Cercos eléctricos: cuáles son las zonas en las que más se usa el sistema de seguridad que sigue ganando terreno en las casas de San Juan
El sistema se convirtió en una alternativa para reforzar la seguridad de las viviendas. Cómo funciona, cuánto cuesta y qué hay que tener en cuenta.

Durante años, las rejas fueron una de las primeras imágenes asociadas a la seguridad de una casa. Después llegaron las alarmas, las cámaras y distintos dispositivos tecnológicos que prometían sumar una capa de protección. Ahora, en San Juan, hay otro elemento que comenzó a ganar terreno con fuerza en el último tiempo, en los frentes y medianeras: el cerco eléctrico.
No se trata de una novedad en materia de seguridad, pero sí de un sistema cuya demanda creció de manera marcada en los últimos años. Así lo observa Fernando Rivera, instalador y encargado del mantenimiento de cercos eléctricos domiciliarios, quien trabaja con este tipo de dispositivos desde hace alrededor de 15 años en la provincia.
Según explicó, durante buena parte de ese tiempo las consultas eran esporádicas y el sistema tenía mayor presencia en viviendas ubicadas en zonas alejadas. El escenario comenzó a cambiar después de la pandemia y, actualmente, la demanda se trasladó con fuerza hacia distintos sectores del Gran San Juan.
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Rivadavia, Santa Lucía, Pocito y Albardón aparecen, según su experiencia, entre las zonas donde más consultas recibe, mientras que Rawson se sumó recientemente con un incremento importante de pedidos.
Pero hay un dato que, para Rivera, refleja mejor que ningún otro cómo cambió el interés por este tipo de protección. "Cuando inicié instalando cercos, me llamaban cinco personas. Después de la pandemia, me llamaban diez y nueve eran por curiosidad, para saber cómo funcionaba. Hoy me llaman diez personas y a las diez se les han metido a robar, o le pasó a un vecino o a un familiar", contó.
A diferencia de una alarma convencional, que generalmente actúa cuando alguien ya ingresó o intentó ingresar a una propiedad, el cerco eléctrico trabaja sobre el perímetro. La instalación consiste en una serie de alambres paralelos colocados sobre paredes, medianeras u otros sectores de cierre. Estos cables están conectados a un energizador que genera pulsos eléctricos controlados.
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La primera función del sistema, sin embargo, no es dar una descarga. Su objetivo inicial es disuadir. La presencia de los alambres y de la cartelería que advierte sobre la electrificación busca que quien pretenda ingresar sepa, antes de intentar hacerlo, que existe una barrera adicional. Y si esa advertencia no alcanza y alguien intenta cortar, levantar o violentar el cerco, entra en funcionamiento la segunda parte del sistema: la sirena. "Es una barrera física que, además de disuadir, impide el ingreso. Y si lo cortan o lo quieren vulnerar, necesariamente tienen que violentarlo para poder entrar y ahí actúa el sistema de sirena", explicó Rivera.
De esta manera, el funcionamiento puede pensarse en distintas capas: primero la barrera física y visual; luego el pulso eléctrico ante el contacto y, finalmente, la alarma sonora si el sistema es vulnerado.
A esto se pueden sumar otros dispositivos. Actualmente existen modelos que trabajan mediante conexión WiFi y permiten recibir una notificación directamente en el teléfono cuando se dispara la alarma. También es posible incorporar cámaras como complemento del cierre perimetral.
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La cámara, en este caso, no reemplaza al cerco. Cumple otra función: permite observar qué está ocurriendo en el lugar y sumar información cuando el sistema se activa.
Es uno de los puntos que más dudas genera entre quienes evalúan instalarlo. De acuerdo con la explicación del instalador, los equipos que se comercializan actualmente trabajan con tensiones que pueden ubicarse aproximadamente entre los 7.000 y los 22.000 voltios, pero con un amperaje muy bajo y mediante pulsos, no con una corriente eléctrica continua.
La diferencia es importante: el voltaje indica la capacidad de generar una diferencia de potencial, mientras que la intensidad de corriente es la que determina la cantidad de corriente que circula. En este tipo de sistemas, el objetivo es generar un efecto disuasivo y una contracción muscular momentánea, no mantener una descarga constante.
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Rivera explicó que el contacto puede provocar una sensación de aturdimiento, dolor y adormecimiento momentáneo. Sin embargo, esto no significa que el sistema sea inocuo en cualquier circunstancia. La instalación debe realizarse con equipos adecuados, respetando las condiciones de seguridad y la normativa correspondiente.
Otro de los argumentos que favorecen la elección de estos sistemas es su bajo consumo eléctrico. Según Rivera, un equipo puede consumir alrededor de 5 watts, una potencia inferior a la de una lámpara LED doméstica pequeña. Además, el sistema cuenta habitualmente con una batería de respaldo, de manera que su funcionamiento no depende exclusivamente de que la vivienda tenga suministro eléctrico en ese momento.
El precio depende de las características de cada propiedad, la extensión del perímetro, el tipo de instalación y los elementos adicionales que se incorporen. Como referencia, Rivera ubicó actualmente una instalación básica en San Juan entre $1.000.000 y $1.500.000, aunque el valor puede variar según cada caso.
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Dentro de un sistema completo pueden incluirse la barrera perimetral electrificada, el energizador, la sirena, la batería, el control remoto y la posibilidad de administrar o recibir alertas mediante una aplicación en el teléfono.
En algunos casos, además, los instaladores ofrecen promociones que incluyen una cámara dentro del presupuesto. Pero el dispositivo cumple una función complementaria: el verdadero objetivo del sistema continúa siendo proteger el perímetro e impedir o dificultar el ingreso.
En algunas instalaciones los alambres aparecen acompañados por pequeñas luces que permiten visualizar el recorrido del cerco durante la noche. Rivera contó que comenzó a incorporar iluminación también como una cuestión estética, aunque considera que puede colaborar con la función disuasiva al hacer más evidente la presencia del sistema.
Pero hay una diferencia importante entre las luces y la señalización. La cartelería de advertencia sí es obligatoria, según explicó el instalador, mientras que las luces son un elemento adicional.
La elección del instalador es uno de los puntos más importantes antes de contratar un cerco eléctrico. El consejo de Rivera es verificar referencias comprobables, solicitar una explicación detallada sobre el funcionamiento del equipo, exigir pruebas antes de dar por terminada la instalación y preguntar por la garantía y el servicio técnico posterior. "Hay que tener en cuenta que no sea solamente un sistema que da corriente, sino que sea completo, que funcione y que te avise en caso de que lo vulneren", señaló.
Esto cobra especial importancia porque el cerco permanece expuesto en el exterior. A diferencia de otros sistemas cuyos componentes principales permanecen dentro de la vivienda, los alambres, aisladores y conexiones están permanentemente sometidos al sol, la lluvia, el viento y otros factores ambientales. También pueden sufrir daños accidentales o intentos de manipulación.
Por eso, el mantenimiento forma parte del funcionamiento del sistema y no debería considerarse un detalle secundario. "Esto muchas veces requiere más seguido un mantenimiento porque está expuesto. Está afuera, está expuesto al clima, al delincuente, al intruso, al niño que pasó y tiró algo. En algún momento vas a necesitar soporte técnico", explicó Rivera.
El crecimiento de los cercos eléctricos no significa que hayan reemplazado a las rejas, las alarmas o las cámaras. En muchos casos, justamente, se utilizan en conjunto. La lógica es sumar obstáculos antes de que una persona pueda llegar al interior de la vivienda: un cierre físico, una barrera electrificada, una sirena, cámaras y avisos al teléfono pueden formar parte de un mismo esquema de protección.
*Fuente: Fernando Rivera, Fermax Cercos Eléctricos
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Fuente: Tiempo de San Juan
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