Bullrich le partió la pantalla a Milei
Ante empresarios y ejecutivos de empresas nacionales, la senadora volvió a desafiar al Presidente con un libreto que rompe con el paradigma libertario.

Ante empresarios y ejecutivos de empresas nacionales, la senadora volvió a desafiar al Presidente con un libreto que rompe con el paradigma libertario.
Por Claudio Jacquelin
Para La Nación
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El esfuerzo para no reaccionar cada día se vuelve un poco más demandante. Patricia Bullrich desafía en toda oportunidad que se le presenta la orden que bajó el propio Javier Milei a los suyos ante cada aparición de la senadora en la que marca diferencias con el Gobierno y refuerza su posicionamiento individual.
Ella volvió a hacerlo este jueves ante un público calificado, que al Presidente le importa mucho y al que el día anterior le había dedicado una extensa sesión de promoción de su gestión con éxito relativo, según los comentarios recogidos entre los presentes.
Una elección de dimensión global
Lo notable fue que al mismo tiempo que la senadora ejercía su protagonismo ante empresarios y ejecutivos de empresas nacionales, Milei transitaba el día más importante de su visita oficial a París, donde se celebra la Semana Argentina.
Bullrich le partió, literalmente, la pantalla de los canales de noticias, le disputó la audiencia y compitió por la atención de los que siguen las vicisitudes de la política nacional y toman decisiones que influyen sobre la realidad. Justo cuando otra vez el riesgo país experimentaba una nueva suba, para llevarlo al nivel más alto de este año.
"A Patricia no hay que contestarle. No le subamos el precio. Ella busca una excusa para irse si se le presenta la ocasión o para que la echemos. No se la demos". Palabras más, palabras menos esa fue la decisión que adoptó Milei y recuerda a los propios su hermana Karina, según fuentes del más estrecho circulo del poder mileísta. La distancia entre París y Mar del Plata facilitó el acatamiento, pero no resultó sencillo. El malestar crece.
La suma de enunciados diferenciadores con el Presidente expresados este jueves por la jefa del bloque de senadores del oficialismo en el Coloquio de IDEA fue un salto de escala. Sobre todo porque compuso una especie de síntesis de un plan de gobierno y hasta se entrometió en la habitación que el Presidente tiene blindada, donde solo tienen permitido entrar él y su equipo económico.
Bullrich volvió a manifestarse disonante con la praxis y la estrategia política del mileísmo al plantear una convocatoria que excede las fronteras más duras del país libertario e incluye una búsqueda de consensos amplios para darle sustentabilidad a la transformación.
Pero también expuso diferencias importantes con algunos dogmas mileístas en materia económica, al plantear un cuestionamiento a la apertura indiscriminada y considerar necesario cierta intervención y protección del Estado para permitir la reconversión de las pequeñas y medianas empresas en pos de dotarlas de competitividad internacional así como para que sean proveedores de los sectores más exitosos del modelo actual.
Por las dudas, se ocupó de reivindicar con firmeza su adhesión al rumbo general del programa libertario, con una buena dosis de picardía, en beneficio propio. "Lo importante es que siga la idea. Yo no sé dónde voy a estar en el próximo escenario electoral", respondió cuando se le preguntó si estaba pensando en una candidatura.
No dijo (una vez más) que el candidato natural para la elección presidencial del año próximo es Milei, sino que repitió que lo importante es la continuidad del modelo, después de que el Presidente, en ese mismo escenario y en París, desde donde se conectó este miércoles para hablarles a los empresarios argentinos, no dejara dudas de que busca su reelección y que la considera condición sine qua non para el éxito económico.
La voz de los desencantados
"Bullrich se muestra sensible con el clima social. Empieza a haber una demanda de cierta intervención del Estado y de menor aperturismo o desregulación ilimitada. Son menos los fanáticos que están dispuestos a ponerse la remera libertaria", afirma la consultora de opinión pública, Shila Vilker, en base a encuestas y resultados de los grupos focales.
Los trabajos cualitativos que realizó hace justo una semana Trespuntozero expusieron que, más allá del núcleo duro de votantes de Milei, hay un colectivo importante de desencantados del modelo, no solo molestos con las formas. A ellos pareció hablarles Bullrich este jueves cuando planteó la necesidad de "acelerar para que los beneficios lleguen a la gente".
Como señalan todos los especialistas, Milei y Bullrich comparten adherentes y votantes, tienen similares porcentajes de adhesión y rechazo. Sin embargo, según destaca Vilker, "sus apoyos no son idénticos. Y así como Milei no les habla a los mismos que les habla Bullrich, ella también busca hablarles a otros a los que Milei no llega o se le fueron. Si siguen juntos, se potencian, pero Patricia construye por contraste". Es decir, su capital individual crece con la diferenciación y pone en tensión la empresa.
Aunque se ocupan de disimularlo todo lo que pueden, el malestar en la Casa Rosada con la jefa del bloque de senadores oficialistas es más difícil de ocultar. También crece el temor por el daño que pueda causar.
No les resulta fácil de digerir y tampoco de aceptar la mirada de algunos que con más criterio político señalan que Bullrich oficia de válvula de escape y baja la tensión entre algunos votantes y tomadores de decisiones.
"Patricia es un amortiguador. Si no estuviera ella podrían irse más votantes que la están pasando mal, pero todavía aguantan. Además, puede operar como un estabilizador del mercado, porque si asoma como otra opción dentro de la misma línea política-económica, puede atenuar el temor a que el péndulo se vaya para el otro lado. Siempre que no rompa y divida el voto. Pero eso no lo va a hacer", cree o quiere creer un funcionario con más rodaje político que la mayoría de sus pares.
Lo cierto, es que hoy no parece haber mucho margen para un cisma. Las encuestas muestran que las adhesiones a Milei y a Bullrich copian la misma frecuencia. Cuando el Presidente baja, también baja la senadora díscola, aunque a veces se despegue un poco, como pasó con el AdorniGate, que afectó más al líder libertario.
"A mi no me dicen nada", le responde Bullrich a los que le preguntan cómo caen sus gestos de autonomía en la cima del poder oficialista. La senadora parece disfrutar como si estuviera haciendo una travesura.
"Yo voy a seguir por este camino. Cada vez recibo más apoyos por lo que digo y hago, como pasó acá en IDEA", le confió la senadora a un interlocutor en Mar del Plata.
La mayoría de los asistentes al Coloquio parecía darle la razón. Así como manifestaban su incomodidad y cierto hartazgo por los arrestos de intolerancia y los ataques de Milei a sus contradictores, muchos empresarios y ejecutivos presentes celebraron y aplaudieron cuando Bullrich planteó la necesidad de alcanzar acuerdos sobre los grandes temas del país.
El día anterior, en su participación remota desde París, el Presidente había vuelto a descerrajar su batería de descalificaciones contra los opositores políticos y periodistas, como lo había hecho la semana pasada en Nueva York y estos días en Francia. En cambio, la senadora reforzó el llamado a lograr ciertos consensos y no aludió a ningún adversario político con nombre y apellido.
Como Milei hace con ella, Bulrich no quiere subirles el precio a los rivales. Para el Gobierno podría no ser mal negocio, aunque a Javier y Karina Milei no les guste.
La tejeduría de Santilli
Mientras tanto, en Paris, Diego Santilli no para de tejer para lograr algo que a Bullrich no parece gustarle demasiado. El jefe de Gabinete trata de cerrar un acuerdo con la docena de gobernadores a los que llevaron a disfrutar del glamour de la capital francesa para mostrarles a los anfitriones diversidad de apoyos a su gestión y más prosaicamente para que los legisladores que les responden voten la reforma política-electoral. Mejor dicho, para que apoyen la eliminación o, al menos, la suspensión de las PASO.
A pesar de que empiezan a surgir opiniones que ponen en duda que eliminación de las primarias pueda resultar tan benéfica para el Gobierno como creen en la Casa Rosada, el mandato de sacarlas del calendario 2027 no admite fisuras.
Los gobernadores miran los números de la economía y de las encuestas y prefieren remolonear, casi como Bullrich, que prefiere que la opción de una elección primaria se mantenga abierta. Ella nunca dejó de soñar que su último baile sea en el escenario mayor.
Por ahora, solo un par de mandatarios provinciales de provincias pequeñas, con escasa representación parlamentaria, comprometieron su apoyo. "Vamos bien", contestó el jefe de Gabinete sobre la evolución de sus gestiones a alguien que lo consultó anoche en París, pero eludió decir cuántos apoyos ya tenía cerrados. ¿Prudencia o escasez de certezas?
Si bien al menos tres encuestas cerradas o en procesos de cerrarse en estos días muestran que la imagen del Presidente ha dejado de caer o muestra una leve recuperación, todavía el piso está cerca de los mínimos alcanzados desde que accedió a la Presidencia.
Eso vuelve reticentes a los dialoguistas a los que Santilli les pide que le firmen un cheque en blanco, cuando la confianza mutua atraviesa momentos complicados. Más aún después de que el reputado Índice de Confianza en el Gobierno, de la Universidad Torcuato Di Tella, difundido el lunes pasado, mostrara una caída después de un repunte en agosto.
Como los inversores, que se atan a la máxima de esperar y ver qué pasa, los que ponen en juego su capital político también prefieren que se aclare el panorama. Los números de la economía siguen mostrando fragilidades y todavía pueden pasar muchas cosas.
"Al Gobierno le empezó a sobrar tiempo y a mucha gente ya no le queda mucho más para darle", dice Pablo Knopoff. El consultor había advertido en el primer año y medio de la gestión mileísta que la mayoría de los argentinos le estaba dando al experimento libertario más tiempo del que tenía para sí mismos, ya que el paso de los días los apremiaban sin recibir respuestas a sus necesidades. La situación parece haber cambiado.
Son muchos los expertos en opinión pública y los economistas que dicen que, a pesar de la falta de solución a muchas demandas de los argentinos, para el Gobierno tal vez lo mejor sería que las elecciones fueran ahora. Con la oposición fragmentada y sin hacer pie.
La postergación de los días de gloria para 2028, que acaba de postular Milei, es una apuesta a la renovación de la paciencia social. Por las dudas, Patricia Bullrich opta por partirle la pantalla de los canales de noticias, disputarla la audiencia y competir por la atención de los ciudadanos comunes y de los grandes tomadores de decisiones.
Fuente: Diario Panorama
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