Saltar al contenido principal

Burlar a la muerte

La llegada de un misterioso benefactor transforma la vida de una familia humilde otorgándoles riqueza y salud en un inesperado pacto.

Por Cristina Bajo4 min de lectura
Compartir
Burlar a la muerte
Burlar a la muerte · Foto: La Voz

Hace tiempo, en algún lugar de Europa, vivía un hombre muy pobre que tenía varios hijos, a los que apenas podía mantener. Y, como suelen decir, "sobre llovido, mojado", el año del que hablamos, su mujer trajo al mundo un nuevo pequeñito.

El hombre, consternado, le dijo: "¿Qué nombre le pondremos?".

¿Juan Demasiado?, dijo ella, pero agregó: "Preguntémosle a su padrino, quizás quiera darle otro… –y, llena de esperanza, propuso–: Vete con los tuyos y elígele un padrino".

También te puede interesar: Brasil ya está sufriendo los efectos de El Niño en 2026, según la autoridad de Defensa Civil

El hombrecito fue a verlos, les contó del nuevo niño, todos lo felicitaron, pero nadie aceptó el padrinazgo. Muy triste, buscó a sus amigos, pero estos eran pobres y apenas si juntaron unas monedas para llevar pan a la casa.

Al contárselo a su esposa, lloraron los dos, muy afligidos, hasta que alguien tocó a la puerta; al abrir, vieron un mendigo que solía andar pidiendo y la mujer dijo al marido: "Somos pobres, pero el pan no se niega; deja que coma junto al fuego".

El viejo se sentó cerca del bracero y, como los viera llorar, les preguntó la causa de su tristeza.

También te puede interesar: Proponen construir una estatua de Lionel Messi que los rosarinos puedan abrazar

–Acaba de nacer nuestro hijo, y nadie acepta ser su padrino –dijo el marido, secándose las lágrimas.

–Si queréis, yo podría serlo.

–¡Gracias, buen hombre! –dijo la mujer–, pero... ¡No tenemos la madrina!

También te puede interesar: Salamone descartó un "cientificidio" y profesionales refutaron su postura

–Yo la traeré, dadme tiempo y algo conseguiré para festejar.

Terminó su pan y se fue. La pareja pensó que el viejo no volvería, pero al día siguiente comenzaron a llegar paquetes de pan, vino y golosinas.

Cuando los familiares vieron esto, se acercaron con la intención de comer cosas ricas, los padres los invitaron al bautismo y cuando sonó la campana de la capilla, llegó una carroza y de ella bajó el mendigo, muy bien vestido, que dijo en voz alta:

También te puede interesar: El Coyote demanda a Acme y los críticos aplauden: la mezcla de juicios, dibujos y acción real que arrasa en Rotten Tomatoes

–Señora madrina, hemos llegado –y de la carroza bajó un esqueleto muy blanco: era la Muerte y todos echaron a correr, salvo los padres y los padrinos.

–No tengan miedo —dijo la Muerte—. Vuestra familia vivirá muchos años y nunca estarán enfermos. Además, haré a mi ahijado rico y nunca pasaréis hambre.

La Muerte se puso una capa, fueron a bautizar al niño y desde aquel día nada les faltó, Juan Demasiado fue a la escuela y cuando supo leer y escribir y sumar y restar, su madrina le dijo que tenía que ser médico.

También te puede interesar: La caída histórica de la natalidad en Argentina se extiende por todas las provincias: nacen un 46.8% menos de bebés en diez años

–¡Pero ya hay un médico en la aldea que sabe más que yo! –dijo Juan.

–No tienes que aprender nada: cuando vayas a casa de un enfermo, si me ves al lado de la almohada, diles que manden por el cura y si me ves a los pies, les darás agua bendita, les dirás que eso los curará y nadie me verá.

Así, Juan Demasiado se convirtió en el médico más famoso del pueblo. Y hete aquí que la hija del rey enfermó, y el cocinero, que era amigo de Juan, habló al rey de su fama, y este mandó a buscarlo.

Cuando Juan llegó y vio a la Muerte a los pies de la cama, de la joven, llevó aparte al rey y le preguntó:

Monefin — Préstamos o tarjetas de crédito

–¿Qué me daréis si curo a vuestra hija?".

–Una carreta llena de oro.

–No quiero oro.

–Un castillo.

–No es suficiente.

–La mitad de mi reino.

–No me conviene.

–Entonces, ¿qué quieres?

–La mano de vuestra hija.

–Así lo haré, si al despertar ella te acepta.

Juan era de buen ver, y la joven, al despertar, dio su consentimiento; pronto se casaron y las fiestas duraron un mes.

Los jóvenes se amaban, y Juan sentía pena al pensar que, para los años que él viviría, ella viviría muy pocos, así que acudió a la Muerte y le pidió que diera a su mujer la misma cantidad de vida que a él; la Muerte, a pesar de que lo quería, le dijo que no podía hacerlo.

Juan insistió, ella no cedió y entonces el joven fue por un frasquito y le dijo: "Estoy seguro de que ni usted puede volverse tan pequeña para caber en este frasco".

La Muerte se rió, se volvió chiquita y entró. Sin darle tiempo, Juan le puso el tapón y la dejó encerrada.

¡Juan! –gritó ella–. ¡No te hagas el tonto, déjame salir!

–No, madrina –dijo el joven con buenos modos–. Usted sabe que la quiero mucho, pero más quiero a mi mujer, así que no la dejaré salir hasta que me conceda lo que le pido.

Extrañamente, durante una quincena nadie falleció en el mundo; el diablo estaba preocupado, y Jesús, en el cielo, sonreía.

Al fin, ella cedió –siempre sintió cariño por su ahijado–, y así este se convirtió en el único hombre que pudo burlar a la Muerte.

Fuente: La Voz

  • #cultura
  • #burlar
  • #muerte_0_ZwhbmYWiQv
  • #córdoba

Te puede interesar

Newsletter Pulso Federal · Diaria

La radiografía política y económica del país, todos los días en tu casilla.

Análisis federal, indicadores y la mirada del interior sobre la agenda nacional. Para tomadores de decisión, periodistas y ciudadanos exigentes. Sin spam.

Te suscribís y podés cancelar cuando quieras.