Alex, el pequeño héroe de capa azul: la tarde en que un golpe en el jardincito cambió su vida y la lucha que emociona a San Juan
Una caída en la escuela encendió una alarma que terminó en el diagnóstico de un cáncer súper agresivo. Fueron seis meses de quimioterapia, miedo, internaciones y un dolor que no siempre podía explicar con palabras. Después de esa dura batalla, Alex volvió al aula y fue recibido c…

Alex Zepeda quería una capa azul. También quería bombos, trompetas y una entrada como la de los superhéroes. Después de meses en los que los hospitales reemplazaron los juegos y las agujas se convirtieron en uno de sus mayores temores, el nene sanjuanino de 5 años tenía claro cómo quería volver a su jardín. Y su deseo se cumplió haceunos días en el JINZ N.º 52 de Villa Hipódromo, en Rawson, donde fue recibido con música, aplausos y un abrazo colectivo que celebró mucho más que su regreso a clases. Detrás de ese momento, una historia que había comenzado un año antes, cuando el pequeño tenía 4 años y una tarde de juegos terminó cambiando la vida de toda su familia.
Era noviembre. Alex estaba en el jardín de infantes con sus compañeros cuando se golpeó el testículo con un bloque de juguete. Días después, su mamá notó que tenía la zona inflamada y lo llevó al hospital. Los médicos sospecharon que podía tratarse de una torsión testicular y decidieron dejarlo internado. Al día siguiente, el cirujano lo revisó y decidió operarlo de urgencia. Aquella intevención no fue una más, porque le terminaron extirparon el testículo derecho. Después de enviar una muestra para analizar, llegó una noticia que nadie estaba preparado para escuchar. ""Me dijeron 'Tu hijo tiene cáncer, el más agresivo de los cánceres, y se puede morir'", recuerda Adriana, su mamá.
En ese momento lloró, pero automáticamente se secó las lágrimas y empezó a averiguar cómo seguir. Había que actuar rápido y saber si la enfermedad se había extendido. Esa misma mañana, sus patrones le donaron el dinero para realizarle un centellograma, un estudio que necesitaba gestionar a través de Acción Social. La familia se puso en marcha mientras intentaba asimilar lo que estaba pasando.
Alex era un chico tranquilo, que prácticamente no conocía los pinchazos ni los procedimientos médicos. De pronto, tuvo que acostumbrarse a las agujas, las quimioterapias y las internaciones. El miedo apareció con una fuerza que nadie podía disimular. Sufría ataques de pánico, reaccionaba con violencia ante los pinchazos y necesitó acompañamiento psiquiátrico y medicación para atravesar el tratamiento. En el hospital de día, sus gritos y su llanto se hicieron conocidos. Los médicos y las doctoras se acercaban para consolarlo y mimarlo con regalos. Pero no era fácil convencerlo de que debía someterse a procedimientos que le provocaban terror. Durante seis meses, cada sesión fue una batalla.
El tratamiento incluyó dos infecciones que requirieron internaciones de diez días: una relacionada con el catéter y otra urinaria. A pesar de las dificultades, Alex pudo continuar sin retrasos en la quimioterapia y, según contó su mamá, nunca tuvo una baja de plaquetas. En medio de ese recorrido aparecieron las voluntarias de FundaME. Entre ellas, Amelia, con quien el nene construyó un vínculo especial. Tanto que empezó a pedir que lo acompañara durante las quimioterapias. También recibió el apoyo de un joven de una iglesia que estuvo presente durante aquellos meses. "Cuando llegás al hospital pensás que estás sola, pero realmente no estás sola. Las chicas de FundaME son como una curita al alma, un remedio para el alma, por la situación que estás pasando", cuenta su mamá.
En una familia de cuatro hijos, con Alex como el más pequeño, la enfermedad puso a prueba a todos. Hubo momentos en los que el cansancio y la angustia parecían insoportables. "Hubo un momento en el que él decía que prefería morirse antes que seguir pasando por esto", confiesa su mamá. Ella también vivió su momento. Se enojó con Dios y se preguntó por qué les tocaba vivir semejante situación. Después, encontró fuerzas para seguir acompañando a su hijo.
Una de las frases que más la marcaron llegó de boca del propio Alex. Un día, después de llorar desconsoladamente, el nene le dijo: "Mamá, no sabés lo que me ha dolido mi cuerpo, no sabés lo que me ha dolido pasar esto".
Alex tenía apenas 4 años. Su mamá entendió entonces, una vez más, cuánto sufrimiento había detrás de cada procedimiento y de cada llanto. "Para mí él es un guerrero y es un superhéroe", dice Adriana.
La idea del superhéroe había nacido de las palabras que las voluntarias le repetían antes de las quimioterapias: que podía salir adelante, que era fuerte, que no estaba solo. Alex las hizo propias. Cuando llegó el momento de organizar su regreso al jardín, le dijo a su mamá que quería entrar con una capa azul. También pidió que lo recibieran con bombos y trompetas, como a Ciro, un chico de Neuquén que también había superado el cáncer.
La familia se puso manos a la obra. Darío, de una casa de indumentaria, le regaló la remera para completar su atuendo. Y la bienvenida tomó forma hasta convertirse en una mañana inolvidable. En la escuela lo esperaban sus compañeros, docentes, familiares y amigos, además de representantes de la Policía de San Juan. La ministra de Educación, Silvia Fuentes; el jefe de Policía, comisario general retirado Néstor Álvarez; y el subjefe, comisario general Pablo Torres, participaron del recibimiento junto con personal de Tránsito, la Subcomisaría Villa Hipódromo, Relaciones Policiales, la Banda de Música y la División Canes. Los bombos y las trompetas acompañaron la llegada de Alex, que entró como había soñado.
Su mamá lo miraba y repasaba mentalmente todo lo que habían atravesado para llegar hasta ese momento. "Él estaba tan feliz y nosotros como familia también. Es como que te sentás y mirás para atrás todo el sufrimiento que tu hijo ha pasado. Verlo feliz ese día nos llenó el alma", cuenta.
La celebración tuvo otro motivo para la emoción. Las doctoras le habían comunicado que Alex ya no necesitaba continuar con la quimioterapia ni tomar medicación como parte del tratamiento. Ahora debía seguir con controles médicos periódicos. Los estudios realizados hasta entonces habían dado resultados favorables, según relató su mamá, aunque el seguimiento continúa.
Todavía debe mantener el catéter durante aproximadamente un año, con procedimientos cada tres meses, además de controles mensuales y estudios más profundos. No es una etapa sencilla: las intervenciones siguen provocándole miedo. Pero la familia recibió una noticia que había esperado durante meses. "Cuando la doctora me dijo que mi hijo no iba a seguir con nada más, me desbordé de llanto. Le dije ´Cuando usted me dijo que mi hijo tenía cáncer, súper agresivo, yo dejé de respirar; entonces, cuando me está dando esta noticia ahora, estoy volviendo a respirar", recuerda su mamá.
Alex volvió al jardín con su capa azul y el recibimiento que había imaginado. Detrás quedaron seis meses de tratamiento, pasillos de hospital y un miedo demasiado grande para un chico de su edad. Por delante quedan los controles y el desafío de recuperar la rutina, de volver a jugar y de crecer lejos de aquellas escenas que marcaron su infancia.
Fuente: Tiempo de San Juan
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