Caminos rurales: las claves ante los excesos de lluvia de El Niño
Cuando las lluvias son abundantes, el agua puede convertirse rápidamente en uno de los principales factores de deterioro de los caminos rurales. Si las cunetas están erosionadas, los drenajes obstruidos o la superficie del camino perdió su perfil, el escurrimiento puede concentrarse, generar cárcavas y terminar afectando tanto la infraestructura como la circulación de personas […]

Cuando las lluvias son abundantes, el agua puede convertirse rápidamente en uno de los principales factores de deterioro de los caminos rurales. Si las cunetas están erosionadas, los drenajes obstruidos o la superficie del camino perdió su perfil, el escurrimiento puede concentrarse, generar cárcavas y terminar afectando tanto la infraestructura como la circulación de personas y vehículos.
Ante este escenario, y frente a la posibilidad de precipitaciones extraordinarias asociadas a un fenómeno de El Niño fuerte, la recomendación es anticiparse. Para el ingeniero agrónomo Ramiro Sosa, jefe de la Agencia de Extensión Rural de INTA Apóstoles, el mantenimiento preventivo de caminos y obras de drenaje resulta fundamental para disminuir los daños durante los períodos de excesos hídricos.
Uno de los primeros puntos a revisar son las cunetas, que cumplen un papel central en la conducción del agua hacia los sectores de descarga. Cuando presentan erosión, es necesario restituir su perfil e incorporar disipadores de energía a distancias calculadas, con el objetivo de reducir la velocidad del agua y estabilizar el terreno. En cárcavas avanzadas, estos elementos pueden colocarse a distancias intermedias para favorecer una recuperación completa del perfil.
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Las cárcavas de mayor tamaño, especialmente aquellas próximas a los caminos o directamente sobre sus trazas, requieren una atención prioritaria. Además de acelerar la pérdida de suelo, pueden convertirse en un riesgo para el tránsito de vehículos y personas, particularmente en condiciones de baja visibilidad.
Otro aspecto clave es garantizar que las obras de drenaje estén libres de obstáculos. Cunetas, alcantarillas, sangrías y drenajes laterales deben limpiarse y desobstruirse antes de los períodos de lluvias intensas. La acumulación de sedimentos disminuye la capacidad de evacuación del agua y puede provocar desbordes hacia la calzada.
También, es necesario revisar los pozos de decantación y las trampas de sedimentos. Su vaciado y reacondicionamiento permite que puedan retener el material arrastrado por las precipitaciones sin colmatarse rápidamente. De esta manera, además de proteger la infraestructura, se reduce el volumen de suelo que termina llegando a los cursos de agua.
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La superficie del camino tampoco queda fuera del mantenimiento preventivo. El perfilado y el correcto abovedado permiten que el agua escurra hacia los laterales en lugar de concentrarse sobre la huella de circulación.
Del mismo modo, las lomadas deben conservar su perfil y contar con suelo adecuadamente compactado para evitar cortes y procesos de socavación en los sectores donde se conectan con las cunetas.
El manejo del agua en los caminos rurales también tiene una dimensión ambiental. Una erosión sin control puede transportar grandes cantidades de suelo hacia arroyos, vertientes y otros cursos de agua.
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Ese arrastre puede provocar la típica coloración naranja del agua, afectar la flora y la fauna, deteriorar la calidad del recurso y favorecer la colmatación de los cauces.
Por eso, las medidas destinadas a conservar el suelo y controlar la velocidad del escurrimiento cumplen una doble función: protegen la infraestructura rural y disminuyen el impacto sobre los recursos hídricos.
La seguridad también exige prestar atención a los pozos de decantación ubicados cerca de zonas de circulación. Deben estar claramente señalizados mediante elementos de alta visibilidad, postes o barreras que permitan advertir su presencia y prevenir accidentes.
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Finalmente, debe considerarse el efecto de la vegetación ubicada en los márgenes de los caminos. En los caminos terrados de Misiones, la presencia de árboles y vegetación densa sobre las banquinas y zonas aledañas puede reducir significativamente la llegada de radiación solar a la calzada y limitar la circulación de aire, especialmente durante el invierno, cuando el ángulo solar es menor y las sombras se proyectan durante más tiempo. Por ello, el mantenimiento de banquinas despejadas y la poda selectiva de la vegetación cercana al camino favorecen una mayor exposición solar, aceleran el secado de la superficie después de las lluvias y contribuyen a recuperar más rápidamente las condiciones de transitabilidad.
Para concluir, Sosa enfatiza en "la necesidad de prevenir antes de reparar. Frente a eventos climáticos extremos, revisar caminos, drenajes, cunetas y obras de infraestructura cuando todavía están operativos puede evitar que una lluvia intensa transforme pequeños problemas en daños mayores y reduzca la transitabilidad de los establecimientos rurales".
Colaboración: Francisco Pascual y Martín Ghisio
Fuente: Primera Edición
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