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Casi la mitad de los jóvenes argentinos vive con sus padres por el alto costo de independizarse

El costo conjunto de alquiler, expensas y servicios supera el sueldo promedio en un 47%. La situación se agravó tras la derogación de la Ley de Alquileres.

Por El Ancasti6 min de lectura
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Casi la mitad de los jóvenes argentinos vive con sus padres por el alto costo de independizarse
Casi la mitad de los jóvenes argentinos vive con sus padres por el alto costo de independizarse · Foto: El Ancasti

El costo conjunto de alquiler, expensas y servicios supera el sueldo promedio en un 47%. La situación se agravó tras la derogación de la Ley de Alquileres.

Imagen ilustrativa.

En un contexto marcado por la caída del poder adquisitivo de los salarios, el encarecimiento de los alquileres tras la desregulación del mercado inmobiliario y la persistencia de empleos de bajos ingresos, casi la mitad de los jóvenes argentinos continúa viviendo con sus padres porque independizarse exige ingresos muy superiores a los que percibe la mayoría. Un relevamiento del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), que concluye que el 44 por ciento de los jóvenes reside con su madre o su padre, mientras apenas el 26 por ciento vive solo. Otro 21 por ciento comparte vivienda con amigos o compañeros y solo un 6 por ciento convive con su pareja.

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El estudio pone cifras a una realidad que comenzó a profundizarse durante el último año y medio, atravesado por la caída del consumo, el deterioro del empleo registrado y la pérdida del poder de compra de los salarios. Según el informe, el principal obstáculo para abandonar el hogar familiar es el costo de alquilar una vivienda. "El acceso al alquiler constituye el principal condicionante", señala el trabajo. El 44 por ciento de los consultados identificó el costo conjunto del alquiler, las expensas y los servicios como la principal barrera para emanciparse. En consecuencia, sostiene el documento, "alcanzar la independencia económica y residencial suele requerir más tiempo que en generaciones anteriores".

El deterioro coincide con un mercado inmobiliario se transformó profundamente luego de la derogación de la Ley de Alquileres impulsada por el gobierno de Milei mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023. La desregulación permitió contratos más flexibles, con actualizaciones más frecuentes y libertad entre las partes para fijar las condiciones de pago, una modificación que fue celebrada por las cámaras inmobiliarias pero que implicó un fuerte aumento en el costo de acceso para miles de inquilinos, especialmente los más jóvenes.

Diversos relevamientos publicados durante los últimos meses por organizaciones especializadas y consultoras del sector inmobiliario muestran que, si bien aumentó la oferta de propiedades en alquiler, los valores iniciales de los contratos crecieron muy por encima de la evolución de los salarios. En paralelo, la recuperación del crédito hipotecario todavía resulta insuficiente para quienes tienen ingresos medios o bajos y no cuentan con capacidad de ahorro para afrontar un anticipo.

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En ese contexto, el informe de la UADE calculó cuánto cuesta, en promedio, vivir solo en la Argentina. La denominada "canasta de emancipación", construida a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec y relevamientos del mercado inmobiliario, asciende actualmente a $1.321.651 mensuales. Ese monto contempla tres grandes componentes. El alquiler representa el gasto más importante, con $623.726 mensuales. Los servicios, que incluyen expensas, electricidad, gas, agua e internet, suman $370.512, mientras que la canasta básica de consumo personal alcanza los $327.413.

La comparación con los ingresos evidencia la magnitud del problema. Según el estudio, el salario promedio de un joven ronda los $900.000, por lo que independizarse requiere disponer de un ingreso casi un 47 por ciento superior al que percibe la mayoría. La distancia entre ingresos y costo de vida explica por qué la permanencia en el hogar familiar dejó de ser una elección exclusivamente cultural para convertirse en una estrategia económica. También ayuda a comprender otro de los datos que arroja la investigación: la edad mediana de emancipación llegó a 28,1 años en la Argentina.

El estudio identifica diferencias entre mujeres y varones. Mientras ellas abandonan el hogar familiar, en promedio, a los 27,1 años, los hombres lo hacen recién a los 29,2 años, una brecha que los investigadores vinculan tanto a diferencias en los proyectos de vida como a cuestiones económicas y laborales. Aunque las restricciones económicas ocupan el primer lugar entre los motivos para seguir viviendo con los padres, no son las únicas razones. El informe detectó que un 15 por ciento de los encuestados manifestó que no quiere resignar su nivel de vida.

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Lejos de atribuir esa respuesta a una cuestión de comodidad, los investigadores sostienen que existe un componente simbólico. "Lejos de interpretarse como un capricho o comodidad, permanecer en el hogar familiar es una forma de preservar un capital simbólico vinculado al estilo de vida", explica el trabajo. Agrega además que renunciar a determinadas condiciones materiales puede percibirse como una "degradación del estatus", por lo que independizarse representa un costo tanto económico como identitario.

La convivencia con los padres también genera sentimientos encontrados. Para una parte importante de los jóvenes representa una fuente de apoyo y estabilidad, aunque al mismo tiempo aparece asociada a la frustración por no poder desarrollar un proyecto autónomo. El 27 por ciento de los consultados afirmó que experimenta tranquilidad y contención viviendo con su familia. Sin embargo, el 14 por ciento manifestó frustración por no lograr independizarse y otro 13 por ciento aseguró sentir una sensación de estancamiento.

El trabajo también revela que más de la mitad de quienes viven con sus padres —el 52 por ciento— tiene ingresos inferiores a los de ellos y un 9 por ciento directamente no percibe ingresos propios. Como consecuencia, el 76 por ciento no realiza aportes económicos regulares o solo colabora de manera ocasional con los gastos familiares. La situación aparece estrechamente vinculada con las dificultades que atraviesa el mercado laboral para los jóvenes. En los últimos meses distintos informes oficiales mostraron un crecimiento del empleo informal y una mayor participación de modalidades laborales precarias, mientras que los salarios de ingreso continúan rezagados respecto del costo de vida. Esa combinación reduce las posibilidades de ahorro y vuelve prácticamente inaccesible el ingreso al mercado inmobiliario para quienes recién comienzan su trayectoria laboral.

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Pese a ese escenario, el deseo de abandonar el hogar familiar permanece vigente. El 58 por ciento de quienes viven con sus padres manifestó que tiene intención de mudarse en el futuro, mientras que un 21 por ciento todavía tiene dudas y otro 21 por ciento no planea hacerlo. Entre quienes desean independizarse predominan los proyectos individuales. El 57 por ciento preferiría vivir solo y el 38 por ciento optaría por hacerlo en pareja, una preferencia que muestra que la independencia residencial continúa siendo una meta personal aun cuando las condiciones económicas obliguen a postergarla.

Juana Jurado, investigadora en Psicología de la UADE, sintetizó ese cambio de escenario al señalar que "la salida de la casa familiar ya no depende solo del deseo de independencia, sino de una combinación de factores económicos, familiares y emocionales". La especialista añadió que "para la mayoría, irse de casa se volvió una proeza económica; para otros, la convivencia con los padres ofrece comodidad, contención y libertad". La investigadora sostuvo además que uno de los rasgos distintivos de esta generación es la convivencia entre autonomía e dependencia. Muchos jóvenes estudian, trabajan y desarrollan proyectos personales, pero continúan viviendo con sus familias porque eso les permite reducir gastos en un contexto donde alquilar absorbe buena parte de los ingresos disponibles.

Fuente: El Ancasti

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