Colombia: rescates contrarreloj y alrededor de 3.000 desaparecidos tras el terremoto
Denuncian que fallas estatales complican las acciones en las zonas más afectadas por el terremoto de magnitud 74° y agravan la crisis humanitaria.

La tierra todavía tiembla en el oeste de Colombia, pero lo que sacude con más fuerza es la incertidumbre. A casi 48 horas del terremoto de magnitud 7,4º que golpeó el oeste del país cafetalero, con epicentro en el departamento del Chocó, el mapa del desastre se expande entre cifras cambiantes, ciudades colapsadas y una búsqueda desesperada que no se detiene: al menos tres mil personas permanecen desaparecidas bajo los escombros, según estimaciones oficiales.
En Cali, una de las grandes urbes afectadas, la escena es de devastación y resistencia. En diálogo con La Voz, Natalia Hidalgo, vecina de la ciudad, reconstruyó con precisión el momento en que todo comenzó: "El terremoto se dio ayer (por el lunes) cerca de las 7.30 de la mañana. Fue bastante largo. Aquí hay muchísimas edificaciones derrumbadas, hay gente desaparecida y fallecida", precisó. Según ella, la falta de servicios básicos agravó el cuadro: cortes de agua, de energía y de comunicaciones dejaron a millones prácticamente aislados en las primeras horas críticas.
El impacto no se limitó a Cali. El sismo afectó con especial dureza a cinco regiones: Chocó –epicentro del temblor–, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas y Quindío. En ciudades como Pereira, Armenia y Manizales, el daño estructural se multiplicó sobre edificaciones antiguas y sistemas sanitarios debilitados. Cristian Torres, periodista y productor general de La FM Colombia, advirtió a este medio sobre la dimensión real de la tragedia: "Mucha gente no tiene dónde vivir. Hay servicios básicos intermitentes, hospitales dañados, telecomunicaciones funcionando apenas al 40% y muchísima gente afectada en esta vasta región donde viven unos cinco millones de personas", precisó el comunicador.
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La emergencia, sin embargo, no es sólo natural. Es también política y operativa. El flamante gobierno de Abelardo de la Espriella enfrenta su primera gran prueba en medio de críticas por la lenta reacción inicial. La demora en la designación del titular de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres dejó un vacío de coordinación en el terreno. A eso se suma el virtual colapso de los puestos de Mando Unificado (PMU), desconocidos incluso por algunos equipos de respuesta, lo que entorpeció desde el primer momento la articulación entre fuerzas de seguridad, rescatistas y autoridades locales.
El resultado fue una respuesta fragmentada en las primeras horas, cuando cada minuto contaba. "Se dejó pasar mucho tiempo vital", resumió Hidalgo, quien también destacó la reacción de la comunidad: "El pueblo caleño es supremamente solidario. La gente salió voluntariamente a remover escombros y a buscar desaparecidos".
Esa misma postal se repitió en Pereira, una de las ciudades más golpeadas. Allí, el presidente De la Espriella llegó anoche para supervisar la emergencia, en una visita que buscó mostrar control en medio del caos. Pero el cuadro en el terreno desbordaba cualquier gesto institucional: el alcalde decidió militarizar la ciudad e imponer un toque de queda para evitar saqueos. Sin embargo, la medida no logró contener el impulso colectivo.
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A pesar de la prohibición, vecinos salieron a la calle durante la noche para sumarse a las tareas de rescate. Con linternas, palas y manos desnudas, participaron en cadenas humanas improvisadas para remover escombros y buscar señales de vida.
La escena, repetida en decenas de municipios, revela una constante en las grandes tragedias: cuando el Estado vacila, la sociedad se organiza. Pero también expone los límites de esa respuesta espontánea frente a una catástrofe de esta magnitud.
Las cifras, todavía inestables, dan cuenta de la gravedad. Mientras el Gobierno nacional informó inicialmente 181 muertos, los balances regionales elevaban el número a más de 240 víctimas fatales. En el Valle del Cauca, se concentraba anoche la mayor cantidad de fallecidos, con Cali como epicentro urbano del desastre. Risaralda sumaba cerca de 90 muertos, mientras que en Chocó –la región más pobre y aislada– los datos seguían siendo fragmentarios por la falta de comunicación.
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Pero es el número de desaparecidos el que define la tragedia: miles de personas continúan bajo estructuras colapsadas. Equipos de rescate, soldados y familiares trabajan sin descanso, muchas veces sin maquinaria pesada suficiente. "Hoy prima la importancia de rescatar a personas con vida que estén aún bajo los escombros", subrayó Torres, en línea con una urgencia que atraviesa toda la región.
En ese escenario, las redes sociales y plataformas ciudadanas se convirtieron en herramientas clave para la búsqueda. Familias publican fotos, nombres y datos de desaparecidos, intentando reconstruir paraderos en medio del colapso informativo.
La devastación material también es masiva: más de 1.600 edificios dañados o derrumbados, hospitales con alas colapsadas, rutas interrumpidas y aeropuertos operando bajo restricciones militares.
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A nivel internacional, la reacción no tardó en llegar. El secretario General de la ONU, António Guterres, expresó su solidaridad con Colombia y confirmó que el organismo se mantiene en contacto estrecho con las autoridades para apoyar la respuesta. "Expresa sus más sentidas condolencias a las familias de las víctimas y desea una pronta recuperación a los afectados", señaló su vocero.
Mientras tanto, la ayuda comienza a organizarse desde distintos países de la región y organismos multilaterales, aunque su despliegue efectivo dependerá de la capacidad logística local, hoy seriamente comprometida.
El desafío para el gobierno de De la Espriella es inmediato y profundo: reconstruir no sólo ciudades, sino también confianza. En un país atravesado por desigualdades estructurales, el terremoto dejó al descubierto fragilidades históricas, especialmente en zonas como Chocó, donde la ausencia estatal no es una novedad, sino una constante.
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En las calles de Cali, de Pereira o de Armenia, la prioridad sigue siendo otra: encontrar con vida a quienes aún esperan bajo los escombros.
Fuente: La Voz
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