Así trabaja Roy, el perro rastreador que detecta pichiciegos, vinchucas y es clave para la ciencia
Este perro es parte de un proyecto del CONICET para conocer mejor la fauna y localizar insectos vectores de Chagas.

Este perro es parte de un proyecto del CONICET para conocer mejor la fauna y localizar insectos vectores de Chagas.
Roy, el perro rastreador del proyecto del CONICET que une conservación y salud pública, fue entrenado para detectar pichiciegos y vinchucas silvestres.
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Un equipo de investigadores del CONICET desarrolla en Mendoza "CAN-TRACK: Perros que detectan - Ciencia que protege", un proyecto centrado en la utilización de un perrorastreador que busca contribuir a la conservación de la fauna silvestre y mejorar la detección de vectores de enfermedades como el Chagas.
La iniciativa liderada por Mariella Superina, investigadora del CONICET en el Instituto de Medicina y Biología Experimental de Cuyo (IMBECU), tiene como protagonista a Roy, un perro especialmente entrenado en los Países Bajos por la fundación Scent Imprint Conservation Dogs.
La investigadora Mariella Superina lidera el proyecto mendocino que incorpora un perro rastreador entrenado para detectar pichiciegos y vinchucas silvestres.
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"Roy fue especialmente entrenado durante varios meses para detectar dos objetivos de investigación: el olor del pichiciego y el de las vinchucas silvestres, insectos vectores de la enfermedad de Chagas", explicó Superina a Los Andes.
Según la investigadora, ambas líneas de trabajo responden a desafíos científicos distintos, aunque relacionados. Por un lado, generar información sobre el pichiciego, una especie de armadillo prácticamente desconocida, y por el otro, mejorar el conocimiento sobre la presencia y distribución de vinchucas silvestres, cuya localización mediante métodos tradicionales resulta muy difícil.
Superina explicó que el pichiciego (Chlamyphorus truncatus) es probablemente uno de los mamíferos más difíciles de estudiar de Argentina, ya que pasa casi toda su vida bajo tierra y resulta muy difícil de detectar.
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"Sabemos muy poco sobre aspectos básicos de su ecología, como el tamaño de sus poblaciones, el uso del hábitat o sus desplazamientos. De hecho, por la falta de información ni siquiera sabemos si está amenazado o no", señaló. "Sabemos muy poco sobre aspectos básicos de su ecología, como el tamaño de sus poblaciones, el uso del hábitat o sus desplazamientos. De hecho, por la falta de información ni siquiera sabemos si está amenazado o no", señaló.
El proyecto busca desarrollar una herramienta no invasiva para estudiar y conservar este pequeño armadillo de apenas 100 gramos. La utilización de un perro rastreador "permite obtener información sobre la presencia de pichiciegos sin necesidad de capturar ni manipular individuos".
Inicialmente, el proyecto estaba pensado únicamente para encontrar pichiciegos. Sin embargo, durante el diseño del entrenamiento surgió la posibilidad de sumar una segunda línea de trabajo.
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"Los entrenadores me preguntaron si había otro proyecto científico en el que un perro pudiera ser de utilidad", recordó Superina. "Los entrenadores me preguntaron si había otro proyecto científico en el que un perro pudiera ser de utilidad", recordó Superina.
Como una de sus áreas de investigación es la ecoepidemiología de la enfermedad de Chagas, tomó contacto con la investigadora paraguaya Antonieta Rojas de Arias, quien ya había trabajado exitosamente con perros detectores para localizar vinchucas. "Esa experiencia nos dio la confianza para incorporar también la detección de vinchucas al entrenamiento de Roy", explicó.
Aunque ambos objetivos son diferentes, comparten la búsqueda de respuestas mediante herramientas innovadoras para resolver problemas que los métodos convencionales no logran abordar con facilidad.
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La investigadora aclaró que, cuando se habla del Chagas, la mayoría de las personas piensa en Triatoma infestans, la vinchuca domiciliaria. Sin embargo, también existen especies silvestres que viven en ambientes naturales y se alimentan de mamíferos silvestres.
Superina aseguró que el cambio en el uso del suelo, impulsado por la expansión agrícola, la deforestación y el crecimiento de las áreas urbanas, modifica los ecosistemas y puede reducir tanto el hábitat como las fuentes de alimento de las vinchucas silvestres. Como consecuencia, estos insectos pueden acercarse a las viviendas en busca de refugio o alimento. "Para comprender y prevenir ese proceso, primero necesitamos saber dónde están esas poblaciones silvestres", indicó.


Durante las salidas de campo, Roy señala la presencia de pichiciegos o vinchucas sin tocar ni dañar a los animales o insectos.
El problema es que suelen esconderse en grietas, huecos de árboles, madrigueras y nidos, por lo que son muy difíciles de localizar mediante búsquedas convencionales.
Según Superina, un perro detector puede encontrar esos focos con mucha mayor eficiencia, permitiendo conocer mejor la distribución de las vinchucas, los ambientes que utilizan y los factores que favorecen su presencia. "Esa información puede fortalecer la vigilancia epidemiológica y aportar evidencia científica para diseñar mejores estrategias de prevención y control de la enfermedad de Chagas", dijo.
Cuando detecta el olor de un pichiciego o de una vinchuca, Roy realiza una indicación pasiva y permanece inmóvil señalando el lugar, sin tocar ni dañar al animal o al insecto.
Las búsquedas, sin embargo, son diferentes ya que para localizar pichiciegos, el perro trabaja con el hocico muy cerca del suelo en ambientes naturales. En cambio, cuando busca vinchucas inspecciona vegetación, estructuras, viviendas y sus alrededores, donde estos insectos suelen refugiarse.
Superina explicó que cada salida de campo tiene un objetivo específico, aunque Roy podría detectar cualquiera de los dos olores durante una misma búsqueda. "En esos casos, la experiencia del equipo resulta fundamental para interpretar la indicación del perro y determinar qué es exactamente lo que está señalando", dijo.
La investigadora aclaró que los perros detectores no reemplazan los métodos tradicionales de investigación, sino que los complementan. "Nos permiten responder preguntas que, en especies tan difíciles de estudiar como el pichiciego, serían prácticamente imposibles de abordar de otra manera. La información que aporta Roy siempre debe ser corroborada por el equipo de investigación y forma parte de un protocolo científico", explicó.
El entrenamiento se realizó en los Países Bajos utilizando muestras de olor enviadas desde Argentina. "Roy fue entrenado y posteriormente donado al proyecto por Scent Imprint Conservation Dogs, una organización especializada en perros detectores aplicados a la conservación", dijo Superina.
El proceso incluyó no solo la formación del perro, sino también la capacitación del equipo de investigación. Los científicos viajaron en dos oportunidades a los Países Bajos para aprender la metodología y luego una de las entrenadoras visitó Mendoza para adaptar los protocolos a las condiciones locales.
Además, destacó que el bienestar del perro es una prioridad durante las salidas de campo. Las altas temperaturas obligan a planificar cuidadosamente los horarios de búsqueda y todo el entrenamiento de Roy se basa en el refuerzo positivo.
"Para él, buscar no es una obligación, sino un juego cuya recompensa es poder jugar con su juguete favorito. Nunca se lo obliga a hacerlo". "Para él, buscar no es una obligación, sino un juego cuya recompensa es poder jugar con su juguete favorito. Nunca se lo obliga a hacerlo".
Según explicó la investigadora, eligieron trabajar con perros detectores porque ya demostraron ser herramientas altamente eficaces para localizar especies difíciles de encontrar. La intención fue aplicar esa experiencia tanto a la conservación de la biodiversidad como a la investigación en salud, bajo el enfoque One Health (Una Salud), que integra la salud humana, animal y ambiental.
Para Superina, uno de los aspectos más prometedores del proyecto es la posibilidad de replicar la metodología en otras investigaciones. "Si demostramos que funciona, podrá adaptarse para estudiar muchas otras especies difíciles de detectar y también para localizar vectores o reservorios de distintas enfermedades", explicó.
La investigadora sostuvo que los perros detectores representan una herramienta no invasiva, eficiente y con gran potencial para integrar investigación científica, conservación de la biodiversidad y salud pública.
Además, destacó la participación de la Fundación Internacional para la Ayuda a los Animales Argentina (FIAA Argentina), que brindará sus instalaciones para parte del trabajo de investigación. "Este apoyo permitirá consolidar una capacidad instalada en Mendoza para seguir desarrollando proyectos que integren conservación, bienestar animal y salud", concluyó.
Fuente: Los Andes
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