Colombia: se cerró la "ventana de oro" de los rescates, aunque la esperanza sigue latiendo
Ayer concluyó el plazo crucial de 72 horas posteriores al terremoto del lunes para hallar a sobrevivientes debajo de los escombros pero las tareas de rescate no cesan. Hay 496 personas desaparecidas.

A las 7.30 de ayer se cerró la "ventana de oro". Setenta y dos horas después del terremoto de magnitud 7,4° que sacudió el lunes último, el país cafetalero amaneció con la respiración contenida: bajo los escombros aún podrían permanecer con vida algunas de las 496 personas reportadas como desaparecidas. La regla no escrita del rescate en estructuras colapsadas fija ese umbral como decisivo, pero no definitivo. Los equipos lo repiten como un mantra para sostener la esperanza: todavía hay tiempo.
El balance oficial, sin embargo, pesa. La Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres informó ayer 273 fallecidos –250 ya trasladados a Medicina Legal– y 3.824 heridos. El mapa del dolor se concentra en Valle del Cauca, Risaralda, Chocó, Caldas y Quindío. A la par, 40.753 familias intentan recomponer una rutina quebrada por el polvo, las grietas y el silencio de quienes faltan.
En Pereira, una de las ciudades más golpeadas, el conteo se vuelve más preciso: 260 desaparecidos, 259 heridos y 93 muertos. Sesenta y seis edificaciones colapsadas dibujan un paisaje de concreto sobre suelo agrietado; siete centros de salud y 60 establecimientos educativos quedaron afectados. Allí, como en otros puntos críticos, los rescatistas trabajan contra el tiempo con herramientas que son extensión de sus manos: detectores de sonido, cámaras térmicas, perros entrenados. Cada golpe seco sobre una losa busca una respuesta. Cada pausa, un signo vital.
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Las decisiones logísticas marcan el ritmo de la emergencia. En Pereira, el aeropuerto permanece sin operación comercial regular: sólo despegan y aterrizan vuelos oficiales, misiones médicas y de ayuda humanitaria. Las fisuras en la pista y las evaluaciones de la torre de control obligan a una prudencia extrema. En Buenaventura y Manizales, la actividad continúa sin torre operativa, bajo la figura de aeropuertos no controlados; en La Nubia avanzan reparaciones tras daños visibles, aunque la pista se mantiene en condiciones seguras. Quibdó, Cali y Cartago sostienen la normalidad como una forma de sostener al resto.
Según una crónica del diario El Espectador, en tierra, las rutas y caminos dibujan un tablero cambiante. La vía Buga–Buenaventura fue habilitada con "pare y siga" en puntos críticos, una concesión al flujo de ayuda y carga. Persisten cierres en Cali–Loboguerrero y pasos restringidos en el corredor Quibdó–Pereira. Manizales–Fresno y Montenegro–Quimbaya siguen bloqueadas. En Pereira, la alcaldía prohibió la circulación de vehículos particulares para despejar calles vitales: sólo transitan servicios de emergencia, transporte público habilitado y logística humanitaria. "La ciudad está colapsada", resumió el alcalde, con la urgencia de quien mide cada minuto en vidas.
El puerto de Buenaventura, tras tres días de inspecciones, volvió a operar en sus terminales. Es una señal de continuidad en medio de la catástrofe. Desde allí, y desde los puertos del Caribe, las exportaciones de café no se detienen: el grano sigue saliendo, como si la economía buscara una línea de normalidad a la que aferrarse.
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En Cali, el Puesto de Mando Unificado articula la respuesta. Hasta ayer se contaban 96 fallecidos, 1.224 heridos y 111 desaparecidos. Ochenta y ocho personas han sido rescatadas con vida. La Ciudadela Petronio se convirtió en centro de acopio y distribución de ayuda.
Más al oeste, en Chocó, el drama adoptó otros contornos. Trece muertos, 182 heridos y más de 21 mil damnificados; 1.144 viviendas destruidas y 8.868 averiadas. El departamento cerró formalmente la fase de búsqueda y rescate y pidió redirigir capacidades a zonas donde aún son críticas. Pero hay un vacío que inquieta: comunidades indígenas con las que todavía no se ha podido establecer contacto. La Defensoría del Pueblo insiste en acelerar censos para dimensionar la emergencia y asegurar que la ayuda alcance a todos.
En paralelo, el Gobierno inició un recorrido por municipios apartados. "Hay familias que perdieron todo", dijo un alcalde del Alto Baudó, donde no hubo víctimas fatales pero sí pérdidas materiales importantes.
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El diario El Tiempo reparó en que, con la "ventana de oro" ya entornada, la operación entra en una fase más compleja. "La estadística se vuelve más fría, pero el terreno resiste esa lógica. Los rescatistas lo saben: cada estructura es un mundo, cada hueco una posibilidad", registra un cronista del decano bogotano. Y completa la descripción: "En medio del ruido de máquinas y radios, persiste la escena que define estas horas: alguien golpea tres veces una pared caída y, por un segundo, todo se detiene para escuchar si la vida responde".
Fuente: La Voz
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