"Bienvenidos a la tierra colorada"
El escenario político de Misiones atraviesa una profunda transformación, con Passalacqua, los intendentes y el Movimiento por lo que Viene

Cada cuatro años, el país se abisma en una suspensión hipnótica. Un mundial de fútbol es la tregua sagrada donde las realidades se pausan y, por un puñado de días, el desgarro cotidiano se diluye en un grito unánime. En tanto eso pasa, también suceden otras cosas que, al final, redefinen buena parte del estado de las cosas… y en eso andan Argentina y Misiones.
La semana pasada, mientras bajaba la espuma de la euforia y el almanaque nos recordaba aquel lejano Tucumán de 1816, el país escenificó otra vez su vieja tragedia: un desfile de gobernadores huérfanos de federalismo, codeándose por una foto con el poder central en la noche tucumana. Es el retrato de una dependencia financiera y política ante un Presidente que achicó las transferencias un 65% y un ministro de Economía que exhibe pulcritud ante el FMI mientras la producción nacional cruje en una demolición sin pausa.
En ese espejo del hastío y la asfixia centralista, sin embargo, Misiones decidió escribir su propia declaración. Durante más de dos décadas, la política local funcionó bajo un esquema de liderazgo tan consolidado que pocos imaginaban una modificación de fondo.
La conducción partidaria y la institucional convivían bajo una lógica conocida: Carlos Rovira definía la estrategia y los gobernadores administraban el Estado. Era un sistema de reglas fijas donde la provincia entera orbitaba en torno a una sola gravedad. Todo, absolutamente todo, requería el visado de "El Conductor". Esa verticalidad estricta, que a menudo confundía la innovación con el desarraigo, tuvo su metáfora perfecta sobre el asfalto de la ruta 12.
Un día, los misioneros se despertaron despojados de su tradicional arco de bienvenida para descubrirse rebautizados bajo el cartel de una "provincia start up". Un sello de modernidad abstracta decretado en un hangar tecnológico que, al cabo de los años, desapareció casi en silencio. Hoy vuelve a leerse allí "Bienvenido a la Tierra Colorada". El dato sirve como analogía y punto de partida. "Cuestión de principios… y finales", deslizaron cuando este medio consultó por el cambio.
Hoy ese viejo esquema unánime cruje y gana velocidad. No porque una elección haya alterado abruptamente la relación de fuerzas, sino porque comenzó a configurarse un nuevo equilibrio de poder. Mientras Carlos Rovira decidió concentrarse en una construcción partidaria propia, "jubilando" la identidad de la renovación para refugiarse en el rótulo de Encuentro Misionero, una construcción política de impronta personal; el gobernador Hugo Passalacqua optó por reforzar un perfil estrictamente basado en la gestión y la conducción institucional.
El punto de quiebre más evidente se materializó en una mesa donde se dieron cita decenas de intendentes del interior. Allí, donde la política respira el pulso real de las colonias y los pueblos, se reconoció una sola conducción: la del mandatario provincial. La dinámica ganó fuerzas en cuestión de días y en diferentes localidades bajo el ordenamiento de Carlos "Kako" Sartori. Y así surgió el jueves el llamado "Movimiento por lo que Viene", un paraguas colectivo y horizontal para quienes decidieron clausurar la era del monólogo.
Aquel acta firmada en Ruiz de Montoya a mediados de mayo empieza a adquirir el peso específico de los hitos históricos. Alrededor de este nuevo eje ya no solo caminan los alcaldes; se sumaron legisladores provinciales que se dejaron ver en el reciente acto por el Día de la Independencia (hablando de analogías) en Cerro Corá, incluso aliados emergentes de aquella tensa revuelta policial de 2024, y figuras condenadas al ostracismo por el antiguo modelo de conducción.
La ruptura es profunda porque redefine las formas. Los liderazgos excesivamente personalistas generan una dependencia que termina debilitando a las instituciones. En la nueva mesa misionera parece no haber espacio para el sectarismo o la expulsión del que disiente de un grupo de mensajería, ni para las operaciones de prensa y los sofismas diseñados con Inteligencia Artificial. Como se dijo en Cerro Corá: "cambiar de opinión es válido; lo que es intolerable es el látigo o el dedo".
Esta mutación altera también la geografía con la que la Casa Rosada miraba al Nordeste. Buenos Aires solía pactar a solas bajo la máxima transaccional de "gobernabilidad con gobernabilidad se paga". Hoy, aunque algunos legisladores sigan atrapados en esa inercia gravitatoria, el músculo territorial y la masa propia están en otra parte.
El oficialismo real, entendido por quienes gobiernan efectivamente los municipios y la Provincia, decidió rescatar el ideario fundacional del misionerismo frente al centralismo porteño. Es una respuesta directa al chaleco de plomo que significó el alineamiento ciego de la antigua conducción con medidas nacionales que asfixiaban la economía local.
Frente a la crisis emanada desde las oficinas de Capital Federal, la respuesta de Passalacqua -que hace poco se hamacaba en la intemperie como "un gobernador sin partido"- fue consolidar una rigurosidad fiscal con rostro humano: la eliminación de la aduana paralela que trababa a las pymes, el sostenimiento de los programas Ahora, la depuración de contratos irregulares y la defensa irrestricta de la salud, la educación y el agua. Desde esa plataforma sólida se construye hoy un desafío electoral plenamente habilitado por la Constitución de cara al 2027, bajo un mantra tan simple como revolucionario para estos tiempos de crueldad: hacer más feliz y sencilla la vida de la gente.
Nadie puede aseverar el resultado final de los procesos en marcha. Toda transición política tiene avances, retrocesos y tensiones inevitables. Sin embargo, las huellas del pasado parecen borrarse con rapidez, lavadas por la misma lluvia que humedece la tierra colorada.
En los días en que el país evoca su independencia formal, Misiones parece haber iniciado el camino hacia su propia emancipación interna.
Fortalecer las instituciones por encima de las personas es la gran oportunidad histórica de esta transición. Y es que para enfrentar los tiempos ásperos que transcurrieron y los se vienen, se necesita la soberanía de un pueblo entero y no el guion de un solo hombre… "Bienvenidos a la Tierra Colorada".
Fuente: Primera Edición
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