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Cerebro saludable: qué hábitos ayudan a prevenir el deterioro cognitivo

Aprender un idioma, tocar un instrumento, estudiar, hacer actividad física y sostener vínculos son algunas de las estrategias que ayudan a conservar la salud cerebral. Un especialista explica por qué nunca es tarde para generar nuevas conexiones neuronales.

Por Lucía Lozano8 min de lectura
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Cerebro saludable: qué hábitos ayudan a prevenir el deterioro cognitivo
Cerebro saludable: qué hábitos ayudan a prevenir el deterioro cognitivo · Foto: La Gaceta

Durante mucho tiempo se pensó que el deterioro de la memoria y las enfermedades neurodegenerativas eran, en buena medida, una consecuencia inevitable del paso del tiempo. Envejecer parecía llevar necesariamente consigo una pérdida progresiva de las capacidades cognitivas y, frente a la aparición de los primeros síntomas, poco podía hacerse.

Hoy esa mirada está cambiando. Las investigaciones sobre el cerebro muestran que no todo está escrito de antemano por la edad ni por la genética. Existen factores de riesgo que pueden modificarse y hábitos que, sostenidos a lo largo de la vida, ayudan a preservar la salud cerebral. De hecho, según el neurólogo Luis Larcher, responsable del Programa de Abordaje Integral de la Enfermedad de Alzheimer y otros trastornos cognitivos de Tucumán, hasta el 45% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse.

La clave, explica el especialista, no está en esperar a la vejez para comenzar a cuidar el cerebro. La prevención empieza mucho antes, incluso desde la infancia, y combina educación, actividad física, salud cardiovascular, vínculos sociales, estimulación intelectual, cuidado de la salud mental y prevención de traumatismos.

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Mientras la esperanza de vida se extiende como nunca antes, una pregunta clave es: ¿el cerebro se puede entrenar para que no pierda funciones claves?

Si bien, el cerebro no es un músculo, sí necesita actividad para conservar sus capacidades. Una de las ideas centrales que plantea Larcher es la importancia de construir lo que se conoce como "reserva cognitiva". El nivel educativo y la actividad intelectual a lo largo de la vida contribuyen a que este órgano tenga mayores herramientas para afrontar los cambios asociados al envejecimiento y determinadas enfermedades.

La recomendación, entonces, no consiste solamente en resolver crucigramas o juegos de memoria cuando aparecen los primeros olvidos. Se trata de mantener una vida intelectualmente activa.

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Leer, escribir, estudiar, aprender algo nuevo, incorporar conocimientos, participar de actividades culturales o animarse a modificar rutinas son algunas de las formas posibles de mantener al cerebro en funcionamiento, enumera el médico.

Entre  otros ejemplos, sugiere: aprender un idioma, tocar un instrumento o comenzar una actividad que nunca se había realizado. Estas experiencias obligan al cerebro a procesar información nueva y favorecen la formación de nuevas conexiones neuronales.

"El cerebro, después de los 60, todavía tiene la capacidad y la plasticidad para generar nuevos circuitos neuronales", explica Larcher. Y hay un dato especialmente importante: esa capacidad no desaparece automáticamente con la edad.

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El especialista  aclara que la situación es diferente cuando existe una enfermedad neurodegenerativa, como Alzheimer, Parkinson u otra patología que afecta el funcionamiento de las neuronas. Pero en una persona sana, seguir aprendiendo forma parte de una estrategia de envejecimiento activo.

Por eso, la jubilación no debería significar el final de las actividades intelectuales. Puede ser, por el contrario, el comienzo de una etapa diferente.

Durante décadas, el trabajo estructura los horarios, las responsabilidades, los vínculos y buena parte de la vida social. Cuando esa rutina desaparece, existe el riesgo de que también disminuyan las actividades que mantienen activo al cerebro.

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Por eso, Larcher considera que la jubilación es un momento crítico y recomienda buscar nuevas alternativas y adaptarse a esa etapa de la vida. No necesariamente tiene que tratarse de una actividad académica. Puede ser aprender a cocinar algo nuevo, comenzar un emprendimiento, participar de un taller, incorporarse a una actividad cultural o asumir un nuevo desafío personal.

La actividad física aparece como otro de los grandes pilares. Hacer ejercicio no solamente permite conservar la fuerza y la movilidad. También contribuye a mantener la autonomía, mejora la capacidad funcional y favorece el contacto con otras personas.

Larcher destaca que realizar una actividad física dos o tres veces por semana puede convertirse también en un motor social, porque muchas actividades se realizan en grupo y permiten sostener vínculos.

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Ese aspecto es especialmente importante en la vejez. Porque cuidar el cerebro no significa únicamente estimularlo intelectualmente. También implica evitar el aislamiento.

Además, la actividad física contribuye a controlar factores de riesgo cardiovasculares que también están relacionados con la salud cerebral, ya que pueden  producir lesiones vasculares que, con el tiempo, afectan también al sistema nervioso.

Controlar la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad y el colesterol elevado forma parte de la prevención del deterioro cognitivo. A esto se suman los hábitos tóxicos, que deberían evitarse o controlarse.

"Cuidar la presión arterial, mantener un peso saludable, controlar la glucemia y el colesterol y evitar hábitos perjudiciales también es cuidar el cerebro", remarca.

Otro de los factores que el especialista señala es la salud mental. El estrés crónico y los trastornos del estado de ánimo no son solamente problemas emocionales. Cuando se mantienen durante períodos prolongados pueden producir cambios biológicos en el sistema nervioso.

Larcher explica que el estrés crónico y determinados trastornos psiquiátricos pueden modificar neurotransmisores y asociarse con procesos de atrofia cerebral o neurodegeneración.

Por eso, cuidar la salud mental también forma parte de cuidar la memoria. Cuando una persona atraviesa un problema que no logra resolver o un estado emocional que se prolonga en el tiempo, buscar ayuda profesional es una forma de prevención.

Hay otro elemento que puede pasar inadvertido: la vida social. "El aislamiento no es positivo para los adultos mayores. Mantener contacto con otras personas ayuda a conservar la actividad, las conversaciones, los intereses y la participación en la comunidad", apunta.

Cuidar los sentidos también es cuidar la cognición, agrega. "A partir de los 60 años pueden aparecer con mayor frecuencia problemas de visión y audición. Y esto también tiene consecuencias sobre la vida social. Una persona que no escucha correctamente puede comenzar a participar menos de las conversaciones. Puede evitar reuniones porque le resulta difícil seguir lo que los demás dicen. Puede aislarse", explica. En el caso de la visión, menciona especialmente las cataratas, cuya cirugía puede producir una mejora considerable de la calidad de vida. En cuanto a la audición, los audífonos pueden ayudar cuando son necesarios.

En Tucumán existe, además, un factor que merece atención: los traumatismos de cráneo vinculados con los accidentes de tránsito, especialmente los que involucran motocicletas.

"La prevención de los traumatismos es otra forma de proteger el cerebro a largo plazo", especifica. Y deja en claro que no todas las estrategias para mantener una buena salud cognitiva tienen que ver con ejercicios mentales. Algunas son tan concretas como utilizar correctamente un elemento de seguridad o respetar una norma de tránsito.

Con el paso de los años es esperable que aparezcan algunos olvidos. El problema no es olvidar ocasionalmente. La verdadera señal de alarma aparece cuando esos olvidos comienzan a interferir con la vida cotidiana.

Larcher explica que olvidarse dónde se dejaron las llaves o tardar en recordar el nombre de una persona puede formar parte de un olvido normal, especialmente en contextos de mucha actividad o cansancio. Si después de unos minutos la información aparece, no necesariamente existe un problema patológico.

La situación cambia cuando los olvidos son frecuentes y empiezan a afectar las rutinas. Por ejemplo, no recordar dónde se guardó dinero de manera reiterada, colocar objetos en lugares completamente inusuales, perderse en tareas habituales o no recordar conversaciones recientes son situaciones que deberían motivar una consulta médica, ya que la detección precoz de una patología es cada vez más importante, sostiene.

La medicina también está cambiando la manera de abordar las demencias. En el caso del Alzheimer, explica Larcher, determinadas alteraciones relacionadas con proteínas pueden comenzar alrededor de 20 años antes de que aparezcan los primeros síntomas.

Por eso, uno de los grandes objetivos actuales de la investigación es lograr diagnósticos cada vez más tempranos. "Existen biomarcadores en sangre y estudios de imágenes que permiten identificar determinados cambios asociados con la enfermedad. La expectativa es poder detectar los procesos biológicos antes de que el deterioro sea evidente", resalta.

Aunque actualmente no existe un tratamiento que permita curar el Alzheimer, el especialista destaca que hay investigaciones y nuevos fármacos en estudio que buscan actuar en etapas más tempranas de la enfermedad.

A medida que aumenta la expectativa de vida, crece la cantidad de personas mayores y, con ella, también el número de personas que pueden desarrollar enfermedades neurodegenerativas. Según Larcher, Tucumán cuenta con alrededor de 250.000 personas mayores de 60 años.

Frente a este escenario, la provincia cuenta con un Programa de Abordaje Integral de la Enfermedad de Alzheimer y otros trastornos cognitivos. El programa realiza evaluaciones de personas que consultan por problemas de memoria. La primera instancia consiste en una valoración por un neurólogo especializado en el área cognitiva.

A partir de allí se realiza un proceso diagnóstico para determinar si se trata de un olvido normal, un deterioro cognitivo leve, moderado o una demencia.

Cuando existe un trastorno, el abordaje puede incluir intervenciones de estimulación cognitiva, terapia ocupacional y actividad física. Además, el programa contempla un aspecto fundamental: la familia. "Porque cuando aparece una enfermedad como el Alzheimer, no solamente cambia la vida de quien recibe el diagnóstico. También se transforma la dinámica de quienes lo rodean", resalta Larcher. E insiste en una idea:  el cerebro saludable se construye durante toda la vida. No hay un ejercicio mágico que permita evitar el envejecimiento. La salud cerebral es el resultado de una suma de decisiones y condiciones que se construyen durante años. "Hay que dejar de pensar el envejecimiento como una etapa en la que inevitablemente todo se pierde", advierte. Y pone como ejemplo los llamados "superagers", personas de 80, 90 y hasta más de 100 años que mantienen una sorprendente autonomía y que logran conservar su función mental y una memoria que desafía lo esperado para su edad.

Fuente: La Gaceta

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