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Así se vivió en Mendoza el 11-S: cadena de oración, niños que marchaban por la paz y llamativos alquileres en Blockbuster

Entre la necesidad de entender qué pasaba, vuelos cancelados y hasta consultas en terapia, los mendocinos procesaban los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001. La cobertura en el archivo de Los Andes.

Por Nico Nicolli8 min de lectura
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Así se vivió en Mendoza el 11-S: cadena de oración, niños que marchaban por la paz y llamativos alquileres en Blockbuster
Así se vivió en Mendoza el 11-S: cadena de oración, niños que marchaban por la paz y llamativos alquileres en Blockbuster · Foto: Los Andes

Entre la necesidad de entender qué pasaba, vuelos cancelados y hasta consultas en terapia, los mendocinos procesaban los atentados en Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001. La cobertura en el archivo de Los Andes.

La portada de diario Los Andes el 12 de septiembre de 2001, tras los atentados del 11-S

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La portada de diario Los Andes el 12 de septiembre de 2001, tras los atentados del 11-S

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Cobertura de Los Andes: cómo vivían los mendocinos el 11-S

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En cada hogar de Mendoza, la postal se repetía: grandes y chicos frente al televisor de tubo intentando encontrar alguna explicación que pudiera hilar las imágenes que llegaban desde Nueva York (vuelos 11 y 175), Arlington (vuelo 77) y Shanksville (vuelo 93).

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El atentado contra las Torres Gemelas ocurrió a unos 8.200 kilómetros de Mendoza, pero durante las horas posteriores al 11 de septiembre de 2001 la distancia dejó de ser excusa para mantener a la provincia al margen del cambio de época tras los ataques en Estados Unidos.

La guerra, el terrorismo y la incertidumbre sobre el futuro geopolítico ingresaron en las conversaciones familiares, las aulas escolares, los videoclubes, las universidades, los bares y hasta en las decisiones de quienes tenían previsto viajar al exterior.

Las páginas de Los Andes retrataron 25 años atrás a una Mendoza que intentaba comprender un escenario internacional que mutó aquella mañana. El archivo está disponible gracias a Los Andes Siempre, el proyecto de recuperación de 50.000 ejemplares desde 1883 a la fecha.

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La portada de diario Los Andes el 12 de septiembre de 2001, tras los atentados del 11-S

Los chicos, que habían visto una y otra vez los videos de los avionesestrellándose en el World Trade Center, hablaban del tema en las escuelas y algunos hasta salieron a las calles con "mensajes de paz".

En las universidades fueron intensos los debates políticos. Mientras tanto, en las parroquias, la gente se reunía esperanzada y rezaba por las víctimas y por la paz.

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A falta de Netflix, los socios de los videoclubes buscaban títulos relacionados al orgullo estadounidense y los conflictos bélicos.

Antes, lo más importante: ¿quién era ese tal Osama Bin Laden que tanto mencionaba George W. Bush? En las librerías comenzaron a buscarse libros sobre el islam, las profecías de Nostradamus y las teorías disparatadas que dieran sustento a una eventual gran guerra.

Eran los tiempos de mirar hacia afuera ante el colapso socioeconómico de la Argentina, pero los mendocinos a punto de dejar atrás la malaria debieron frenar frente a una tragedia en EE.UU. con casi 3 mil fallecidos que endureció las barreras entre los países.

"La mitad de la gente que tenía turno para tramitar su pasaporte en la Policía Federal dio un paso al costado (...) La tentación de emigrar, después del martes 11 se llenó de interrogantes", escribió en su crónica para Los Andes del 24 de septiembre de 2001 la reconocida periodista Marina Walker.

Cobertura de Los Andes: cómo vivían los mendocinos el 11-S

De pronto, Estados Unidos había dejado de ser el destino de ensueño que tanto machacó cada producto cultural.

En las escuelas mendocinas había que reflexionar con los menoresexpuestos a tanta violencia gratuita en televisión abierta. El antecedente más cercano era la guerra de Malvinas, según los docentes.

"Las aulas de las escuelas públicas y privadas se transformaron en verdaderos talleres sobre los atentados y sus consecuencias. Los maestros aseguran que no recuerdan desde la guerra de Malvinas un suceso que haya cautivado tan profundamente la atención de los chicos", destacó Los Andes en su artículo.

Llamativos se leen hoy los relatos de alumnos de apenas 9 años. Maximiliano Perviú, al ser consultado por el diario, dijo en una marcha por la paz de la escuela Quintana en la plaza Independencia: "Para evitar la guerra hay que hablar, no tirar bombas ni tirar aviones".

Una de sus compañeras, Rocío García, aportó que "ellos (los musulmanes) atacan porque los demás los atacan, entonces hay que hablarles para que no sigan atacando". Los demás estudiantes "repartieron mensajes de concordia a automovilistas y peatones".

A 25 años del 11-S

En parroquias de los barrios Santa Ana y Unimev, en Guaymallén, los vecinos se reunieron cada día para rezar por la paz.

En tanto, las celebraciones por el Año Nuevo Judío también estuvieron atravesadas por mensajes de unidad y justicia.

Tras el 11-S, los diarios y las revistas aumentaron sus ventas alrededor de un 40%. En la televisión, CNN y Telemundo concentraron buena parte de la atención, y ya no tanto el codificado de los bares para gritar los goles del torneo Apertura.

La necesidad de entender llegó a ser más fuerte que la posibilidad de encontrar respuestas. Decenas de foros, debates y mesas redondas comenzaron a organizarse en universidades,centros de investigación y medios de comunicación locales.

Una encuesta realizada por "Los Andes On Line" -el diario tenía su versión en internet desde 1995- funcionó como termómetro del estado de ánimo después del ataque a las Torres Gemelas.

Ante la pregunta "¿Qué debe hacer EE.UU.?", el 52% de los participantes eligió las opciones "no responder a los ataques" y "consultar a las potencias aliadas".

En cambio, el 30% opinó que había que bombardear a los países musulmanes. La lección de paz animada por los chicos, en deuda.

Además, los debates entre "intelectuales" locales quedaron rápidamente atravesados por una polarización que la propia cobertura de Los Andes sintetizó como una disputa entre "aislacionistas" y "colonizados".

Dos policías al lado de un cartel repartido por un diario de Nueva York, del 18 de septiembre de 2001, que pide la captura de Osama Bin Laden, con el lema: "Se busca muerto o vivo"

Los primeros, vinculados a sectores de izquierda, apuntaban contra la política exterior estadounidense y recuperaban antecedentes como la guerra del Golfo y el apoyo de Estados Unidos a dictaduras latinoamericanas.

Los "colonizados" se inclinaban porque "el terrorismo siempre excede las causas que le dan origen" y consideraban que el fenómeno no admitía explicaciones exclusivamente políticas o ideológicas.

Otra forma de medir el impacto del 11-S fue observar qué buscaban los mendocinos en librerías y videoclubes.

En Blockbuster, con sus locales en Patricias Mendocinas y Rivadavia (Ciudad) y al lado del McDonald's de Godoy Cruz, crecieron las consultas por películas relacionadas con las profecías de Nostradamus.

"El hombre que vio el mañana" (The Man Who Saw Tomorrow, 1981) fue el VHS más alquilado.

También aumentó el interés por las propuestas bélicas como "Trece días" (Thirteen Days, 2000) y "La fiera de la guerra" (The Beast, 1988), relacionada con la invasión rusa a Afganistán.

En las librerías se agotaron obras sobre las profecías de Nostradamus y "El choque de las civilizaciones", de Samuel Huntington. También se rastrearon muchos textos sobre islamismo, atlas y publicaciones dedicadas a la historia de las religiones.

El desconcierto de los mendocinos también encontró una posible salida en el humor (negro).

La icónica foto del presidente de Estados Unidos en 2001, George W. Bush, en el momento en que fue informado del ataque a las Torres Gemelas. Estaba de visita en una escuela de Saratosa (Florida).

Cadenas de correos electrónicos, tiras cómicas de diarios y pequeñas teatralizaciones radiales comenzaron a ironizar sobre los atentados. Buena parte de esa sátira apuntó contra Estados Unidos y funcionó, según la cobertura de Los Andes, como una "catarsis" de frustraciones que ya existían antes del 11 de setiembre.

"Quizás uno de los episodios más notables fue el que protagonizó el actor Fernando Peña en su programa radial, que luego fue reproducido en tevé. 'Señores pasajeros, bienvenidos al vuelo de American Airlines con destino al piso 102. Les pedimos que se abrochen los cinturones de seguridad así pueden experimentar este vuelo de prueba en carne viva...', dijo el conductor en uno de los pasajes de su humorada".

A falta de la impunidad de los memes en X (Twitter), por correo electrónico circularon supuestas cartas de Bin Laden pidiendo asilo para sus seguidores en Argentina, imágenes falsas y distintos mensajes relacionados con los ataques.

Uno de los rumores más difundidos fue un supuesto plan terrorista para atacar Buenos Aires que, en tono de broma, terminaba frustrado por los piquetes y el desgobierno de Fernando de la Rúa.

La sensación de vulnerabilidad comenzó a aparecer también en los consultorios psicológicos de Mendoza.

Los especialistas mendocinos consideraban "prematuro" determinar si los atentados del 11-S habían provocado un aumento de las consultas, aunque advertían que el nuevo escenario podía profundizar angustias que ya existían.

"De todos modos, las fobias, el pánico, la angustia son motivo de consulta desde hace un tiempo largo. La gente se siente sin bastones. La vulnerabilidad se descubrió hace rato en la Argentina, pero estos hechos y todo lo que está surgiendo pueden exacerbar este sentimiento", explicó Reina Kotlik, psiquiatra y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo.

Varios ciudadanos aparecen cubiertos de polvo mientras huyen de la zona tras el desplome de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001

Silvia Videla, psicóloga del hospital Central, contó que apenas ocurrieron los atentados varias personas que tenían familiares o amigos en el epicentro del conflicto se acercaron a los consultorios para hablar de su angustia.

Para una generación criada bajo el paradigma de las guerras como acontecimientos lejanos, el 11-S evidenció que la violencia podía irrumpir en cualquier lugar y momento.

La preocupación, finalmente, estaba justificada al levantar la vista hacia cualquier ángulo de la cotidianidad.

Fuente: Los Andes

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