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Advierten un aumento de ITS y detectan situaciones de riesgo entre adolescentes en Misiones

Salud Pública reforzó la prevención de ITS entre adolescentes y detectó intentos de suicidio y situaciones de abuso en operativos integrales

Por Gabriela Loreiro8 min de lectura
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Advierten un aumento de ITS y detectan situaciones de riesgo entre adolescentes en Misiones
Advierten un aumento de ITS y detectan situaciones de riesgo entre adolescentes en Misiones · Foto: Primera Edición

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) se convirtieron en uno de los principales focos de atención de la salud adolescente en Misiones, después de que los registros mostraran un incremento que llevó al Ministerio de Salud Pública a reforzar las acciones de prevención y testeo. Al mismo tiempo, los espacios de atención destinados específicamente a jóvenes permitieron detectar situaciones de mayor complejidad, entre ellas intentos de suicidio y casos de abuso, que requirieron la intervención de equipos especializados.

Así lo explicó la licenciada Camila Redes, psicóloga del Programa Provincial de Salud Integral Adolescente del Ministerio de Salud Pública de Misiones, durante una charla con FM 89.3 Santa María de las Misiones, en la que detalló el trabajo que desarrolla el área a poco más de un año de su puesta en marcha.

Actualmente, uno de los principales esfuerzos está dirigido a la prevención de enfermedades e infecciones de transmisión sexual. Redes indicó que los números aumentaron y esa evolución llevó a fortalecer las campañas provinciales. El abordaje no se limita, sin embargo, a la salud sexual. La propuesta parte de entender que las necesidades de los adolescentes atraviesan simultáneamente diferentes dimensiones y que deben ser atendidas de manera articulada.

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Por eso, el programa incluye atención médica, nutricional y psicológica, controles de laboratorio y testeo de infecciones de transmisión sexual, además de actividades destinadas a generar hábitos saludables y facilitar el acceso temprano al sistema sanitario.

La atención psicológica ocupa otro lugar central dentro de ese esquema. Una de las experiencias recogidas por los equipos es que, cuando los jóvenes encuentran un ámbito donde pueden expresarse sin que la intervención profesional se limite a darles indicaciones, comienzan a aparecer situaciones que permanecían fuera del radar de los adultos y del sistema sanitario.

En algunos operativos fueron detectados casos que demandaron una intervención urgente, entre ellos situaciones vinculadas con intentos de suicidio y abusos.

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Frente a esos escenarios, los profesionales activan los mecanismos de abordaje correspondientes. El programa mantiene una articulación permanente con la Comisión de Abordaje Integral del Suicidio, mientras que la Dirección de Jurídicos del Ministerio acompaña las situaciones que requieren intervención judicial y trabaja en contacto con los juzgados.

La comunicación con las familias también forma parte de estas intervenciones. Redes señaló que, tanto ante situaciones graves como frente a otras cuestiones que surgen durante las consultas, los equipos procuran mantener informados a los padres y acompañarlos, teniendo en cuenta que muchas veces los adultos desconocen parte de lo que atraviesan cotidianamente sus hijos.

Uno de los problemas que dio origen al programa fue la escasa presencia de adolescentes en los operativos sanitarios convencionales. Los equipos observaron que los jóvenes prácticamente no asistían a las jornadas generales destinadas a todas las edades. Ante esa realidad, Salud Pública decidió modificar la estrategia y llevar los servicios directamente hacia los espacios que ellos frecuentan.

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De allí surgieron los operativos de salud integral adolescente dentro de las escuelas, jornadas destinadas exclusivamente a los estudiantes en las que participan profesionales de psicología, nutrición, medicina y laboratorio, entre otras áreas. La lógica que guía esa modalidad es sencilla: si el adolescente no llega espontáneamente hasta el sistema sanitario, es el sistema el que debe acercarse a él.

Los establecimientos donde se realizan las intervenciones se definen junto con los equipos territoriales. Son los profesionales de cada municipio quienes identifican qué escuelas tienen una matrícula numerosa, dónde existen determinadas necesidades o cuáles son las problemáticas que requieren mayor atención. Ese conocimiento territorial evita aplicar una misma estrategia en toda Misiones sin considerar las diferencias existentes entre las localidades.

El Programa Provincial de Salud Integral Adolescente comenzó a funcionar hace aproximadamente un año y durante ese período consolidó una red integrada por 81 profesionales de Salud Pública. A ellos se suman 30 equipos territoriales distribuidos en diferentes puntos de Misiones, encargados de desarrollar acciones adaptadas a las características y necesidades de cada municipio.

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Para el programa, la construcción de esa red permitió además comenzar a ordenar información que anteriormente se encontraba dispersa. Las consultas adolescentes eran atendidas dentro del sistema sanitario, pero no existía una estructura territorial suficientemente consolidada que permitiera identificarlas y registrarlas específicamente.

Ese registro comenzó a aportar una orientación más clara acerca de las demandas existentes y de los temas sobre los cuales resulta necesario profundizar las políticas de prevención.

Dentro de ese esquema, el programa toma como referencia la línea de cuidado del Plan Sumar, que contempla cinco instancias que deberían completarse a lo largo de un año: consulta médica, atención nutricional, atención psicológica, laboratorio y testeo de infecciones de transmisión sexual.

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La información obtenida mediante esos controles permite determinar cuáles son los principales problemas y orientar las acciones posteriores.

Uno de los resultados que sorprendió a los profesionales fue el creciente interés de los propios adolescentes por la alimentación y los hábitos saludables. Inicialmente se esperaba que las consultas estuvieran concentradas principalmente en salud mental y sexual. Sin embargo, los equipos comenzaron a registrar en distintos lugares de la provincia un número importante de atenciones vinculadas con nutrición.

Ese interés llevó a incorporar con mayor fuerza actividades sobre hábitos saludables dentro de las propuestas territoriales, mediante talleres, charlas y dinámicas más participativas.

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Para septiembre, cuando se desarrollará el Mes de la Salud Integral Adolescente, los 30 equipos fueron convocados a diseñar actividades según las necesidades que observan en sus propias comunidades. La elección del mes responde a la concentración de distintas fechas relacionadas con esta etapa de la vida, entre ellas las vinculadas con la prevención del embarazo no intencional, la salud sexual, la prevención del suicidio y el Día del Estudiante.

Aunque durante septiembre se intensificarán las actividades, las salidas territoriales del programa se realizan durante todo el año. Desde la conducción central se prevé acompañar al menos una propuesta de cada equipo provincial durante ese mes.

Otra de las líneas sobre las que trabaja el programa apunta a cambiar la forma en la que los adultos se relacionan con los adolescentes. Redes explicó que los profesionales intentan evitar encuentros en los que el adulto sea únicamente quien habla y el joven quien escucha. La estrategia busca exactamente lo contrario: generar las condiciones para que sean ellos quienes expresen qué les sucede, qué necesitan y cómo quieren ser acompañados.

Desde esa experiencia, cuestionó el prejuicio según el cual los adolescentes no saben lo que quieren o atraviesan una etapa en la que necesariamente están confundidos. Cuando reciben espacio para expresarse, sostuvo, suelen mostrar una importante capacidad para explicar sus necesidades y las formas de acompañamiento que consideran más adecuadas.

Ese desafío obliga también a los profesionales a actualizar permanentemente sus formas de comunicación. Las expresiones, los códigos y hasta las maneras de definir los vínculos cambian rápidamente, por lo que el acercamiento requiere comprender el lenguaje con el que los adolescentes se relacionan entre sí.

Precisamente, las relaciones entre pares se convirtieron en uno de los asuntos que más interés despiertan durante los encuentros.

Los adolescentes llevan a las consultas y talleres preguntas sobre qué consideran aceptable dentro de una relación, cómo relacionarse con otras personas y de qué manera interpretar las numerosas categorías que actualmente utilizan para definir distintos tipos de vínculos.

Los profesionales encuentran allí un universo considerablemente más complejo que las categorías tradicionales de noviazgo y pareja. Los propios jóvenes explican las distintas etapas de una relación, qué significa conocer a la familia de la otra persona y cómo interpretan cada instancia de ese vínculo.

Ese intercambio, además, permite acceder a situaciones cotidianas de la escuela y del grupo de pares que difícilmente surgirían en una consulta estructurada exclusivamente alrededor de preguntas médicas.

El programa también identificó dificultades relacionadas con el acceso de los varones al sistema de salud, una situación que se profundiza durante la adolescencia. Persisten en determinados territorios prejuicios y mitos sobre algunas consultas, especialmente las vinculadas con la salud mental. Expresiones como asociar la consulta psicológica exclusivamente con estar "loco" continúan funcionando como barreras.

Por esa razón, parte del trabajo incluye también a las familias. En algunos casos, el primer paso para poder llegar al adolescente es conversar previamente con sus padres y derribar esas resistencias. El objetivo es evitar que jóvenes que necesitan atención terminen quedando fuera del sistema sanitario simplemente porque no reconocen el espacio de salud como un lugar al que pueden recurrir.

La participación familiar atraviesa buena parte del trabajo del programa, aunque los profesionales buscan preservar también espacios de privacidad para el adolescente. Las familias son invitadas a acompañar las actividades, pero muchos padres optan por permitir que sus hijos tengan un momento de conversación individual con el profesional.

Para Redes, una de las claves consiste en dejar de decidir de antemano qué necesita el adolescente y comenzar por preguntarle cómo desea ser acompañado.

Los cambios culturales y generacionales hacen que las experiencias de los adultos no siempre sean suficientes para interpretar las situaciones actuales. Por eso, la comunicación aparece como una herramienta central para evitar que el acompañamiento sea vivido como una invasión. En ese sentido, dejó también una recomendación dirigida especialmente a madres y padres: evitar juzgar permanentemente la propia forma de criar.

Consideró que actualmente muchos adultos viven la crianza desde la culpa, cuestionándose lo que hicieron o dejaron de hacer. Frente a eso, planteó la necesidad de reconocer que cada familia acompaña con las herramientas que posee y, a partir de allí, fortalecer el diálogo. La propuesta no consiste en retirarse de la vida de los hijos ni en otorgarles una libertad sin límites, sino en construir el acompañamiento desde la comunicación y la escucha.

El trabajo integral parte, finalmente, de una premisa que atraviesa las distintas intervenciones: la adolescencia no debe ser considerada únicamente desde los riesgos sexuales o reproductivos, sino como una etapa en la que salud física, mental, nutrición, vínculos, familia y acceso al sistema sanitario están profundamente relacionados.

Desde esa perspectiva, el programa busca que los jóvenes no sean solamente receptores de atención, sino que comiencen también a asumir progresivamente un papel activo en el cuidado de su propia salud.

Fuente: Primera Edición

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