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Cachi, el pueblo que un padre amaba y donde una hija convirtió su legado en vinos que deslumbran

Claudia Córdoba y su marido fundaron Nueve Cumbres en plena pandemia. Su Torrontés fue reconocido por Tim Atkin. Fueron los primeros en tener el Bonarda más alto del país.

Por Edu Ruiz5 min de lectura
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Cachi, el pueblo que un padre amaba y donde una hija convirtió su legado en vinos que deslumbran
Cachi, el pueblo que un padre amaba y donde una hija convirtió su legado en vinos que deslumbran · Foto: La Gaceta

Al llegar a Cachi, el aire se vuelve distinto. No solo se respira; se siente. Una mezcla de paz, montaña y un rumor ancestral que los Valles Calchaquíes guardan como un secreto milenario. Es de esos lugares que no se visitan, sino que se habitan con la mirada y se llevan en la memoria. Estas sensaciones siempre movilizaron al padre de Claudia Córdoba. Guía de turismo de oficio y enamorado de la tierra por naturaleza, cada viaje a aquel rincón salteño le renovaba la certeza de que había encontrado un pedazo de mundo que merecía ser venerado. Cuando don Juan Carlos falleció, su hija heredó esa misma sensación. Una fascinación que la perseguía desde la infancia, cuando escuchaba las historias de su papá y la imagen de Cachi la acompañaba a todos lados. Entonces, sin dudarlo, decidió instalarse allí. Y de ese salto al vacío, de esa necesidad de volver a un lugar que siempre la estuvo esperando, nació Nueve Cumbres, una bodega boutique que terminó en la mira de Tim Atkin.

El nombre de este joven emprendimiento rinde homenaje al imponente Nevado de Cachi, la montaña más alta de la región valliserrana y la decimonovena de máxima altura del país, con 6.356 metros sobre el nivel del mar que dominan el paisaje.

Claudia y su marido, Edmundo Pieve, no tenían experiencia en el mundo vitivinícola cuando decidieron comprar una finca en este pueblo que tiene unos 8.948 habitantes, según el último censo realizado por el Indec, en 2022. "Sabíamos que había algunas pequeñas bodegas y que había producción, pero no éramos del rubro", cuenta la empresaria a LA GACETA y agrega: "Compramos esta pequeña finquita de cinco hectáreas y dijimos: 'Bueno, ya tenemos la tierra, ¿qué hacemos?'". La respuesta llegó de la mano de la intuición y del asesoramiento técnico. "Aprendimos a escuchar al enólogo y al ingeniero de campo. Podés poner una planta y nunca sabés cómo va a terminar de desarrollarse", sostiene.

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En plena pandemia, cuando el mundo parecía haberse detenido, ellos empezaron a moverse. La primera cosecha fue en 2021, con apenas 2.500 litros. Cuatro años después, la producción ronda los 25.000 y la bodega ya se prepara para llegar a los 40.000 en un futuro no muy lejano.

Estar ubicados a solo 150 metros de la plaza principal hizo que los visitantes lleguen rápidamente. "Todo el mundo preguntaba si mi casa era un hotel porque se llenaba de turistas", cuenta Claudia entre risas. Esto obligó al matrimonio a dar un paso más y construir un lodge de seis cabañas, que fue inaugurado a mediados de agosto. La experiencia enoturística se completa con degustaciones, picadas y empanadas elaboradas con productos de la zona.

El reconocimiento para la pareja que tiene 32 años de matrimonio llegó rápido. El Torrontés de Nueve Cumbres fue galardonado como "El mejor del año" en La Rioja, y en el "Special Report Argentina 2025", del Master of Wine británico Atkin, fue distinguido como "Value Blanco del Año".

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La historia de ese vino empezó con un ensayo: apenas 250 botellas elaboradas con el método de huevos de cemento, una técnica que busca resaltar la pureza de la fruta sin interferencias. El resultado fue tan contundente que, cuando llegó la aprobación internacional, solo quedaban cinco botellas. "Actualmente estamos elaborando más y recientemente embotellamos Torrontés mediante el método naranjo, con muy buena repercusión. Esta cepa nos está dando muy buenas noticias y alegrías", señala la bodeguera.

El varietal, además, tiene un antecedente histórico en esa misma terraza plantada. Hay registros de que anteriormente ya se habían puesto vides en ese lugar, como si la tierra misma recordara su destino.

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El enólogo de la bodega, Daniel Heffner, detalla cuál es el secreto de Cachi: "Lo que distingue a este vino es que las plantas están 1.000 metros de altura por arriba de los de Cafayate. Esto hace que el vino sea mucho más expresivo a diferencia de otros. Es decir, la altura y la amplitud térmica es fundamental".

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Esta variedad de Nueve Cumbres se presenta con un color verde brillante, de esos que casi titilan en la copa. En nariz, las flores de jazmín se mezclan con la frescura del limón recién cortado, mientras que la boca recibe una acidez que despierta y prolonga cada sorbo.

Las cinco hectáreas iniciales, ubicadas a 2.350 metros de altura, se complementan ahora con tres hectáreas más en una finca a 2.750 metros, donde crecen Merlot y Malbec. Y en el medio, otra cepa tinta que los convirtió en pioneros: fueron los primeros en plantar el Bonarda más alto de Argentina, y probablemente del mundo.

"El Bonarda fue un capricho mío", admite Heffner. Le gustaba cómo se comportaba en Mendoza y quiso probar su respuesta en este terroir. "Es una variedad a la que le cuesta mucho madurar. El ingeniero de campo es fundamental con el trabajo de poda. A esta altura, hay que hacer una labor muy precisa", explica. La amplitud térmica entre el día y la noche, propia de la zona, es otro factor clave. "Por eso es una fruta que tiene una cáscara bien gruesa, donde se concentran todos los antocianos", agrega. "Estamos realmente muy contentos con el resultado", concluye el enólogo nacido en Córdoba.

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Claudia y Edmundo no planean detenerse. La proyección es llegar a los 40.000 litros anuales, pero sin perder la esencia de lo que los hizo diferentes. El momento que vive la industria es más que complejo. Pero los reconocimientos, sumado al boca a boca de los viajeros que se enamoran del paisaje y de sus vinos, les da la certeza de que el camino es el correcto. "Por ahora estamos comercializando a nivel nacional en varias provincias y ya aparecieron interesados para que los exportemos", comenta la mujer.

Nueve Cumbres es la prueba de que los sueños, cuando se anclan en la tierra y en la memoria, tienden a florecer. Y si algo queda claro después de esta historia, es que el vino también puede ser una forma de abrazar a los que ya no están.

Fuente: La Gaceta

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