y de las cuentas previsionales", manifestó.
A su entender, el asalariado se transforma así en un "cliente cautivo": recurre al plástico para compensar un ingreso insuficiente y luego la entidad descuenta automáticamente el monto correspondiente.
Una de las principales dificultades aparece cuando el usuario solamente puede cubrir el pago mínimo. Esa alternativa permite conservar una parte del sueldo para continuar atendiendo necesidades inmediatas, pero deja un saldo financiado con intereses elevados.
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"La financiación del saldo que queda luego del pago mínimo es directamente usuraria. Puede llevar a pagar una tasa efectiva anual superior al 100%", cuestionó Ramal.
El profesor universitario comparó ese costo con la evolución de los precios y los ingresos. "Estamos hablando de un 7% u 8% mensual, cuando la inflación puede ser del 2% o del 3%, la tercera parte o la mitad de esa tasa de interés, y el ajuste de los salarios mucho menos", expuso.
Frente a ese escenario, consideró que "los salarios y las jubilaciones están literalmente secuestrados por el sistema de crédito". La misma dinámica económica que impide cubrir la canasta familiar, agregó, empuja posteriormente a buscar financiamiento para compensar esa pérdida.
Ramal sostuvo que el aumento de la morosidad ya no puede analizarse solamente como una relación particular entre quien solicita dinero y la entidad que lo presta. Desde su perspectiva, el fenómeno comienza a afectar al conjunto de la economía.
"Es un problema que afecta todo el régimen económico porque, para decirlo claramente, es una quiebra en la cadena de pagos. Cuando un deudor no puede pagar lo que debe, se inicia una fractura", afirmó.
Durante la entrevista mencionó que un 17% de los deudores se encuentra en situación de mora, proporción equivalente a casi una de cada seis personas. Aclaró que ese porcentaje contempla a quienes acumularon tres meses de incumplimiento y se aproximan a una instancia judicial.
Sin embargo, advirtió que la problemática es todavía más amplia, ya que también incluye a quienes adeudan uno o dos meses y a aquellos que permanecen al día mediante fuertes restricciones en otros rubros esenciales.
"Pensemos en quienes están pagando puntualmente, pero lo hacen sobre la base de una angustia económica completa. Dejan de comer o de pagar el alquiler para poder cancelar la tarjeta de crédito", planteó.
Esa conducta, añadió, reduce el dinero disponible para otros consumos y provoca una interrupción en la circulación económica. La crisis, por lo tanto, no perjudica únicamente a los hogares, sino que puede alcanzar a empresas y bancos.
"Tenemos ya un problema no solo de los deudores, sino también de los acreedores", remarcó. Ramal cuestionó que el Gobierno pueda mantenerse al margen de las dificultades de las familias, aunque anticipó que la reacción sería diferente si el deterioro alcanzara al sistema financiero.
"El Gobierno puede no hacer nada por un trabajador que contrajo una deuda y no la puede pagar. Pero cuando el banco entre en dificultades, vamos a sentir sonar la sirena de la ambulancia", ironizó.
Consultado sobre la importancia de mejorar los conocimientos financieros de la población, Ramal consideró que esa discusión queda desplazada cuando una familia no dispone de recursos para cubrir sus necesidades básicas.
Como ejemplo, describió la situación de un docente que llega a la mitad del mes sin dinero suficiente y recibe en su aplicación bancaria la oferta de un crédito preacordado por dos millones de pesos, disponible con apenas un clic.
El acceso inmediato al dinero también se extendió mediante billeteras virtuales y plataformas financieras. Estos servicios, señaló, captan principalmente a sectores que encuentran obstáculos para obtener fondos dentro del circuito bancario tradicional, entre ellos trabajadores sin ingresos formalizados.
En tales casos, las condiciones pueden resultar aún más desfavorables. "Por esa vía pueden acceder a tasas de interés superusurarias", alertó.
Para Ramal, se configuró un régimen económico "confiscatorio" que no puede sostenerse indefinidamente. El funcionamiento del crédito, incluso dentro de un sistema orientado a generar ganancias privadas, depende de que las obligaciones puedan cumplirse.
"El proceso económico funciona sobre la base de deudas que se pagan, no de deudas que no se pagan", concluyó.
Fuente: Primera Edición
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