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"Cambiaron la forma en la que veo el fútbol": los argentinos emocionaron a un bartender en un bar de Nueva York

Sin entradas para la final, cientos de hinchas coparon los bares de Manhattan. La derrota se vivió con la tensión de una tribuna.

Por Matías Auad6 min de lectura
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“Cambiaron la forma en la que veo el fútbol”: los argentinos emocionaron a un bartender en un bar de Nueva York
“Cambiaron la forma en la que veo el fútbol”: los argentinos emocionaron a un bartender en un bar de Nueva York · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

Sofía Escudero apoya los brazos sobre la barra y sostiene su cabeza con una de sus manos. Sus ojos siguen clavados en uno de los televisores de The Brazen Tavern, donde Lionel Messi y Lamine Yamal se saludan después de la final. Argentina acaba de perder el Mundial ante España. Esta santafesina de 23 años, que hoy vive en Pensilvania, está vencida sobre el mostrador mirando las últimas imágenes del que podría haber sido el último partido de Messi en una Copa del Mundo. Parece que la tristeza no le entra en el cuerpo.

"Me da mucho dolor por eso mismo, por ser el último baile de Messi. Creo que él se merecía ser campeón y era lo que todos esperábamos. Sufrimos mucho esta Copa, pero España llegó muy bien, hizo un muy buen partido y son campeones merecidos", dice Sofía en diálogo con LA GACETA. Cuando intenta explicar por qué llora, vuelve al mismo nombre: "Messi, más que nada. Saber que era su última Copa, o al menos lo que todos dicen. Nos esforzamos tanto para llegar hasta acá, nos dolió tanto y sufrimos tanto que nos merecíamos esta alegría".

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Unos minutos antes, moverse por el segundo piso del bar era difícil. Las camisetas celestes y blancas ocupaban las mesas, rodeaban la barra y se repartían frente a seis televisores y una pantalla proyectada. Afuera, Nueva York; adentro, a pocas cuadras de Times Square, se gritaba cada pelota como si ese bar fuera una tribuna argentina.

Los había sentados, parados y hasta en cuclillas, buscando el mejor ángulo posible. A medida que avanzaba el partido, algunos iban cambiando de televisor según dónde encontraran un hueco entre las cabezas. Las manos pasaban de la boca a la cabeza mientras España movía la pelota con una facilidad que empezaba a preocupar. "¿Por qué pasan tan fácil?", se preguntó una hincha correntina cuando apenas iban 30 minutos.

Una pelota recuperada, una trabada ganada o cualquier jugada que permitiera respirar frente al dominio español alcanzaban para despertar un "¡vamos!" colectivo. La tensión se palpaba en los gestos: cuerpos inclinados hacia las pantallas, algún insulto, manos tapando la boca y hasta Sofía haciendo cuernitos cada vez que aparecía Lamine Yamal. Nada fue suficiente.

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En el medio, los mozos intentaban hacer su trabajo. Esa tarde, el bar había preparado un menú especial para argentinos: una milanesa con papas fritas o puré costaba US$24, el choripán con papas US$23 y dos empanadas de carne, US$12. Para tomar había cerveza Quilmes a US$10 y fernet con Coca-Cola a US$14, además de las cervezas habituales del lugar, que rondaban entre los US$8 y US$10.

El relato de Telemundo se colaba por momentos en las conversaciones. No hubo un enojo generalizado con la transmisión, pero sí comentarios cuando aparecía alguna estadística sobre la poca participación de Messi o cuando los relatores destacaban a Yamal y explicaban que no había tenido su mejor Mundial por problemas físicos. "Ah, claro, mirá cómo hablan de los españoles", se escuchaba entre los hinchas. También llamaban la atención algunas palabras del relato: "la deja botar" en lugar de "la deja picar", "reyerta" en vez de "pelea" o "cuadríceps" en lugar de "cuádriceps". Cuando Donald Trump apareció en pantalla hubo abucheos.

Con entradas que durante los días previos se ofrecían por más de 8.000 U$SD, muchos argentinos que llegaron a Nueva York sin tickets tuvieron que resolver dónde mirar la final. Los bares cercanos a Times Square se llenaron desde las 11: algunos trabajaron con reservas, mientras en otros los hinchas fueron llegando hasta ocupar prácticamente cada espacio disponible.

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The Brazen Tavern fue uno de esos lugares. Había grupos que habían llegado juntos, pero también personas que se conocieron ahí y terminaron compartiendo mesa, nervios y partido. El Mundial, en definitiva, es eso: argentinos que se cruzaron a miles de kilómetros de sus casas y a los que les alcanzó una camiseta o un grito al unísono para empezar a hablar como si se conocieran desde antes.

En ese bar, además, las camisetas argentinas estaban efectivamente vestidas por argentinos. No era un detalle menor en una Nueva York atravesada durante las últimas semanas por el Mundial, donde la celeste y blanca también apareció como una prenda más entre turistas y fanáticos de otros países. Ahí, en cambio, detrás de cada camiseta había alguien sufriendo por un equipo que no logró patear al arco en los 90 minutos.

Cada vez que Argentina esbozaba un avance, el salón recuperaba el volumen. Cuando la pelota volvía a los pies de España, las caras largas y el silencio se apoderaban de la escena. Así se fueron escapando los minutos hasta que llegó el final y, de golpe, el ruido que había acompañado toda la tarde se apagó.

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Cerca de Sofía, algunos hinchas siguieron mirando la televisión, otros se abrazaron y varios comenzaron a irse. Hubo aplausos, manos que volvieron a tapar las caras y también lágrimas. Del otro lado de la barra, durante todo el partido, estuvo Matt.

Llegó a Nueva York desde Sioux Falls, Dakota del Sur, para intentar desarrollar una carrera como actor, vive en Washington Heights y trabaja como bartender en The Brazen Tavern. No es alguien que mire fútbol todos los días, según dice a este diario, pero durante esas horas sirvió bebidas, atendió pedidos y terminó contagiándose de lo que pasaba a su alrededor.

"Los hinchas argentinos son increíbles. La forma en la que apoyan a su equipo es mágica. Crean una atmósfera increíble con sus cantos, sus canciones y la camaradería que tienen entre ustedes", cuenta. "Me emociono con ustedes, se me pone la piel de gallina con ustedes. Ustedes realmente impactaron en la forma en la que veo este deporte", agrega en diálogo con LA GACETA.

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"Familia" es la palabra que elige para condensar lo que le quedó de esas dos horas atendiendo a los argentinos. Por la manera de acompañarse en los momentos buenos y malos, pero también por la relación que se generó con quienes trabajaban en un bar que por unas horas estuvo desbordado. "Es como una familia, de alguna manera, porque entienden tus momentos buenos y tus momentos malos. Es algo hermoso", dice.

Argentina no levantó la Copa y España cerró el Mundial como campeón después de ser superior en la final. Los hinchas empezaron a salir del bar y las camisetas celestes y blancas volvieron a dispersarse por las calles de Nueva York. Matt se quedó detrás del mostrador con una perspectiva distinta sobre un deporte que hasta ese día miraba desde lejos: durante más de 90 minutos vio a un grupo de hinchas festejar hasta un quite, sufrir cada ataque y terminar entre aplausos y lágrimas frente a una pantalla. Algo de todo eso, admite, terminó emocionándolo. No es poca cosa.

Fuente: La Gaceta

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