Bauernmalerei, la técnica que reconecta a Estela con sus raíces
Estela Weller es docente jubilada y pinta Bauernmalerei desde hace tres años. Hoy enseña esta expresión artística en Cerro Azul y busca difundirla a lo largo de la provincia.

Una tradición nacida hace siglos en Alemania encontró en Cerro Azul una nueva forma de mantenerse viva.
Estela Elizabeth Weller (55), docente jubilada y aficionada al arte desde joven, descubrió durante la pandemia el Bauernmalerei, una técnica decorativa que despertó su interés no sólo por sus particulares pinceladas, sino también por el vínculo con sus raíces familiares.
Lo que comenzó como un aprendizaje a distancia pronto se convirtió en una parte importante de su vida y, con el tiempo, en un conocimiento que decidió compartir con otras personas.
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Hoy dedica varias horas de sus días a crear, enseñar y difundir una práctica todavía poco conocida en Misiones.Estela vive en Cerro Azul desde 1983, cuando dejó junto a su familia colonia Alberdi, para comenzar la secundaria.
Años después eligió la docencia y durante tres décadas fue maestra de grado.
Los primeros quince años los pasó en la Escuela 94 Juan Adriano Bonetti, de Villa Venecia, y los siguientes en la Escuela 908 del barrio Santa Teresita, donde cerró esa etapa de su vida al jubilarse en marzo de 2023.Los banquitos materos dieron paso a sus primeros encargos en Cerro Azul.
Pero mucho antes de despedirse de las aulas, ya había otra pasión que buscaba su lugar.
Desde chica disfrutaba de las manualidades y de crear con sus propias manos, un interés que con los años fue creciendo.
En sus ratos libres pintaba frascos, latas, botellas y damajuanas que recuperaba para darles una nueva vida.
También experimentó con el decoupage y encontró en los banquitos materos uno de sus trabajos preferidos.
Así, casi sin proponérselo, el arte fue ocupando cada vez más espacio en sus días."Empecé a pintar botellas y frascos con la idea de reciclar, de no tirar esas cosas tan lindas y darles otra utilidad.
También hacía lo mismo con latas y con todo lo que encontraba en casa.
Buscaba aprovechar lo que tenía a mano y transformarlo en algo diferente", recordó.Los banquitos materos se convirtieron durante varios años en sus trabajos preferidos.
Ensayaba diseños y técnicas sobre ellos, hasta que sus creaciones se hicieron conocidas en Cerro Azul y comenzaron a llegar los encargos.
También preparaba piezas personalizadas para cumpleaños y decoraba mesitas y sillitas infantiles, muchas veces destinadas a regalos.Bauernmalerei"Durante la pandemia descubrí el Bauernmalerei de casualidad, mirando Instagram.
Empecé a ver videos de artistas de Brasil, a seguir sus tutoriales y a conocer la historia.
Cuando supe que era de origen alemán, me llamó todavía más la atención porque mi abuelo vino de Alemania y yo siempre quise hacer algo relacionado con sus raíces.
Nunca aprendí el idioma, aunque escuchaba a mi mamá hablarlo con sus hermanos", señaló la artista.El recuerdo de su abuelo, una figura muy querida por toda la familia, terminó de acercarla al Bauernmalerei.
Estela quería aprender algo que la conectara con el país donde él había nacido y comenzó a mirar tutoriales en YouTube.
Sin embargo, la variedad de estilos la desorientó y decidió buscar una guía más clara.
Así conoció a la profesora brasileña Tina Laus y realizó durante un año uno de sus cursos virtuales, donde pudo aprender cada paso y dedicar también un momento del día para ella misma.Después de experimentar con distintas expresiones artísticas, eligió concentrarse en el Bauernmalerei y desde hace tres años no dejó de perfeccionarse.
Lo que más la cautivó desde el comienzo fueron las pinceladas: observaba cada movimiento con tanta atención que sentía que su propia mano acompañaba el recorrido del pincel.
La fascinación fue tal que incluso llegó a soñar que pintaba."Hoy pintar Bauernmalerei es parte de mi vida.
Me da mucha paz y tranquilidad, es un momento que elijo para mí, pongo música suave y dejo que fluyan las ideas.
También siento que es una forma de conectarme con las tradiciones y mantener viva la cultura.
Cuando termino un trabajo al que dediqué muchas horas, siento mucho orgullo y satisfacción", expresó.Cada pieza terminada le devuelve la satisfacción de haber creado algo con sus propias manos, después de horas de dedicación y práctica.
Buena parte de ese aprendizaje lo hizo a través de las clases grabadas de Tina Laus, que podía volver a mirar las veces que necesitara.
La profesora también acompañaba a sus alumnas ante cualquier duda y esa cercanía hizo más sencillo el camino.A la distancia encontró además un espacio para compartir lo aprendido.
Junto a otras alumnas integra la comunidad Locas do Bauer, donde muestran sus trabajos, intercambian ideas y se ayudan entre sí.
Para Estela, la mayor dificultad estuvo en conseguir los pinceles específicos, poco accesibles en Misiones.
Por eso trabaja con opciones más económicas y aprovecha los materiales que tiene a su alcance."Por lo que pude averiguar, algunos talleres tienen nociones de Bauernmalerei, pero no conozco a nadie que se dedique específicamente a esta técnica en Misiones.
Incluso consulté en la colectividad alemana de Oberá y tampoco conocían a alguien que la practicara.
En estos tres años busqué personas con quienes compartir experiencias e ideas, pero hasta ahora no encontré a nadie.
Ojalá pueda conocer a alguien que también pinte", comentó.Locas do Bauer intercambian trabajos, conocimientos y experiencias.
A través de ese recorrido la docente también llegó a la Ruta de Bauer, una iniciativa que reúne a artistas en un mapa de Brasil.
Tras presentar una pieza propia, pasó a integrarla y se convirtió en la única argentina que forma parte del proyecto.Después de varios años de aprendizaje, Estela sintió que era momento de cumplir otro de sus objetivos: transmitir lo que había aprendido.
A comienzos de 2025 se animó a enseñar por primera vez y reunió en su casa a un pequeño grupo de mujeres de Cerro Azul.
Ninguna necesitaba experiencia previa y el recorrido comenzó desde cero, con las pinceladas básicas y las primeras figuras del Bauernmalerei."Me costó decidirme porque tenía mucho miedo de empezar, pero me animé.
Ellas fueron las valientes que confiaron en que podían aprender.
Empezamos con un nivel principiante, paso a paso, con las flores principales, como rosas, margaritas, peonías y tulipanes, además de los pájaros y los arabescos", contó la profesora.Aquellas primeras alumnas completaron el nivel principiante del taller y este año decidieron continuar en un nivel un poco más avanzado.
Una vez por semana vuelven a encontrarse para avanzar con diseños más complejos y llevar la técnica a objetos que eligen para sus propias casas, desde manteles hasta cajas de té.
Las clases también se transformaron en un momento compartido, acompañado muchas veces por un mate o una taza de té."Ver que aprendieron y que siguen interesadas en mejorar me hace sentir muy bien.
Ya se animan a buscar sus propias piezas y darles vida con la técnica.
Para mí es una alegría ver sus logros y saber que están felices con lo que hacen", destacó la cerroazuleña.La enseñanza convive hoy con sus propios proyectos.
Estela prepara piezas para vender y trabaja sobre madera, metal y tela, aprovechando que el Bauernmalerei puede trasladarse a muebles y distintos objetos cotidianos.
Pero detrás de cada trabajo permanece el propósito que la acompañó desde que comenzó a formarse: dar a conocer esta expresión y acercarla a quienes también quieran descubrir, a través del arte, una parte de la historia y las tradiciones de sus antepasados.El arte como herencia familiarDetrás de ese deseo de acercarse a sus orígenes está la figura de su abuelo, una persona muy importante para Estela y su familia.
Nació en Stuttgart, Alemania, en 1905 y a los 20 años dejó su país para buscar una nueva oportunidad.
Se instaló en Olegario Víctor Andrade, donde comenzó desde cero en una chacra rodeada de monte y con el tiempo formó una familia de diez hijos."Llegó a Buenos Aires un 9 de julio y encontró todo embanderado.
Él decía que Argentina lo había recibido con sus banderas.
Nunca se olvidó de ese día y lo contaba con lágrimas en los ojos porque para él había sido muy emocionante", compartió la artista.Además de dedicarse a la agricultura y conocer distintos oficios, tenía una profunda relación con la música que transmitió a sus hijos.
Violines, acordeones y guitarras acompañaban las reuniones familiares y fueron parte de una infancia que Estela conserva especialmente en su memoria."Mi abuelo tocaba la cítara, un instrumento que había traído de Alemania, y era el centro de atención en las reuniones.
De chica quizás no valoraba tanto esos momentos, pero ahora recuerdo perfectamente cómo tocaba", describió.En redes sociales, Estela comparte sus trabajos, el proceso de creación y parte de su recorrido con el Bauernmalerei.
Se la puede encontrar en Instagram y TikTok (@estela_weller), además de Facebook (Estela Elizabeth Weller). Noticia Relacionada Cómo nació y se extendió el Bauernmalerei por el mundo
Fuente: El Territorio
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