"Colchón" y más crédito, las apuestas del Gobierno para mejorar la actividad
Cerrada la opción de la emisión Caputo busca cómo sumarle pesos a una economía que no despega.

La frase "no hay plata" que el presidente, Javier Milei, utilizó para justificar todos y cada uno de los recortes del gasto público para contener la inflación ahora comenzó a convertirse en el principal obstáculo de la reactivación de la economía.
Los diferentes incentivos dados para que la población comience a utilizar sus dólares para las transacciones diarias no prenden y, en cambio, cada peso que sobra los argentinos lo convierten en billetes y estos salen de la circulación. En lo que va del año ya compraron más de U$S 12 mil millones.
Sin la opción de emitir por ser la base del plan, al Gobierno sólo le queda la opción de atraer fondos inmovilizados para que se vuelquen a la actividad diaria.
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Ni la posibilidad de pagar todo en dólares, ni la opción de mostrar los precios en esa moneda, y mucho menos el pago de salarios por esta vía, resultaron políticas eficientes para que el dólar comience a aceitar la actividad.
El Banco Central (BCRA) calcula que existen unos U$S 170 mil millones en manos de argentinos "que no ven la luz del sol".
Fue el propio presidente del BCRA, Santiago Bausili, quien admitió que la demanda de pesos (que es la contracara de una mayor actividad) no fue la esperada cuando se diagramó el plan monetario de 2026.
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"Un elemento destacado del segundo trimestre es la dinámica de la demanda de dinero. Los agregados monetarios transaccionales comenzaron a mostrar mayor dinamismo a partir de mayo", señaló en su última conferencia de prensa.
En diciembre de 2025, cuando anunció el programa de compra de dólares, Bausili se había mostrado confiado en que la demanda de pesos aumentaría en forma sostenida este año.
La sequía de pesos está estimulada por la decisión de mantener sin cambios la base monetaria. Cada vez que el Gobierno emite para comprar dólares, enseguida busca retirarlos para evitar presiones sobre el tipo de cambio e inflacionarias.
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Entonces, la alternativa para que "haya más plata en la calle", es que salga de los "ahorros" que están en "el colchón", en una caja de seguridad o en una media.
Una de las herramientas para que la gente use el dinero guardado es la Ley de Inocencia Fiscal. Esta norma impulsa a depositar dólares o aplicarlos para la adquisición de bienes, bajo el compromiso oficial de olvidar las obligaciones tributarias. La ley se sancionó en extraordinarias a fines del año pasado, pero ahora tiene que ser modificada porque no cumplió el objetivo.


La segunda herramienta que saca a la cancha Caputo es la posibilidad de que los bancos presten dólares a todas las empresas. Antes estaba restringida solo a las compañías exportadoras que generaban divisas o a las que podían dar garantías en dólares.
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De esta manera, Caputo quiere agregar al circuito al menos U$S 6.000 millones. Uno de los sectores más favorecidos sería la construcción, de fuerte efecto multiplicador de la actividad.
Esta decisión generó algunas críticas por el temor a que se produzca un nuevo descalce como el que originó la crisis de 2001.
El exministro de Economía, Hernán Lacunza, advirtió: "Ya hicimos eso a fines de los noventa y terminamos con la pesificación asimétrica, no cometamos los mismos errores".
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"Creo que la flexibilización de las reglas para otorgar préstamos en dólares es una mala idea. La medida erosiona uno de los pocos consensos relevantes que la Argentina había logrado construir en materia de política económica: una regulación prudencial muy estricta del sistema bancario en dólares", señaló Guido Sandleris expresidente del BCRA. Cabe recordar, que la opción sigue vedada para las personas.
La tercera medida en carpeta es un mecanismo por el cual una porción del Fondo de Garantías de Sustentabilidad (FGS) pueda aplicarse a créditos hipotecarios.
A esto también se añade la posibilidad desde noviembre de que el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) invierta en bonos del Estado. Así Caputo podrá tomar pesos para refinanciar vencimientos prescindiendo de parte del dinero que hoy viene de los bancos. Estos fondos que ya no se colocarán en bonos públicos podrán mejorar el crédito a privados.
En definitiva, este paquete puesto en práctica en distintas etapas tiene como objetivo común que el dinero que está "dormido" se incorpore a la actividad.
El nudo del plan es que este tipo de acciones requieren un tiempo de maduración para que sus efectos se sientan y el Gobierno empieza a jugar contrarreloj por la inminencia del proceso electoral, que, de alguna manera, ya se lanzó.
Los datos del segundo semestre mostraron un PBI en baja y los datos de inversión también son negativos. Los tiempos apremian.
Fuente: La Voz
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