Saltar al contenido principal

"Apliqué conocimientos adquiridos y una forma de conducir distinta"

Durante la gestión del alcaide general (retirado) Raúl Balbino Brañas (78) como director General del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) se produjo un cambio fundamental en el sistema penitenciario de Misiones. Es que en el mandato de 8 años aplicó todos los conocimientos adquiridos en la Escuela Penitenciaria de la Nación "Dr. Juan José O'Connor".

Por Jose Medina10 min de lectura
Compartir
“Apliqué conocimientos adquiridos y una forma de conducir distinta”
“Apliqué conocimientos adquiridos y una forma de conducir distinta” · Foto: Primera Edición

Durante la gestión del alcaide general (RE) Raúl Balbino Brañas (78) como director general del Servicio Penitenciario Provincial (SPP) se produjo un cambio fundamental en el sistema penitenciario de Misiones. Es que en el mandato de ocho años aplicó todos los conocimientos adquiridos en la Escuela Penitenciaria de la Nación "Dr. Juan José O'Connor" y tuvo una forma de conducirse distinta "a la que éramos sometidos durante muchos años en los que nos veían como a una cosa rara.

Afortunadamente, con el correr de los años, esta tarea titánica dio sus frutos", dijo quien se siente "muy orgulloso de haber sido penitenciario, de serlo todavía".

Admitió que le fue muy bien, "aunque es una institución compleja, porque se maneja nada más y nada menos que a personas. Y el manejo tanto del personal como de los internos, es una tarea muy difícil, hay que tener mucho tacto y sentido común para poder actuar en las distintas circunstancias que se presentan".

También te puede interesar: Histórico ingreso de jóvenes de Río Grande a la Base Aeronaval

Asumió como director general el 18 de diciembre de 1991 y, en febrero, se incendió el penal de Loreto. "No fue una tragedia de casualidad. Se perdió el edificio en su totalidad, pero no hubo víctimas porque la Virgen del Carmen, que es nuestra patrona, nos protegió y protegió a los internos, porque quemaron todo el establecimiento", señaló.

Describió que fueron tres días "de una tensión terrible". Salieron en la primera plana de los diarios y tenían la presión de los jueces y del Gobierno, que no entendía por qué había ocurrido, "cuando fue un conflicto programado porque los internos vivían muy mal".

Mencionó que, a los pocos días de asumir el cargo, había remitido un escrito al entonces Ministro de Gobierno explicando lo que podría ocurrir en los penales de Misiones. "Fue así que el primero de mayolos internos de Oberá se amotinaron y prendieron fuego el establecimiento, aunque se logró sofocar. En julio, ocurrió lo mismo en Eldorado, donde también fueron apagadas las llamas. Fueron momentos duros, pero ya estábamos preparados, teníamos conocimiento, y todo culminó en ocho horas, con intervención de la Justicia", relató.

También te puede interesar: Ejercitaciones en centros de esquí y en caminos costeros

Lo curioso es que cuando Brañas consultó al funcionario si leyó el envío sobre la situación carcelaria, le contestó que lo hizo "muy por arriba" ya que "no creían que lo que le estaba informando, podría ocurrir. Fue entonces cuando tomó cartas en el asunto el gobernador y se comenzó con la construcción de Loreto, y refacciones en Oberá y Eldorado". Sostuvo que seguir después de lo acontecido en Loreto "fue durísimo".

Para alojar a los internos que estaban allí se habilitó un pabellón en la Jefatura de Policía, a los más peligrosos se los mandó al Servicio Federal -Unidad Penal 7- de Chaco y a otros, a Oberá y a Eldorado. "Ya teníamos superpoblación en aquel entonces, pero esa era una salida momentánea. Y duró hasta que se inauguró el nuevo penal de Loreto. Habrán pasado entre dos y tres años entre el proceso de licitación y de construcción, también dentro de mi gestión", acotó quien ingresó a Institutos Penales en 1967 y se retiró de la actividad en enero de 2000, con más de 30 años de servicio.

Alegó que esa cárcel que se hizo con tanto esfuerzo después ardió en llamas. Se inauguró en 1980 y se quemó en 1992, durante su gestión como director general. "Era un penal mal construido, mal diseñado, era un sufrimiento tanto para los internos como para el personal. Cuando se quemó, no quería que pase ninguna desgracia, pero sentí un alivio porque era un penal del Siglo XVIII", graficó.

También te puede interesar: El fallo que cambió la historia de los conejos del CADIC

Aunque a Brañas le gustaba el "uniforme", quería seguir la carrera de ingeniero mecánico -su pasión- pero se vio impedido por la situación económica de su familia. Es que su padre -Balbino- falleció cuando el joven había terminado el secundario.

"Mamá había quedado sola y, como no me podía mandar a la universidad, me dio a optar. Institutos Penales ofrecía una beca para la carrera de oficiales en la Escuela Penitenciaria de la Nación, situada en Ezeiza, y me la otorgaron", comentó el padre de: María Elisa, Julia Susana, Fernando Manuel, Corina Beatriz y Laura, quienes le regalaron cinco nietos.

Monefin — Préstamos o tarjetas de crédito

Rememoró que, en aquel entonces, había muy pocos profesionales y que "el otro joven, que fue becado conmigo, renunció a los tres años porque quería ser médico. Después comenzaron a mandar a más becarios, y a medida que se recibían se iban incorporando. Al regresar, intentamos mejorar la institución, pese a los palos y a las piedras que nos ponía la gente antigua, porque creía que veníamos a hacer una revolución. Y no era así. Veníamos con conocimientos de una escuela, donde nos capacitamos, nos formamos y nos inculcaron una mentalidad penitenciaria. Siempre me tocaba conversar con los más jóvenes y explicarles que se iban a encontrar un montón de tropiezos, pero que íbamos a luchar por la institución, que íbamos a tratar de darle otra fisonomía".

También te puede interesar: Condenados por someter a una niña a un matrimonio

Para Brañas, el sistema carcelario siempre está en déficit. "Es muy caro. Toda la seguridad pública o correccional requiere de mucho presupuesto y, a veces, el Estado también tiene que repartir entre otras cuestiones sociales. Ningún sistema carcelario de Argentina, que es el que conozco, va delante del problema, siempre detrás. Entonces eso dificulta la tarea del personal. Aunque hoy está muy capacitado, hay una universidad, tanto de la Fuerza Policial como del Servicio Penitenciario, donde los jóvenes cadetes se preparan para la función específica", precisó Brañas, casado con Mirta Beatriz Escalada, cuyo padre, Julio Isaac Escalada, fue el primer presidente de la Cámara de Diputados.

Indicó que cuando se incorporó, el personal "no tenía una capacitación profesional, eran capacitaciones parciales. Eso dificultaba mucho el trabajo, porque había que tratar de enseñar, además de cumplir con las funciones específicas. Es que mis camaradas eran buena gente pero con conocimientos básicos, algunos tenían la escuela primaria pero había suboficiales que eran analfabetos. Éramos pocos oficiales de Escuela y tuvimos una tarea ardua".

Graficó que "había un señor que fue capataz de una estancia, sin escuela primaria, que a los jóvenes encarcelados en la Alcaidía de Menores los llamaba hijos y los trataba como se crió, con dureza. Era un hombre rudo, mal hablado, pero mantenía un orden y una disciplina, que era importante en ese momento. Pero su formación era muy precaria. Hacía lo que hicieron sus padres con él y lo que hizo con sus hijos". Pero la institución fue avanzando con los años. "Hoy es una de las principales del país, por su organización y por la preparación del personal".

También te puede interesar: Talleres superó a La Mona en estadio "Plinio Zabala"

Las anécdotas fueron múltiples en ocho años de labor, pero dos de ellas quedaron para la historia. La primera tuvo como protagonistas a dos juezas de Posadas que fueron a visitar la cárcel. Como director, les sugirió que no entraran, pero ellas se pusieron firmes en la decisión.

"Les advertí que estaban mesclados internos comunes con inimputables y personas peligrosas. Sugerí que, si querían entrevistarse, podíamos acercar uno por uno a mi oficina, pero ellas querían ver cómo vivían. La población penal estaba en el patio, por lo que organicé una custodia para contener cualquier eventualidad. Entramos y, mientras conversaban, veo a uno que sale del fondo, con el torso desnudo y descalzo, que traía algo en la mano. Venía directo a las mujeres. El personal reaccionó y nos prendimos de las manos del interno, que traía una Gillette para lesionar a la visita. Era un interno con problemas de salud mental, que fue reducido y llevado al calabozo. No puedo graficar el susto que se llevaron. No paraban de llorar, y para mí fue muy impactante. Actualmente ese problema está solucionado porque hace un par de años, en el antiguo sanatorio Baliña se cristalizó un viejo anhelo de la institución y se creó la Unidad de Salud Mental".

Brañas se recibió a fines de 1969, empezó a trabajar en 1970 y en 1971 fue tomado de rehén, junto a un agente, en la vieja cárcel de Posadas, en Ayacucho y Entre Ríos. Comenzó a las 18 y terminó a la madrugada del día siguiente. No estaba de servicio, pasaba y necesitaba ocupar los sanitarios. Durante tres horas estuvo con una chuza (elemento punzo-cortante que usan los internos) apoyada en el cuello.

"Con 22 años y con el espíritu de cuerpo que había conseguido en la escuela, me asusté mucho, pero tenía más miedo por el agente, que era nuevo e inexperto. Temblaba. Lo agarré de la mano y empecé a charlar con el preso. Como el problema no era con el personal, no pasó a mayores". Cada vez que pasa por ese sitio "me trae nostalgias porque trabajé durante tres años como oficial de guardia, estuve un año como jefe de la sección judicial y luego fui trasladado a la Unidad Penal de Oberá".

Balbino Brañas fue dos veces intendente del Parque Nacional de Iguazú. Tuvo una extensa trayectoria en la institución y tras 20 años de servicio se retiró de Parques Nacionales a solicitud del entonces presidente Juan Domingo Perón, quien lo designó administrador general de la empresa Safac de Puerto Bemberg, actual Puerto Libertad, que tenía grandes extensiones de tierra, yerbales, teales y frutales. Tras la Revolución Libertadora del 55, la familia vino a Posadas, donde Raúl debió comenzar de nuevo primer grado en el Colegio Roque González, después de cursar en la Escuela 157 de Puerto Bemberg. Luego se recibió de maestro normal nacional, en la Escuela Normal. "Papá se dedicó a la función pública y a hacer servicios a la comunidad, además de ser periodista y presidente del Club Jorge Gibson Brown durante diez años. Me crié a su sombra. Con 14 años yo conducía el Fiat 1100, del año 59, que había comprado en Buenos Aires, y lo llevaba a todas partes, porque él no manejaba", refirió. Emocionado hasta las lágrimas agregó que "hasta la fecha de su muerte, fui un niño feliz, pero después, estando de cadete en la Escuela Penitenciaria, me costaba mucho concentrarme porque su figura rondaba. Allí me di cuenta que tenía que estudiar y formarme como hombre. Hasta el día de hoy papá está en mi corazón. Siempre me acompañó, está a mi lado, me cuida y me corrige. Es impresionante. Escribió un libro sobre su historia personal -editado en tres oportunidades- y leerlo me motiva a ser una buena persona. Su legado y su presencia son muy fuertes". Hijo de inmigrantes españoles y nacido en Buenos Aires, desde los cinco años Balbino vivió en Posadas, ciudad que amaba y de la que fue intendente en 1965. "Estuvo once meses hasta que vino la revolución de Onganía. Le ofrecieron seguir en su función, pero dijo: a mí me eligió el pueblo a través del voto, y no me voy a permitir pertenecer a un gobierno dictatorial". La historia se repitió porque Raúl también vino de Buenos Aires siendo pequeño, "pero me siento iguazuceño. Quiero cambiar el lugar de nacimiento de mi DNI y no se puede. Siempre digo que soy misionero y guaraní, como dice la canción de Alcibíades Alarcón".

La vieja cárcel de Posadas funcionó hasta 1980, año en que se demolió y se trasladó a la Colonia Penal de Loreto, donde por esas coincidencias de la vida a Brañas le tocó ser el primer director. "Se iba demoliendo un pabellón de Posadas y a esos internos se mandaba a Loreto. Como estaba en construcción era una situación complicada, aunque nunca tuvimos fugas. Iba los lunes a la madrugada y volvía a casa los sábados para ver a mis hijos. Estábamos todo el día, presos junto a los presos", alegó.No había muros ni cercos de seguridad "pero teníamos a cargo a 126 internos, según la anotación de la pizarra. En esa situación los hacíamos trabajar. Formaban parte de los equipos de construcción porque la primera unidad -de la que quedan los vestigios de las ruinas- fue construida con mano de obra del personal penitenciario junto con los internos. No escapaban porque la premisa era tratarlos bien a todos. No maltratar a los internos es algo que pregoné desde el primer día que asumí mi función. Si uno los trata bien, con respeto, te devuelven con la misma moneda".

Fuente: Primera Edición

  • #provinciales
  • #aplique
  • #conocimientos
  • #adquiridos
  • #una
  • #forma
  • #conducir
  • #distinta
  • #misiones

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.