"Chupete electrónico": qué pasa si la pantalla desplaza al juego
Advierten sobre el impacto del exceso de pantallas en bebés y niños pequeños. Especialistas destacan la importancia del juego.

En Argentina, los datos para conocer cuánto tiempo pasan expuestos a las pantallas los bebés y niños menores de 2 años son muy pocos y, en algunos casos, ya tienen una década de vida: en 2016, un estudio de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) mostró que antes de los 2 años, 8 de cada 10 chicos ya habían tenido contacto con una pantalla y, tres años después, la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud agregó que, entre los 2 y 3 años, los chicos pasaban en promedio dos horas y media diarias frente a pantallas.
Pasaron varios años desde entonces, pero la exposición a las pantallas sigue siendo una preocupación, no solo porque empieza cada vez más temprano, también porque tiene efectos importantes en una etapa del desarrollo neurológico y motriz clave para los más chicos.
En entrevista con PRIMERA EDICIÓN, Paula Schapovaloff, responsable de la Subsecretaría de Primera Infancia, analizó el crecimiento de un fenómeno que definió como "el chupete electrónico": el uso de las pantallas de celulares, tablets o televisores para entretener a los chicos, que puede desplazar a los juegos y juguetes.
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"Hoy es más fácil para calmar a un niño darle el celular, darle la tablet. Que mire los dibujitos de tan cerca con un celular no es bueno, no solo por la parte médica, sino porque no los ayuda a la comunicación, a relacionarse, genera ansiedad en los niños", explicó la funcionaria.
La exposición constante a las pantallas impacta primero en el desarrollo neurológico de los más chicos: durante los primeros años de vida, el cerebro está en plena etapa de desarrollo y necesita experiencias de juego, movimiento e interacción con otras personas.
Reemplazar esas actividades por tiempo frente a las pantallas trae asociados problemas en el desarrollo del lenguaje, de la motricidad fina y también dificultades en la atención, la memoria y la regulación emocional.
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"Cuesta mucho pintar, dibujar, que tengan una imaginación un poco más abierta. Genera mucha ansiedad y cuesta mucho la comunicación y que se relacionen con sus pares", explicó Schapovaloff, respecto a la experiencia con este tipo de casos en los Espacios de Primera Infancia.
Consultada sobre por qué se elige el "chupete electrónico" como alternativa, Schapovaloff aseguró que la falta de información y de tiempo tienen un papel importante.
"Muchas veces (padres y madres) no tenemos tiempo y recurrimos a las herramientas que tenemos a mano, a veces porque es la única que conocemos. Nadie nació con un manual debajo del brazo sabiendo ser mamá o papá, aprendemos todos los días con nuestros hijos", sostuvo.
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La pantalla es una herramienta conocida y que capta rápido la atención de los niños, pero Schapovaloff señaló que hay alternativas de juego clásicas que pueden cumplir la misma función y permiten a los chicos aprender mientras experimentan, incluso con juguetes improvisados.


"Es muy importante que se ensucien a la hora de jugar, que aprendan la textura, los colores, y que aprendan a compartir juegos que no son juguetes", sugirió Schapovaloff.
Y sobre las pantallas, agregó que el problema no tiene que ver con la tecnología en sí, sino con cómo se usa.
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"El uso de pantallas tiene que ser educativo y adecuado a su edad. Tiene que servir para enseñar, no solamente para jugar o ver videos. Puede servir para aprender idiomas, los números, los colores, sirve para un montón de cosas la tecnología en su tiempo y forma", planteó.
Que los chicos "se ensucien" a la hora de jugar habla de otra manera de aprender, distinta a la de las pantallas. Schapovaloff recomendó primero la vuelta al juego "con elementos reciclables, con cartón, con pintura, con juguetes adecuados a su edad".
Entre las alternativas más recomendadas están los juegos de encastre y encaje de objetos (fabricados con tubos de cartón, palitos y fideos), de trasvasado (requieren pasar un líquido o un sólido liviano, como la yerba, de un recipiente a otro), las actividades con masa o incluso el rasgado de papel, que pueden reemplazar un video en el celular o el televisor.
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Además, Schapovaloff remarcó que hay que trabajar la interacción con pares, pero también con el núcleo familiar. Sobre la comunicación en esta etapa, aseguró que "nada más importante que dedicarle tiempo, aunque sea un poco todos los días, ya sea con un cuento antes de dormir, ya sea charlar, que ellos en su idioma se hacen entender. Ese tiempo es invaluable para ellos".
En ese sentido, aseguró que el efecto es positivo para ambas partes: "El simple hecho de jugar también a papás y a mamás nos hace bien, nos relaja, cuando muchas veces estamos tan estresados de la escuela, del trabajo, de la vida misma", dijo.
Volviendo a los más chicos, la diferencia se nota cuando comienzan a ingresar al nivel inicial. "Son niños que ya respetan tiempos, que aprenden rápido las reglas del juego y ya saben pasar más tiempo sentados. Tienen entrenada la motricidad fina, saben pintar, dibujar y conocen la música, el juego y el hecho de compartir con sus pares", explicó.
Fuente: Primera Edición
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