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Bajar kilos sin perder músculo: la otra cara del auge de los inyectables para adelgazar

El auge de los inyectables para adelgazar pone el foco en la pérdida de masa muscular. Una nutricionista explica cómo preservar músculo

Por Gabriela Loreiro7 min de lectura
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Bajar kilos sin perder músculo: la otra cara del auge de los inyectables para adelgazar
Bajar kilos sin perder músculo: la otra cara del auge de los inyectables para adelgazar · Foto: Primera Edición

El auge de losmedicamentos inyectables para tratar la obesidad instaló una conversación que durante mucho tiempo estuvo concentrada casi exclusivamente en cuántos kilos pueden hacer perder. Sin embargo, a medida que su utilización se extiende y llegan al consultorio pacientes interesados en iniciar o sostener estos tratamientos, la atención comienza a desplazarse también hacia la calidad de ese descenso de peso: cuánto corresponde a grasa, qué ocurre con la masa magra y, sobre todo, cómo preservar músculo, fuerza y funcionalidad.

Ese fue el eje planteado por la licenciada en Nutrición Carina González durante su participación en la FM 89.3 Santa María de las Misiones, donde advirtió que quienes utilizan este tipo de medicamentos no deberían limitar el seguimiento a lo que marca la balanza.

"Si vamos a usar estos inyectables, ojo: hay que controlarse. No es así nomás. No es que porque voy a perder peso y masa grasa no tengo que controlarme", remarcó. Su preocupación apunta especialmente a la pérdida de masa muscular que puede acompañar cualquier descenso importante de peso y que adquiere otra relevancia en personas mayores o con menor reserva muscular.

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La evidencia científica reciente coincide en que los tratamientos basados en agonistas del receptor GLP-1, como la semaglutida, reducen fundamentalmente masa grasa pero también pueden provocar una reducción absoluta de masa magra. Sin embargo, los especialistas hacen una distinción clave: perder masa magra no equivale necesariamente a perder la misma proporción de músculo contráctil ni significa automáticamente desarrollar sarcopenia. Las investigaciones disponibles tampoco muestran de manera consistente un deterioro paralelo de la fuerza o del rendimiento físico.

González explicó que uno de los errores frecuentes consiste precisamente en interpretar todo descenso de peso como un resultado igualmente favorable. Por eso recomendó acompañar estos tratamientos con estudios de composición corporal que permitan conocer qué está ocurriendo con la masa grasa y la masa muscular a medida que avanza el proceso.

"Hay que ver cómo estamos a nivel muscular y de masa grasa", señaló. A partir de allí, sostuvo que el ejercicio de fuerza y un aporte adecuado de proteínas adquieren un lugar central, particularmente cuando la reducción de la ingesta es marcada.

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Los estudios publicados durante el último año van en esa misma dirección. Las revisiones disponibles recomiendan que el tratamiento farmacológico de la obesidad se acompañe con asesoramiento nutricional, proteínas suficientes y entrenamiento de resistencia, especialmente entre personas con mayor riesgo de pérdida muscular. El objetivo ya no es únicamente reducir el número de la balanza, sino procurar que la mayor parte posible del peso perdido corresponda a tejido adiposo mientras se conserva la capacidad física.

Para González, esa cuestión se vuelve particularmente importante con el avance de la edad. "A veces uno va al gimnasio después de los 40 no por estética, sino por seguir conservando la masa muscular", explicó. Más que establecer los 40 años como una frontera rígida, el planteo apunta a un proceso conocido: con el envejecimiento se producen modificaciones progresivas de la composición corporal y aumenta la importancia de conservar fuerza y músculo para mantener autonomía en etapas posteriores de la vida.

"Yo quiero llegar a ser un adulto mayor que tenga la posibilidad de levantarme y pararme solo", graficó la nutricionista.

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Las recomendaciones actuales para el manejo de la obesidad en adultos mayores hacen justamente hincapié en que el índice de masa corporal por sí solo resulta insuficiente y proponen evaluar también composición corporal, masa muscular y desempeño físico. En esa población, preservar músculo y función se vuelve especialmente relevante frente al riesgo de fragilidad, caídas y pérdida de autonomía.

Durante la entrevista, González introdujo el concepto de sarcopenia, una condición caracterizada no solamente por una disminución de la masa muscular, sino también por pérdida de fuerza y deterioro de la función física.

La distinción importa porque el debate científico alrededor de los medicamentos GLP-1 todavía está abierto. Una revisión publicada este año encontró resultados heterogéneos: algunos estudios detectaron reducción del músculo esquelético, mientras otros mostraron conservación de la función e incluso mejoras en la calidad muscular vinculadas con una disminución de la grasa infiltrada dentro del músculo. Por el momento, no existe evidencia suficiente para afirmar que estos medicamentos provoquen sarcopenia de manera directa y generalizada.

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Sí existe una preocupación mayor entre adultos mayores, personas frágiles o pacientes que ya presentan poca masa muscular antes de iniciar un tratamiento. Por eso, González insistió en que la indicación debe considerar características individuales como edad, sexo, condición nutricional, antecedentes y cirugías bariátricas, entre otros factores.

"No nos olvidemos de que, si bien perdemos peso o masa grasa, también podemos perder masa muscular. Entonces eso tenemos que cuidarlo", sostuvo.

Otro punto sobre el que hizo especial hincapié fue evitar la automedicación. González señaló que el tratamiento debe comenzar a partir de una evaluación médica y que la dosis corresponde definirla al profesional, mientras que el acompañamiento nutricional permite trabajar en paralelo sobre alimentación, composición corporal y hábitos sostenibles.

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En Argentina, por ejemplo, la semaglutida comercializada específicamente para el control del peso está autorizada por ANMAT como complemento de una alimentación reducida en calorías y mayor actividad física para adultos con IMC igual o superior a 30, o desde 27 cuando existe al menos una comorbilidad relacionada con el peso. Su condición de expendio es bajo receta.

Ese dato permite precisar una afirmación surgida durante la conversación radial, donde González vinculó estos tratamientos con índices de masa corporal superiores a 40. La indicación aprobada no se limita a los cuadros de obesidad más severa, aunque la decisión de utilizar el medicamento depende de la evaluación médica de cada paciente y no simplemente del deseo de bajar algunos kilos.

"Si vos querés bajar cinco o diez kilos, no hace falta usar estos inyectables. Con una buena alimentación, ejercicio físico y un buen descanso podés llegar a tu objetivo", planteó la nutricionista como advertencia frente al uso meramente estético o a la búsqueda de resultados rápidos.

La discusión no es menor en Misiones. En octubre del año pasado, un relevamiento de PRIMERA EDICIÓN encontró que la semaglutida ya se conseguía con demanda alta en farmacias de Posadas, mientras profesionales advertían sobre el crecimiento de consultas motivadas por redes sociales y por la expectativa de adelgazar rápidamente.

Tambíén se habían abordado meses antes los riesgos de transformar a estos medicamentos en una vía rápida para adelgazar y la necesidad de integrar la medicación con alimentación, actividad física y seguimiento sanitario.

González confirmó que ese fenómeno ya llegó también con fuerza al ámbito nutricional. "Aumentaron las consultas. Es un tema que nos tocó la puerta", aseguró, y reconoció que la irrupción de estos tratamientos también obligó a los profesionales a estudiar nuevas evidencias y adaptar la manera de acompañar a sus pacientes. "Los nutricionistas nos pusimos a investigar, a leer y a amigarnos con esta nueva ola que vino con el tema de los inyectables", explicó.

Ese acompañamiento, agregó, no termina cuando finaliza el medicamento. Una cuestión especialmente importante es qué ocurre después, cuando el paciente deja de aplicárselo y debe sostener los cambios logrados mediante alimentación, actividad física y hábitos incorporados durante el tratamiento.

"Es acompañar al paciente para que tenga una alimentación saludable una vez que decida abandonar estos inyectables", señaló. Por eso definió el proceso como una combinación de evaluación, seguimiento nutricional y control médico, en lugar de una intervención aislada destinada únicamente a reducir kilos.

La propia experiencia acumulada con estos fármacos está modificando además el modo en que se interpreta el éxito terapéutico. Una revisión científica publicada este año resume ese cambio de paradigma al señalar que la discusión está pasando de cuánto peso se pierde a qué calidad tiene esa pérdida de peso, incorporando variables como músculo, fuerza, función física, salud ósea y suficiencia nutricional.

Durante la conversación también surgió la preocupación por personas que consiguen medicamentos fuera del circuito médico y los utilizan de manera intermitente para adelgazar, recuperar peso y volver a aplicárselos. González insistió en que ese comportamiento elimina justamente los controles que permiten evaluar indicaciones, dosis y evolución corporal.

El problema trasciende a estos productos. La semana pasada, el Colegio de Farmacéuticos de Misiones volvió a advertir sobre la circulación de medicamentos a través de redes sociales y otros canales informales, donde existe riesgo de acceder a productos vencidos, adulterados, de contrabando o cuya composición no puede garantizarse.

En ese escenario, la recomendación de González vuelvolvió sobre una idea de que el medicamento puede ser una herramienta terapéutica cuando está correctamente indicado, pero no reemplaza un tratamiento integral ni convierte en irrelevante lo que ocurre con el resto del cuerpo mientras baja el peso.

El desafío, entonces, ya no pasa solamente por adelgazar. También importa cómo se adelgaza, qué tejido se pierde, cuánto músculo se conserva y en qué condiciones físicas llegará esa persona a los años siguientes.

Fuente: Primera Edición

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