Almacenes de barrio afrontan la caída del consumo, altos costos y más competencia
Las ventas no repuntan en los almacenes de cercanía, que ya no sólo deben competir con los supermercados, sino con el sector informal.

Las ventas no repuntan en los almacenes de cercanía, que ya no sólo deben competir con los supermercados, sino con el sector informal.
Por Vanesa Erbes
Si bien agosto mostró una desaceleración de la inflación, según los datos difundidos el jueves por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la mejora no alcanza para revertir la caída del consumo ni aliviar la situación de los almacenes de barrio. Aunque el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró el mes pasado una variación del 1,7%, la Canasta Básica Total (CBT) tuvo un ritmo de aumento más acelerado que el de los precios en general y sumó un 2,6%.
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Consultado sobre las variaciones de los valores de la mercadería, Mario Sarli, comerciante de la zona sur de Paraná y uno de los referentes históricos del sector almacenero de la ciudad, señaló a UNO que existen productos que mantienen cierta estabilidad, pero otros acumulan incrementos prácticamente todos los meses. "En lácteos de primera marca todos los meses tenemos un 3% o un 4%", alertó. Algo similar ocurre, según indicó, con las gaseosas de primeras marcas, cuyos precios registran aumentos mensuales de entre 1,5% y 2%.
Almacenes de barrio enfrentan cada vez más desafíos para subsistir
A eso se suman variaciones puntuales vinculadas a factores climáticos o estacionales. La banana, por ejemplo, llegó a casi duplicar su precio como consecuencia de las dificultades provocadas por el temporal de nieve en Mendoza. Sarli también mencionó el caso de la papa, que llegó a venderse cerca de los 3.000 pesos el kilo, y el de la calabaza, que pasó de unos 700 pesos a 2.500 en algunos comercios. Las manzanas de mejor calidad, en tanto, superan los 4.000 pesos por kilo, aunque existen alternativas más económicas.
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A la suba de los productos se agregan los mayores costos fijos de funcionamiento que deben afrontar los comerciantes. Telefonía, internet y electricidad registran aumentos que presionan sobre una actividad que necesita heladeras y equipamiento en funcionamiento permanente. "Los gastos fijos mes a mes aumentan", sostuvo.
En el último mes, según el comerciante, los alimentos no perecederos tuvieron pocos aumentos, aunque la harina registró una suba. En otros rubros, como los lácteos y las bebidas, los incrementos periódicos continúan presionando sobre los costos. Las bebidas plantean además una preocupación de cara a la temporada de mayor consumo. Sarli señaló que una lata de cerveza ya no baja de los 2.500 pesos en un precio considerado relativamente acomodado, aunque también existen promociones cuyo valor resulta difícil de compatibilizar con los costos de los pequeños comerciantes.
Comercios de cercanía advierten que las ventas siguen en baja
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La presión sobre los almacenes se completa con una competencia que se ha vuelto más compleja. Por un lado, las grandes cadenas de supermercados pueden ofrecer promociones y acuerdos con proveedores que, de acuerdo con los comerciantes de cercanía, les permiten exhibir determinados productos a precios difíciles de igualar para un pequeño negocio.
Sarli señaló que existen ofertas en supermercados que aparecen incluso por debajo del costo al que compra el almacenero. "No sabemos cómo hacen", planteó, al referirse a promociones que considera difíciles de explicar desde la estructura de costos de un comercio pequeño.
A este escenario se suma una demanda cada vez más condicionada por el poder adquisitivo. Los consumidores llegan al comercio con presupuestos más acotados, comparan precios y, en muchos casos, modifican sus compras para poder sostener el consumo de determinados productos. Para los almaceneros, esto implica no solamente vender menos unidades, sino también afrontar una demanda más sensible a las promociones y a las diferencias de precios entre comercios.
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Pero detrás de los números de la inflación y de los costos existe otro dato que preocupa especialmente al comercio de cercanía: la caída de las ventas. "Hace tres años que nosotros venimos bajando las ventas mes a mes", afirmó Sarli, y cuestionó la percepción de que la mejora de las variables macroeconómicas se esté trasladando automáticamente a las pequeñas y medianas empresas. "Todos los que tenemos una pyme estamos cada vez peor desde hace mucho tiempo", aseguró.
La pérdida de poder adquisitivo también modifica las decisiones de compra. Los consumidores restringen cantidades, reemplazan productos y buscan alternativas más económicas. La compra de determinados alimentos se realiza en menores cantidades y algunas carnes son reemplazadas por productos de menor precio y mayor rendimiento.
En este punto, Sarli observó además una situación que excede la cuestión comercial y plantea interrogantes vinculados con la calidad de la alimentación. Según describió, el menor poder de compra lleva a buscar productos más baratos y a reducir el consumo de alimentos considerados esenciales, entre ellos las proteínas.
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A esa competencia se agregó en los últimos tiempos el crecimiento de emprendimientos informales. Personas que, ante la falta de alternativas laborales o luego del cierre de una actividad, comienzan a producir alimentos en sus propios domicilios y los comercializan a precios inferiores a los de los establecimientos formalizados.
El fenómeno, que según el comerciante ya genera preocupación entre almaceneros de distintas ciudades del país, plantea una competencia difícil de afrontar para quienes deben asumir alquileres, servicios, impuestos, habilitaciones y controles bromatológicos. "En épocas de crisis económica crece el negocio informal, pero esta crisis es la peor que hemos vivido", analizó Sarli.
Para el comerciante, muchas personas que reciben una indemnización o cuentan con algún pequeño capital intentan iniciar un emprendimiento, pero además de no cumplir con las habilitaciones y reglamentaciones vigentes, encuentran dificultades para mantenerlo en el tiempo. "Nos cuesta a nosotros, que hemos estado toda la vida", resumió.
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El panorama hacia fin de año no genera, por ahora, demasiado optimismo entre quienes sostienen los comercios de cercanía. Para Sarli, la recuperación de las ventas depende fundamentalmente de que mejoren los ingresos de los consumidores. "Si no mejoran los sueldos, que la gente tenga más plata, esto es imposible que nosotros vendamos más", sostuvo el almacenero.
Así, mientras los indicadores oficiales muestran una inflación general que se mantiene por debajo de los registros de meses anteriores, la realidad cotidiana de los almacenes presenta otros matices. Los precios de determinados alimentos siguen aumentando, la Canasta Básica crece por encima del IPC, los consumidores restringen sus compras y los pequeños comercios deben enfrentar costos crecientes y nuevas formas de competencia.
Fuente: UNO Entre Ríos
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