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Calesitas: un juego que resiste y le gana por un rato a las pantallas

Las calesitas son un clásico que convoca a niños, padres y abuelos y que, pese al paso del tiempo y la tecnología, conserva intacto su atractivo.

Por Vanesa Erbes5 min de lectura
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Calesitas: un juego que resiste y le gana por un rato a las pantallas
Calesitas: un juego que resiste y le gana por un rato a las pantallas · Foto: UNO Entre Ríos

Las calesitas son un clásico que convoca a niños, padres y abuelos y que, pese al paso del tiempo y la tecnología, conserva intacto su atractivo.

Por Vanesa Erbes

Las calesitas unen a generaciones

Con la llegada de la primavera, las plazas y espacios verdes de Paraná recuperan el movimiento de las familias que aprovechan las tardes más templadas para disfrutar al aire libre. Entre las propuestas que se mantienen vigentes a través de los años aparecen las calesitas, que ocupan un lugar especial en las plazas. Allí se encuentran quienes llegan con sus hijos pequeños, los abuelos que acompañan a sus nietos y también adultos que, al ver girar los juegos, recuperan recuerdos de su propia infancia.

Martín Apaldetti, calesitero de la ciudad y vinculado desde hace años a distintas iniciativas solidarias, contó que durante los días más cálidos suelen extender el horario de funcionamiento de acuerdo con el movimiento que haya: "A medida que se pone más lindo el tiempo, nos quedamos un rato más en la plaza. No tenemos un horario fijo, sino que trabajamos en el horario en el que la gente está paseando, y nos adaptamos a todas las estaciones del año", explicó.

Las calesitas son un gran atractivo en Paraná.

La actividad se desarrolla en esta temporada con una particularidad que también contribuye a sostener su presencia en los paseos familiares: el valor se mantiene en 2.000 pesos por tres vueltas. Se trata de un precio que, en el actual contexto económico, busca preservar el acceso a una propuesta de entretenimiento tradicional para familias con distintas posibilidades, que conserva una sencillez que parece ser, precisamente, una de las claves de su permanencia: no necesita grandes dispositivos ni tecnología para despertar entusiasmo, sino que alcanza con subir, elegir un juego y dejarse llevar durante unas vueltas.

Distribuidas en distintos espacios de la ciudad, las calesitas permiten combinar la salida con un paseo al aire libre. Una está situada en la plaza Sáenz Peña, otra funciona en la zona de la Costanera, mientras una tercera calesita está en la Plaza Mujeres Entrerrianas, donde los chicos también pueden disfrutar de un trencito eléctrico, una réplica colorida de una locomotora a vapor.

Para Apaldetti, que sigan vigentes a lo largo de las décadas tiene una explicación vinculada con algo que ninguna tecnología puede reemplazar: la imaginación de los chicos. En su caso, después de más de 30 años de actividad, considera que uno de sus principales atractivos es la posibilidad de que distintas generaciones compartan un mismo momento de juego: "La calesita es el ícono de la actividad lúdica de los chicos en todo el mundo", sostuvo, y remarcó que se trata de uno de los pocos espacios donde tres generaciones pueden participar simultáneamente de una actividad recreativa.

Martín Apaldetti, referente de las calesitas, es el impulsor de cruzadas solidarias para ayudar a distintas instituciones, como el Voluntariado Santa Rita

En ese sentido, señaló que mientras las pantallas suelen plantear formas de entretenimiento individuales, la calesita permite que padres, abuelos y niños estén juntos, compartiendo una experiencia. "La razón principal es que frente a la imaginación de un niño, no creo que haya inteligencia artificial ni nada que la supere", expresó.

Esa imaginación aparece cuando un niño se sube a uno de los juegos y transforma, por unos minutos, un caballito en un animal de verdad, una lancha en una embarcación de pesca o una nave espacial en un vehículo capaz de despegar.

Los juegos pueden renovarse, cambiar de color o ser reemplazados por otros, pero la esencia permanece. Caballos, autos, elefantes, dinosaurios, helicópteros y naves espaciales siguen formando parte de ese universo que los chicos construyen mientras dan vueltas en medio de la plaza.

La posibilidad de compartir la actividad entre generaciones aparece también en situaciones cotidianas. Los adultos pueden acompañar a los niños más pequeños y, según relató Apaldetti, incluso han subido bebés de pocos meses junto a sus padres.

Pero la relación con la calesita no termina en la infancia. El calesitero recordó especialmente la historia de una mujer que, cuando estaba por cumplir 80 años, se acercó para preguntarle si podía volver a dar una vuelta porque nunca había tenido la oportunidad de hacerlo de chica.

La respuesta fue afirmativa y, tiempo después, la mujer regresó a la plaza para festejar su cumpleaños de una manera particular: disfrazada de bebé, con sus hijos y sobrinos también caracterizados, para disfrutar de la calesita.

Apaldetti tenía entonces poco más de 20 años y no pudo registrar la escena porque todavía no existían los teléfonos celulares. Sin embargo, décadas después conserva el recuerdo de aquella celebración como una de esas historias que explican por qué el juego trasciende las edades y aporta alegría a distintas generaciones.

La vigencia de las calesitas también está atravesada por la realidad económica. El precio actual se mantiene desde hace aproximadamente un año y medio, según explicó Apaldetti, pese al aumento de los costos que implica sostener la actividad. "La gente no tiene un mango. Esa es la verdad", señaló, al explicar por qué decidieron no incrementar el valor de la entrada. Y si bien reconoció que la actividad disminuyó, aclaró que no se debe a una pérdida de interés por las calesitas, sino a las dificultades económicas que atraviesan muchas familias.

Es por eso que la decisión permite conservar una alternativa de entretenimiento de bajo costo dentro de una salida familiar que puede completarse con un paseo por la plaza, la Costanera, unos mates o una merienda. En ese sentido, la calesita continúa siendo una propuesta sencilla y relativamente accesible, incluso cuando las posibilidades de destinar dinero al ocio se han reducido para numerosos hogares.

A esa mirada se suma la dimensión solidaria que los calesiteros sostienen desde hace años, con acciones destinadas a colaborar con instituciones y organizaciones de la ciudad. Apaldetti explicó que esa actitud forma parte de una manera de entender el vínculo con la comunidad: "Somos vecinos de nuestros vecinos".

"Nos gusta el laburo que hacemos", resumió con entusiasmo, al hablar de una actividad que forma parte del paisaje de Paraná y donde la imaginación siempre es protagonista.

Fuente: UNO Entre Ríos

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