Capítulo XLV de "Historias del crimen" en Spotify: la pelea por una mula que terminó en una muerte en Calingasta
Una noche de vino, una pelea en un bar y una persecución por la Ruta 20 terminaron con la muerte de Luis Armando Collao, conocido como "el Chileno". La Justicia nunca pudo determinar con certeza si la lesión fatal fue causada por un piedrazo o por una caída de la mula q…

Una discusión en un bar de Villa Nueva derivó en una persecución a caballo durante la noche del 22 de octubre de 1967. Luis Armando Collao, conocido como "el Chileno", recibió un piedrazo en la cabeza tras llevarse una mula ajena. Murió dos días después y la Justicia debió resolver un caso marcado por las dudas sobre cómo se produjo la lesión fatal.
La noche había comenzado entre vasos de vino, bromas y conversaciones de trabajadores mineros. Pero terminó con un hombre tendido al costado de la Ruta 20 y una muerte que durante meses generó interrogantes en los tribunales sanjuaninos.
Luis Armando Collao era una figura conocida en Villa Nueva, en Calingasta. Trabajaba como changarín en la mina Castaño y arrastraba una reputación que lo precedía. Vecinos y conocidos lo describían como un hombre pendenciero, de carácter difícil y propenso a los conflictos, especialmente cuando el alcohol entraba en escena.
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El domingo 22 de octubre de 1967 llegó al bar de Cecilio Sánchez dispuesto a compartir unas copas con otros jornaleros de la zona. En el local también se encontraban los hermanos Rubén y Luis Arancibia, Juan Malla, Sabino González y otros habitantes del lugar. Todos se conocían y la reunión transcurría con normalidad hasta que una discusión alteró el clima.
Con el paso de las horas y el efecto del vino, Collao comenzó a discutir con Juan Malla. Nadie pudo establecer con precisión qué originó el enfrentamiento. Lo cierto es que la discusión escaló rápidamente y terminó cuando el chileno golpeó a Malla de un puñetazo que lo derribó.
Los presentes intervinieron para separarlos y el dueño del establecimiento decidió expulsar a Collao. Furioso, salió del bar insultando a todos. Pero el incidente no terminó allí. Apenas llegó a la calle, tomó una mula perteneciente a uno de los hermanos Arancibia y emprendió camino hacia el norte por la Ruta 20.
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Cuando los demás advirtieron lo ocurrido, Rubén Arancibia decidió salir tras él. Como su hermano se encontraba demasiado ebrio para perseguirlo, pidió ayuda a su amigo Sabino González. Ambos montaron sus animales y comenzaron a seguir el rastro del "Chileno".
Después de recorrer aproximadamente un kilómetro lograron alcanzarlo. Arancibia le exigió que devolviera la mula, pero Collao se negó a bajarse y respondió con provocaciones. Lo que ocurrió en los minutos siguientes se convertiría en el eje central de la investigación judicial.
Según declaró más tarde Rubén Arancibia, descendió de su caballo, tomó una piedra del camino y se la arrojó a Collao cuando éste intentó enfrentarlo. El impacto hizo caer al chileno de la montura.
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Sin embargo, nunca quedó completamente claro qué sucedió después. Existieron sospechas de que Arancibia continuó golpeándolo cuando ya estaba en el suelo e indefenso. El acusado siempre negó esa versión y sostuvo que sólo lanzó una piedra.
Sabino González tampoco aportó demasiadas precisiones. Declaró que se había adelantado para sujetar la mula y que no observó la agresión. Según su relato, cuando volvió a encontrarse con Arancibia, éste le comentó que había peleado con Collao y ambos continuaron camino sin regresar al lugar donde había quedado el hombre herido. Durante horas nadie volvió a verlo.
La mañana siguiente, alrededor de las 8, el comerciante Cipriano Baratta transitaba por la Ruta 20 cuando observó una figura inmóvil sobre el camino. Al acercarse descubrió que se trataba de Luis Armando Collao.
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Estaba inconsciente, cubierto de sangre y con graves heridas en la cabeza y el rostro.
Baratta lo cargó en su vehículo y lo trasladó de urgencia al hospital de Calingasta. A pesar de los esfuerzos médicos, el jornalero permaneció internado apenas unas horas. Murió en los primeros minutos del martes 24 de octubre de 1967 como consecuencia de un severo traumatismo de cráneo. Para entonces, la Policía ya había reconstruido gran parte de los hechos.
Las averiguaciones condujeron a los investigadores hasta el bar de Cecilio Sánchez. Los testimonios permitieron establecer la secuencia de acontecimientos: la pelea con Juan Malla, el robo de la mula, la persecución por la ruta y el enfrentamiento con Rubén Arancibia.
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Con esos elementos, los investigadores detuvieron a Arancibia y a Sabino González. Sin embargo, este último fue desvinculado meses después al no encontrarse pruebas que acreditaran su participación en la agresión.
Rubén Arancibia quedó como único acusado. El fiscal sostuvo que había atacado repetidamente a Collao con piedras hasta dejarlo moribundo y solicitó una condena de 12 años de prisión por homicidio simple.
La defensa planteó una versión completamente diferente. Sus abogados insistieron en el carácter conflictivo de la víctima y recordaron que aquella misma noche había golpeado a otro hombre dentro del bar y se había llevado una mula ajena. También afirmaron que Arancibia sólo intentaba recuperar el animal y que fue Collao quien buscó enfrentarlo.
Pero la principal discusión giró en torno a una pregunta que nunca pudo responderse con certeza: ¿la lesión mortal fue causada por el piedrazo o por la caída desde la mula? El expediente no logró despejar esa duda.
El juez entendió que no existían pruebas concluyentes para determinar cuál de las dos circunstancias había provocado el traumatismo fatal. Tampoco encontró elementos suficientes para afirmar que Arancibia hubiera actuado con intención de matar.
En su análisis señaló que, de haber existido una voluntad homicida, el acusado probablemente habría utilizado un arma de fuego o un cuchillo, elementos habituales entre los trabajadores rurales de la época. En cambio, había empleado una piedra recogida del camino.
Frente a las incertidumbres del caso, el magistrado aplicó el principio jurídico de in dubio pro reo, que establece que toda duda razonable debe beneficiar al acusado. El 4 de abril de 1969 llegó la sentencia.
Rubén Fermín Arancibia, de 34 años, fue condenado a cuatro años de prisión por homicidio preterintencional, una figura penal que contempla los casos en los que una agresión produce un resultado más grave que el pretendido por el autor.
Después de permanecer un largo tiempo detenido y gracias a su buena conducta, obtuvo la libertad asistida poco tiempo más tarde.
Así concluyó una causa nacida entre copas de vino, viejas rivalidades y una persecución nocturna por los caminos de Calingasta. Un expediente atravesado por las dudas, donde la Justicia nunca logró determinar con absoluta certeza si la muerte del "Chileno" Collao fue consecuencia de una pedrada o de una caída, pero que terminó marcando para siempre la vida de todos los involucrados.
Esta producción es una incursión de Tiempo de San Juan en esta plataforma. Cada semana se emitirá un nuevo capítulo. El contenido está a cargo de Walter Vilca, Agostina Montaño y Adrián Caravajal.
Capítulo XLIV de "Historias del crimen" en Spotify: la discusión en la Villa Montes Romaní que terminó con un muerto
Capítulo XLIV de "Historias del crimen" en Spotify: la discusión en la Villa Montes Romaní que terminó con un muerto
Fuente: Tiempo de San Juan
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