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Camila Perochena, sobre la economía argentina: "No hay que desaprovechar otra histórica oportunidad"

La historiadora ponderó el cambio de matriz productiva y económica que generarán las provincias de "la ruta 40".

Por Marcelo Aguaysol5 min de lectura
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Camila Perochena, sobre la economía argentina: “No hay que desaprovechar otra histórica oportunidad”
Camila Perochena, sobre la economía argentina: “No hay que desaprovechar otra histórica oportunidad” · Foto: La Gaceta

Resumen para apurados

La historia argentina es como un calvario, pero con cinco estaciones. Al menos esa es la visión que ayer expuso la historiadora Camila Perochena, que tuvo a cargo el cierre del 2° Simposio de Mercado de Capitales del NOA, organizado por el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

La profesora investigadora asistente de la Universidad Torcuato Di Tella en el Departamento de Estudios Históricos y Sociales y directora de los Posgrados en Historia arrancó su exposición con algo que se considera como el gran karma nacional: "los argentinos vivimos siempre en la incertidumbre que, a su vez, forma parte de la vida cotidiana".

De hecho, el panel de cierre del simposio presagiaba aquella definición. Se tituló "Decidir en tiempos inciertos: liderazgo, historia y largo plazo". Aclaró que no iba a referirse puntualmente de las decisiones de mercado, pero sí de un contexto más macro, con modelos de desarrollo como comunidad, política y país, con una visión histórica en la que el NOA ha sido protagonista de la creación de la Argentina como Nación.

Si bien aclaró el carácter centrista del poder, en torno de las definiciones que siempre se adoptan en Buenos Aires, Perochena indicó que el presente invita a reflexionar que la Argentina está viviendo algo diferente a aquella idea. "Por primera vez, las provincias van a tener un rol que no tuvieron nunca en su historia. Y me refiero al interior, al corredor de la ruta 40 que hoy es una ventana de oportunidades de las que la Argentina tuvo muchas, pero que se las dejaron pasar; no la aprovechamos", puntualizó. Desde ese concepto, la historiadora comenzó a desarrollar las cinco estaciones.

La primera, indicó, es la que se registró en 1816. "No hay mayor momento de incertidumbre como el que se vivió en Tucumán, asediados por todos lados, con revoluciones que se perdieron en toda América latina", relató. En ese contexto se declaró la Independencia Argentina. Aún así, continuó, se necesitaba construir un país, con reglas de juego y tratar de ponerse de acuerdo en la organización; si se trataba de un gobierno de monarquía o una república. En esa orientación, expuso que se tardaron tres años para discutir una Constitución que no era aceptada por ninguna de las provincias. "Nos independizamos, pero no pudimos construir acuerdos para mirarnos como un estado nacional unificado. Las asimetrías entre Buenos Aires y las provincias fueron una grieta que no sólo se quedaba en la disputa entre unitarios y federales, sino que además se profundizaba geográfica y económicamente, al monopolizarse los recursos de aduana de las zonas portuarias", sostuvo.

Perochena dijo que ese país trató de decidir qué hacer con los ingresos de aduana entre 1820 y 1860, "si se quedaban en la más rica y poderosa y que un poco fuera a los 13 ranchos, a las provincias que, sin ingresos, no podían hacer nada". Así, agregó, pasaron 50 años hasta lograr una república unificada, mientras que, por ejemplo, a los Estados Unidos les llevó 11 años entre revoluciones y constitución, para despegar como exportador de algodón y otros productos. "El costo de la polarización argentina fue insertarse tarde en el mundo", resumió.

La segunda estación marca una mejora hacia 1862, con un sistema tributario diferente y con caminos más transitables. Con Nicolás Avellaneda (tucumano) como presidente de la Nación, se empieza a tener otra mirada hacia las provincias, mientras Julio Argentino Roca termina por descabezar a Buenos Aires, al sacarle la ciudad, explicó Perochena. En ese entonces, estuvo latente la idea del proteccionismo a cambio de proteger las economías de las provincias, a través de aranceles a las importaciones. En ese contexto, Tucumán, con el azúcar, y Mendoza, con el vino, crecen más que el resto al desarrollar sus industrias. Así, señaló, se llegó a un período (1880-1914) con un crecimiento económico importante, con recursos, con infraestructura (ferrocarriles que abarataron costos) y con acuerdos políticos.

En la tercera estación, Perochena describió a la industria sustitutiva de importaciones. Citó una frase de Alejandro Bunge (1928), que llamó a la diversificación, frente a un contexto externo complicado, en la que algunas provincias podían florecer a través de la minería de varias manufactureras. El cambio de modelo, implicó que sólo Buenos Aires, Córdoba y Rosario se mantuvieran, mientras que las economías regionales padecían sus consecuencias. "Fue un período difícil, principalmente para Tucumán, porque en 1966 se cierran parte de los ingenios que sostenían la provincia. Todas padecieron este modelo, pero Tucumán más que nadie con la migración hacia los conurbanos", especificó la historiadora.

A la cuarta estación, Perochena la define como de crisis y desorientación. Según relató, arrancó en 1975 con el "Rodrigazo" mediante, con crisis cíclicas y planes de estabilización en busca de un modelo de desarrollo de largo plazo. "Aquel año de 1975 fue el peor para nuestra moneda; nunca pudimos recuperar la confianza en ella, ya que la sociedad perdió sus ahorros de un día para el otro", describió. En este período fueron más recurrentes los ciclos de "stop and go" (frenar y arrancar) con planes de estabilización que no funcionaron para tratar de equilibrar la macro.

La historiadora, sin embargo, puso el acento al período que fue entre 2003 y 2007, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, tras la salida de una abrupta crisis socioeconómica en el país. "Fue el de la mejor herencia en términos macroeconómicos y el momento para decidir qué modelo adoptar. Pero terminó siendo una de las ventajas perdidas más grandes en los últimos 50 años", acotó.

Y se llegó a la quinta estación a la que Perochena la tituló como "La economía de la ruta 40". En este aspecto, reconoció que se está cambiando la matriz productiva argentina. Y aquella frase de Bunge, de hace 100 años, vuelve a cobrar vigencia. "Los recursos mineros y energéticos están hoy en las provincias del interior y no hay que desaprovechar esa oportunidad. Pero que los recursos estén no significa que la cosa funcione", advirtió. La historia está para adoptar decisiones. Perochena, en ese aspecto, sugirió volver a mirar a la Argentina de fines del siglo XIX, pero no como lo mira el presidente Javier Milei de un Argentina como potencia, sino en dos cuestiones que sus discursos no mencionan: la infraestructura para mejorar rutas y ferrocarriles, y los acuerdos políticos. "No es fácil llegar a acuerdos políticos, pero es la única manera de pensar en no perder otra oportunidad histórica", finalizó.

Fuente: La Gaceta

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