Alcohol, violencia y muerte, el cóctel que se sigue cobrando vidas en San Juan
El caso de Uriel Ríos, el joven asesinado la madrugada del 21 de septiembre, presenta llamativas coincidencias con el crimen de Facundo Pons, ocurrido el 5 de enero de 2008. Dos jóvenes quedaron envueltos en medio de una gresca y, finalmente, les arrebataron la vida de un puntazo…

Lo que debía ser una noche de diversión terminó en una tragedia que marcó para siempre a dos familias. En enero de 2008, Facundo Pons, de 22 años, había ido a acampar con amigos al predio de la Universidad Nacional de San Juan, en Ullum. Casi 19 años después, Uriel Ríos, de 17, salió de su casa para celebrar el Día del Estudiante y nunca regresó. Ambos murieron por una puñalada en medio de una pelea entre jóvenes, en episodios que conmocionaron a San Juan y que comparten una secuencia inquietante: una reunión de jóvenes, un enfrentamiento y una vida que se apagó en circunstancias que debieron ser esclarecidas por la Justicia.
Las dos historias comparten llamativas coincidencias como que una reunión de jóvenes terminó en una confrontación en la que se utilizó un arma blanca, así como también que una discusión entre varios participantes escaló hasta producir una herida que ninguna asistencia médica pudo revertir. Si bien no son idénticas y las separan casi dos décadas, el desenlace permite volver sobre una pregunta que permanece vigente: cómo una reunión pensada para compartir, divertirse y celebrar puede terminar en una agresión mortal.
El desencadenante de la fatalidad fue una combinación de discusión e insultos entre dos grupos enfrentados.
El 5 de enero de 2008, Facundo Pons llegó al camping de la UNSJ, en el dique de Ullum, junto a un grupo de amigos para pasar el fin de semana. En otro sector del predio se encontraban Ricardo Roberto Oro y sus acompañantes, que también habían concurrido para compartir una comida. Ambos grupos habían llevado importantes cantidades de bebidas alcohólicas. En el expediente judicial se detallaron botellas de fernet, aperitivos, vodka, energizantes y vino. El consumo había comenzado desde temprano y se extendió durante la noche.
Alrededor de las 4.30 del domingo 6 de enero, integrantes de ambos grupos salieron a caminar por las calles internas del camping. Se cruzaron, intercambiaron insultos y comenzaron una pelea.
El origen de la discusión nunca pudo establecerse con certeza. Mientras algunos involucrados afirmaron que el conflicto había comenzado por un pedido de fernet, otros señalaron que los insultos se habían producido por una confusión entre los grupos. El juez Agustín Lanciani consideró que se trató de una discusión intrascendente, atravesada por el consumo de alcohol, y señaló que no se había podido determinar quién la había iniciado.
La pelea dejó a varios jóvenes enfrentados. En medio de la gresca, Oro se trenzó con Pons y lo hirió con un cuchillo en la zona inguinal. La lesión fue mortal.
Después del ataque, varios de los participantes se retiraron del lugar. Pons quedó herido y perdió sangre sobre el suelo del camping. La Policía se encontraba en el predio, pero, de acuerdo con la reconstrucción publicada por Zeghaib, no había advertido lo sucedido hasta después de la agresión. Cuando llegó la asistencia, el joven ya había muerto.
La investigación avanzó y el 15 de enero de 2008 Oro fue procesado por homicidio simple y enviado a prisión preventiva. En mayo de 2009 fue condenado a 12 años de prisión por ese delito.
Más cerca en el tiempo, el lunes 21 de septiembre de 2026, la celebración por el Día del Estudiante tuvo un desenlace fatal en San Juan. Uriel Ríos había asistido junto a su hermano mellizo a una fiesta realizada en una quinta de Médano de Oro, en las inmediaciones de calle Alfonso XIII, entre las calles 13 y 14, en una zona próxima al límite entre Rawson y Pocito.
Al festejo concurrieron alrededor de 200 jóvenes y durante la madrugada se produjo una discusión que derivó en una pelea entre varios adolescentes, fuera del predio donde se desarrollaba la celebración. El enfrentamiento ocurrió cerca de las 5.15. En medio de la gresca, Uriel recibió una puñalada en el tórax. Su hermano también sufrió heridas de arma blanca. Uriel fue trasladado de urgencia al Hospital Rawson, pero murió debido a la gravedad de la lesión. Su hermano sobrevivió y quedó fuera de peligro.
Las primeras crónicas indicaron que en la fiesta privada se habría registrado consumo de alcohol. La presencia de bebidas también fue mencionada en las informaciones sobre la investigación. Sin embargo, hasta el momento no se demostró que el alcohol haya sido la causa directa del enfrentamiento ni que todos los jóvenes involucrados hubieran consumido.
Las primeras actuaciones identificaron a un adolescente de 16 años como presunto responsable. Debido a su edad, el expediente pasó a la Justicia Penal de la Niñez y Adolescencia. Con el avance de la pesquisa, el análisis de las imágenes también permitió revisar la situación de otros jóvenes vinculados a la pelea.
A diferencia del caso Pons, que concluyó con una condena, la investigación por la muerte de Uriel continuaba abierta en las últimas publicaciones consultadas. La determinación de las responsabilidades individuales debía apoyarse en las pruebas reunidas y no únicamente en la presencia de los adolescentes en el lugar.
En la historia de Facundo Pons, el alcohol ocupó un lugar central en la reconstrucción judicial. La cantidad de bebidas que habían llevado los dos grupos quedó asentada en el expediente y el juez consideró que la ingesta había influido en el contexto de la discusión. Además, el consumo dificultó la precisión de algunos testimonios.
Ambos episodios dejaron preguntas que van más allá de los expedientes: qué desencadenó las peleas, qué hicieron quienes presenciaron las agresiones, cómo se pidió ayuda y qué medidas de prevención y control existían en esos lugares.
En Ullum, la muerte de Pons puso bajo la lupa el consumo de alcohol y el incumplimiento de las normas que regulaban su ingesta en espacios públicos. En Médano de Oro, la muerte de Uriel volvió a exponer la vulnerabilidad de una celebración juvenil cuando un enfrentamiento termina fuera de control.
Casi 19 años después, las dos historias se encuentran en un mismo desenlace. Lo que había comenzado como una oportunidad para compartir con amigos terminó en tragedia, con familias atravesadas por una pérdida irreversible y una comunidad obligada a preguntarse cómo evitar que una pelea vuelva a terminar con la vida de un joven.
Fuente: Tiempo de San Juan
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