Bomberos Voluntarios en el olvido: el costo de la improvisación provincial
Entre la falta de insumos y la nula planificación gubernamental, los cuarteles combaten el peligro gracias al esfuerzo propio y la solidaridad vecinal.

El Gobierno provincial mantiene en un estado de casi total abandono a los cuarteles de Bomberos Voluntarios. La respuesta oficial aparece recién cuando las emergencias ganan la agenda mediática.
Pero en el día a día falta equipamiento, la capacitación adecuada brilla por su ausencia y no existe una planificación estratégica coordinada. Todo se improvisa sobre la marcha. Quienes toman decisiones desde los organismos gubernamentales parecen no haber estado jamás frente a un incendio ni comprenden las necesidades básicas del combate en terreno.
La improvisación técnica ha mostrado aristas alarmantes. En búsquedas sobre agua se ha dispuesto a personal sin los conocimientos ni la indumentaria adecuada, mientras cuarteles especializados como El Fortín —que cuenta con guardavidas, buzos y rescatistas capacitados en aguas rápidas— no son convocados por razones inentendibles. Muchas veces, hay egoísmo y búsqueda de protagonismo.
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Un patrón similar se repitió en el incendio de Estancia Grande: el aviso del fuego se dio a la una de la madrugada de un jueves, pero recién a las ocho de la mañana había apenas tres dotaciones trabajando. Teniendo cerca a cuarteles como El Trapiche, El Volcán, La Carolina o Potrero de los Funes, la convocatoria llegó demasiado tarde.
Esta falta de articulación ocurre en una provincia cuyas condiciones climáticas y de vegetación incrementan el riesgo ígneo año a año. Aunque la negligencia humana desencadena la mayoría de los focos, el Estado tampoco desarrolla campañas preventivas eficientes. Muchas veces, a la vera de las rutas se acumulan malezas a la espera de una colilla encendida, mientras persisten prácticas como la quema de hojas o basura en predios particulares sin ninguna iniciativa pública de concientización masiva que logre frenarlas.
A nivel operativo, las carencias son severas. Hay cuarteles con recursos adecuados, pero muchos otros sobreviven con unidades deterioradas o autobombas urbanas obsoletas e inútiles para incendios forestales.
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Suelen registrarse inconvenientes con los equipos autónomos, la indumentaria y el calzado específico para cada intervención, espumas para incendios químicos, sistemas de comunicación en condiciones y hasta elementos básicos como chicotes, que en ocasiones deben confeccionarse artesanalmente con retazos de tela donados.
En materia de capacitación, el panorama se sostiene por la vocación individual. Las asociaciones hacen malabares financieros para contratar instructores externos o asistir a encuentros, por lo que los conocimientos adquiridos responden únicamente al mérito, la curiosidad y la experiencia acumulada por los propios voluntarios ante el fuego. Solo quien ha enfrentado las llamas conoce la gravedad de quedar acorralado por el viento en el campo y la urgencia de contar con un respaldo estatal real.


La desatención gubernamental abarca incluso la asistencia básica. Durante las emergencias suele llegar alimento y agua, pero durante el resto del año la provisión de insumos cotidianos depende del bolsillo de los bomberos y del aporte solidario de la comunidad, que acerca alimentos, bebidas o medicamentos a las dependencias. Las autoridades provinciales mantienen una deuda estructural con los equipos de rescate que exige reemplazar la inacción gubernamental por políticas públicas serias y recursos concretos.
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Fuente: El Diario de la República
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