Belgrano ya fue campeón, pero el fútbol no espera: el nuevo desafío que tiene por delante
El Pirata disfruta todavía de la histórica conquista pero sabe que no puede vivir del recuerdo. Con un buen arranque en el Clausura Zielinski busca sostener la ambición y recuperar la mejor versión de Zelarayán pensando en otro gran objetivo: el Trofeo de Campeones.

El fútbol tiene una particularidad que lo vuelve tan atractivo como impiadoso y que, a la vez, lo diferencia de muchas otras actividades. La inmediatez y la productividad son términos que lo persiguen cada vez más y que parece abrazar con mayor fuerza. Eso lo distingue.
Ese rasgo se explica porque su raíz competitiva es tan fuerte que obliga a sus practicantes, en cada partido, a exponerse al límite. En ese exigente mundo envuelto en césped y cemento, la expresión "dejarlo todo" se hace imprescindible. Si eso no sucede, si la exposición es tibia, si la gambeta falla o la marca sobre un rival es liviana, todo se desmorona. Eso ocurre cuando las cosas no salen según lo planeado. Y la consecuencia para quien lo genera puede ser contundente.
Ese aspecto, se insiste, lo diferencia de otros escenarios en los que un error no se castiga de inmediato. En otros trabajos o profesiones, una equivocación pasa más desapercibida e incluso no altera el derrotero de quien la cometió. En el fútbol, más de una vez, un debut fue el drástico punto final de la carrera de un futbolista; más de una vez, en un día o en unas pocas semanas, el sueño de toda una vida se esfumó.
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Esa presión se manifiesta desde todas las vertientes que alimentan la industria del fútbol. La reciben quienes están acostumbrados al fango de la medianía, pero también quienes, luego de haber llegado a lo máximo, se ven obligados a reverdecer ilusiones y a mejorar lo hecho.
A Belgrano le compete esto último. Hace un par de meses llegó adonde siempre quiso estar. Logró lo que siempre buscó lograr. Festejó lo que su caprichosa persistencia intentó festejar. Belgrano campeón fue el grito sagrado de una comunidad que ingresó a otra dimensión.


Tras aparecer en el espacio de los campeones, los celestes viven la lógica luna de miel con sus hinchas, que aplauden la postura de un equipo que no perdió responsabilidad ni ambición en este nuevo reto. En el Torneo Clausura acumula tres triunfos, un empate y una derrota, y se ubica en el segundo lugar del Grupo B. En la Copa Argentina cayó ante Racing de Avellaneda y quedó eliminado.
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En este breve lapso de competencia se destacaron el orden colectivo, más allá de los resultados, y la buena respuesta de la mayoría de sus jugadores. En el aspecto negativo aparecen los errores no forzados en la defensa y cierta dificultad inicial para entrar en ritmo en algunos encuentros. Un ejemplo de esto último fueron los momentos innecesarios de zozobra que vivió ante Independiente Rivadavia y el gol en contra recibido ante Racing en San Luis.
Con la mirada puesta en el Trofeo de Campeones que disputará en diciembre próximo con el ganador del Clausura, Ricardo Zielinski y sus futbolistas tienen hasta entonces el camino libre de otros compromisos. Queda esperar el trazo fino y delicado de Lucas Zelarayán, imprescindible para moldear una propuesta que necesita nueva energía en la búsqueda de una superación que abra las puertas a otros grandes objetivos. Porque el fútbol, además de lindo para ver y jugar, siempre exige y olvida rápido.
Fuente: La Voz
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