Carrera por la Inteligencia Artificial: Milei prometió evitar regulaciones y se alineó a Estados Unidos
El presidente cuestionó el control de los organismos internacionales sobre la revolución digital y advirtió que «el miedo no debe convertirse en obediencia» durante su intervención en la ONU. A contramano de las regulaciones globales, prometió convertir a la Argentina en un polo…

Por Gabriel Jara
Foto: EFE.
El presidente Javier Mileiutilizó su intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para ratificar su alineamiento estratégico con Occidente y trazar su visión económica respecto a las nuevas tecnologías. En medio de fuertes críticas a las políticas de intervención estatal y a las agendas globales, el mandatario abordó el debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) y prometió convertir al país en un polo de desarrollo tecnológico libre de regulaciones preventivas.
La postura del jefe de Estado irrumpe en un contexto de altísima tensión internacional por el control de la revolución digital. Mientras Estados Unidos y China profundizan su disputa geopolítica por el acceso a la infraestructura crítica y a los semiconductores avanzados, las principales figuras de Silicon Valley reclaman una desaceleración en el desarrollo de los algoritmos ante el temor a perder el control operativo.
En sentido contrario a las advertencias de la industria, Milei rechazó los pronósticos distópicos, desestimó los miedos sobre la pérdida masiva de puestos de trabajo y defendió la tecnología como un acelerador para el crecimiento de la productividad sin necesidad de intervención gubernamental.
Milei indicó que la postura de las instituciones globales frente a la innovación tecnológica demuestra que no aprendieron la lección de sus fracasos previos. «Y si por algún momento nos ilusionamos con que la lección estuviera aprendida tras tantos fracasos, la llegada de la Inteligencia artificial nos demuestra lo contrario», aseguró Milei ante la asamblea, y recordó que «la imprenta, la máquina a vapor, la electricidad, Internet, cada gran revolución tecnológica estuvo acompañada por temores acerca de aquello que destruía, en especial, el empleo».
Frente a esos temores, el mandatario apuntó contra «los luditas y pesimistas de siempre, como esta casa», y calificó de «ridiculez» las teorías sobre la pérdida masiva de trabajo. A modo de ejemplo, argumentó que si en la Revolución Industrial el empleo se hubiese mantenido constante frente a una población que se multiplicó por diez, «según estas hipótesis disparatadas la tasa de desempleo en el mundo sería de un 90%».
En contraposición, Milei defendió la irrupción de estos avances: «Ahora el hombre ha construido máquinas capaces de realizar tareas que hasta hace muy poco parecían reservadas a su propia inteligencia. Y allí, donde muchos ven una amenaza, nosotros vemos una frontera«. Al citar a Adam Smith, definió a la IA como «la fábrica de alfileres del siglo XXI, y mucho más», advirtiendo que «puede multiplicar nuestra productividad en órdenes de magnitud, que todavía no comprendemos» y transformar la economía, la medicina, la educación y la forma de gobernar.
Aunque reconoció que esta transformación exige prudencia, fue tajante sobre las regulaciones: «Prudencia no significa miedo, y es más, el miedo bajo ningún punto de vista debería convertirse automáticamente en obediencia». En esa línea, sostuvo que «los escenarios distópicos a los que se suele aludir para infundir el miedo y propiciar el control del Estado, carecen de sentido desde el punto de vista económico», ya que el crecimiento productivo se equilibrará de forma natural con una demanda genuina, «sin necesidad de déficits fiscales ni emisión espuria de dinero».
Al rechazar de lleno cualquier tipo de intervención gubernamental, el jefe de Estado argumentó: «Cuando escuchamos que el Estado debe controlar la inteligencia artificial, conviene recordar algo elemental: el Estado no es una criatura abstracta, sino hombres, funcionarios y burócratas, y concederle el control sobre la innovación es conceder a algunos, en el mejor y más ingenuo de los casos, la facultad de limitar lo que los demás pueden crear«. Agregó que históricamente «el miedo al mañana fue argumento para restringir libertades en el presente», pero que su gestión aplicará un principio diferente: «Ante la incertidumbre, proponemos determinación; ante el miedo, coraje».
Como plan de acción nacional, prometió que «ante la Inteligencia artificial, la Argentina se ubicará en la vanguardia de la libertad». Para lograrlo, ofreció los minerales críticos, la energía y el talento del país: «Queremos ser el lugar más competitivo al mundo para desarrollarla, con un marco jurídico de vanguardia, el compromiso de no regular de manera preventiva, responsabilidad limitada para las empresas que operen con agentes de IA y beneficios fiscales«.
Por último, definió a la tecnología como un asunto que «no es geopolíticamente neutral». Como cierre de su postura, ratificó su alineamiento internacional: «Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología para asegurarnos que sea acorde a nuestros valores fundamentales libertarios, como son el respeto a la vida, la libertad y la propiedad privada, y la noción de dignidad humana. En eso compartimos plenamente la visión del presidente Trump«.
La tensión geopolítica por el control de los algoritmos escaló a un nivel de fricción diplomática directa a previo a la cumbre bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, prevista para este 24 de septiembre.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, defendió una desaceleración coordinada del desarrollo de la IA para comprender mejor los riesgos que suponen las capacidades avanzadas de esta tecnología. Su posturarecibió apoyo público del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman; del director de xAI, Elon Musk; del presidente de Google DeepMind, Demis Hassabis; y del director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella.
«Hay una conspiración ENFERMIZA en marcha contra la IA y los centros de datos, y el único feliz con ello es China», aseguró Trump en su plataforma Truth Social.
«La Administración Trump ha impedido que la 'gente' de la IA haga cosas malas, o potencialmente malas, como Dario (¡Anthropic!), que ahora finge ser un 'angelito perfecto'», acusó Trump.
«El único control o valla de contención que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡de alto coeficiente intelectual!), y Estados Unidos lo tiene, ¡y de sobra!», afirmó. «¡Conspiranoicos, traidores y filtradores, CUIDADO!» amenazó.
Esta postura de avance irrestricto encontró eco en el Capitolio a través del senador republicano Ted Cruz, titular del Comité de Comercio, Ciencia y Transporte. El legislador respaldó la idea de no ceder terreno ante Beijing y lanzó una frase contundente para desestimar las alertas de la industria: «Si va a haber robots asesinos, prefiero que sean robots asesinos estadounidenses antes que robots asesinos chinos».
«¡QUIEN GANE LA IA, GANA!» y sentenció que el único control necesario es «un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE».
A la par, Amodei publicó un extenso ensayo en donde reclamó a la Casa Blanca profundizar el bloqueo de semiconductores avanzados hacia Beijing y propuso una desaceleración global de la tecnología. En su texto, el empresario alertó que un liderazgo del país asiático «representaría un grave peligro para Estados Unidos y para el mundo», y advirtió que agentes autónomos de IA podrían tomar el control de infraestructuras de internet en un lapso de seis a doce meses.
La respuesta oficial de China llegó a través del portavoz de la cancillería, Guo Jiakun, quien acusó a Silicon Valley de «sembrar el miedo, apostar a la confrontación y alentar una competencia destructiva». En paralelo, el periódico estatal Global Times definió la iniciativa de Amodei como un «manual de la Guerra Fría adaptado al sector tecnológico».
El enfrentamiento sumó otro foco de conflicto tras las denuncias del FBI y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) sobre presuntas maniobras de ciberespionaje chino para extraer capacidades de modelos como Claude y ChatGPT. Frente a estas acusaciones, el Ministerio de Comercio oriental defendió sus prácticas de software y denunció que Washington pretende consolidar un «monopolio exclusivo» en el ecosistema digital.
En un abordaje diametralmente opuesto a la visión mercantilista de las potencias y a la postura de Javier Milei, el papa León XIV respaldó una agenda de seis proyectos de cooperación entre el Norte y el Sur global para intervenir sobre los efectos de la tecnología. Al clausurar el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti en Roma, el pontífice pidió que la innovación técnica se oriente al bien común y llamó a construir acuerdos frente a las desigualdades laborales.
La iniciativa, que reunió a representantes de la Iglesia, sindicatos, empresas y universidades, promueve proyectos concretos sobre inteligencia artificial y trabajo, cuidados, juventudes, transición energética y protección territorial. Durante el encuentro, el dirigente sindical y representante ante la OIT, Gerardo Martínez, fijó la postura gremial con tres principios rectores: «No resistir a la innovación, no aceptar la exclusión y negociar la transición«, tras advertir que un algoritmo jamás debería decidir en soledad sobre el empleo y los salarios.
En su mensaje final, a menos de dos meses de su esperada visita a la Argentina, León XIV enmarcó el debate con una cita de su encíclica Magnifica Humanitas: «Estamos ante la posibilidad de levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El Papa advirtió que el desarrollo no debe dejar «nuevas ruinas a su paso» y reclamó un diálogo profundo para definir qué lugar tendrá cada persona en las sociedades del futuro, con especial atención sobre los sectores más vulnerables.
Los propios arquitectos de los modelos de inteligencia artificial más avanzados exigen una pausa técnica. El debate dominó la conferencia anual Dreamforce en San Francisco, el megaevento de la empresa Salesforce que congregó a cuarenta y tres mil personas. Allí fue donde Amodei propuso desacelerar el ritmo de mejora de los algoritmos ante los crecientes riesgos operativos. Frente a doce mil asistentes, el empresario utilizó una analogía con la industria automotriz para exigir responsabilidad a sus competidores: «Obviamente, es muy tentador atacar a tu competidor y decir 'estos son inseguros, nosotros somos seguros'. Pero creo que la forma más responsable de responder es decir: primero, miremos nuestro propio historial».
La advertencia de Amodei llegó pocos días después de la renuncia de Jacob Coxon, un empleado clave de Anthropic que abandonó la compañía con una dura acusación pública, en la cual afirmó que los laboratorios apuestan «con nuestras vidas».
Para contener estas amenazas, el titular de Anthropic delineó un plan de tres pasos: autoexamen interno sobre transparencia y seguridad, trabajo conjunto para elevar los estándares de la industria y coordinación internacional entre empresas y países. «Creo que esa es la manera de llevar a la industria hacia adelante, dar el ejemplo, decir que todos siempre pueden ser mejores», sostuvo, tras aclarar que la tecnología actual apenas explota entre un 5% y un 10% de su valor económico posible.
El temor sobre la autonomía de los algoritmos cobró fuerza con la confirmación de un grave incidente de seguridad informática protagonizado por Google. La compañía admitió que, durante una prueba técnica de rutina en el mes de mayo, su modelo Gemini vulneró sistemas externos, adivinó contraseñas y logró penetrar en sitios protegidos de tres organizaciones. Heather Adkins, responsable de seguridad de la empresa, confirmó la gravedad del episodio al detallar la dinámica autónoma del programa: «Las tres veces, el modelo se detuvo». La filtración de este caso, investigado de forma interna desde el mes de julio, expuso en la práctica los peligros de pérdida de control advertidos por los especialistas.
Frente a los intentos de autorregulación, un grupo de usuarios presentó una demanda colectiva ante el Tribunal de Distrito del Norte de California contra Anthropic, OpenAI, SpaceXAI y Google. Los denunciantes acusan a las compañías de forjar un acuerdo ilegal para ralentizar el desarrollo tecnológico, en una maniobra que violaría las leyes antimonopolio y perjudicaría a los consumidores de suscripciones pagas.
El abogado patrocinante, Nick Rowley, justificó la acción judicial con una alerta terminal: «La IA escapará rápidamente del control humano y podría acabar con todos nosotros si permitimos que la seguridad y los protocolos de la IA… sean controlados por acuerdos privados y egoístas entre las empresas tecnológicas con fines de lucro más poderosas del mundo».
Para destrabar los pactos de seguridad sin violar normas de competencia comercial, Amodei propuso la intermediación del gobierno estadounidense y la concesión de una exención limitada a las leyes antimonopolio. Altman secundó la idea de un «marco federal que establezca requisitos de seguridad uniformes», aunque aclaró una prioridad del sector: «no creemos que debamos esperar a una exención o legislación antimonopolio para comenzar a generar esta confianza».
Sin embargo, la colaboración empresaria choca con el rechazo del arco político republicano. El senador Josh Hawley descartó cualquier tipo de amnistía legal para coordinar acciones, al advertir que «no existe ningún escenario» para eximir a las grandes firmas de la ley y permitir que sofoquen la competencia del mercado.
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El presidente Javier Mileiutilizó su intervención ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas para ratificar su alineamiento estratégico con Occidente y trazar su visión económica respecto a las nuevas tecnologías. En medio de fuertes críticas a las políticas de intervención estatal y a las agendas globales, el mandatario abordó el debate sobre el impacto de la Inteligencia Artificial (IA) y prometió convertir al país en un polo de desarrollo tecnológico libre de regulaciones preventivas.
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Fuente: Río Negro
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