Colores, tradición y memoria: el traje ruso-belaruso fue elegido como el mejor de la Fiesta del Inmigrante
La Colectividad Rusa-Belarusa ganó el Traje Típico 2026 en la Fiesta Nacional del Inmigrante, mientras que Brasil y Paraguay recibieron menciones especiales.

En el marco de la 46° Fiesta Nacional del Inmigrante, las representantes de las colectividades desfilaron con trajes típicos que, más allá de su atractivo visual, funcionaron como una forma de preservar y transmitir la historia de sus comunidades.
El jurado distinguió a la propuesta de la Colectividad Rusa-Belarusa como Traje Típico 2026, mientras que las colectividades Brasileña y Paraguaya recibieron menciones especiales.
El atuendo ruso-belaruso estuvo inspirado en el tradicional sarafán festivo ruso, una de las prendas más representativas de la vestimenta femenina de Rusia Central entre los siglos XVIII y XIX. El conjunto está compuesto por una rubaja, tradicional camisa de mangas amplias, sobre la que se luce el sarafán, acompañado por un cinturón ornamental y un tocado tradicional.
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Para la presentación se utilizó terciopelo azul combinado con galones dorados y motivos florales, recuperando la elegancia y la riqueza artesanal característica de las prendas destinadas a celebraciones especiales.
El reconocimiento también puso en valor el trabajo de recuperación y transmisión de una tradición que continúa formando parte del patrimonio cultural de la comunidad rusa-belarusa en Oberá.
Entre las propuestas destacadas estuvo la de la Colectividad Brasileña, que presentó un traje inspirado en la indumentaria de los cangaceiros del sertão nordestino y, particularmente, en la figura de María Bonita, símbolo de la identidad cultural de esa región de Brasil.
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El atuendo recreó las formas y texturas características de esa vestimenta mediante pana, voile, tela tropical y microfibra. El corsé, la falda de amplio volumen, los bolsillos y las tiras cruzadas construyeron la estética cangaceira, mientras que el chapéu completó la silueta.
Los bordados realizados a mano, con flores inspiradas en las expresiones artesanales del sertão, fueron uno de los detalles destacados. La realización estuvo a cargo de Karina Fernández.
La propuesta de la Colectividad Paraguaya, en tanto, rindió homenaje a Juana María de Lara, figura fundamental de la independencia de ese país.
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El diseño tomó como inspiración la elegancia colonial y la historia de quien también es recordada por su participación como mensajera secreta y por la entrega de flores tricolores como símbolo de victoria.
El vestido, en tono beige oscuro, incorporó el tradicional encaje ju, tejido artesanal paraguayo presente en el escote, las mangas y la falda. Un fajín con los colores de la bandera paraguaya completó el atuendo.
La diversidad cultural volvió a quedar plasmada en cada presentación. Las representantes llevaron al escenario prendas que permitieron recorrer siglos de historia y conocer las costumbres de los pueblos que forman parte de la Fiesta Nacional del Inmigrante.
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La Paisana Argentina lució un traje sureño estanciero inspirado en la vestimenta utilizada por Elvira Lavalleja de Calzadilla, referente de la mujer federal de estancia bonaerense, para un retrato realizado en 1859. Basado en la moda victoriana, el conjunto representa a la dama patricia rural de la época y forma parte del legado de las tradiciones folklóricas argentinas.
Desde Alemania llegó un traje festivo tradicional del valle de Tegernsee, en la Alta Baviera, acompañado por piezas de oro y plata y una corona de flores blancas.
La Colectividad Árabe presentó un kaftán ceremonial de inspiración levantina, con una silueta larga y envolvente, mangas amplias, sobretúnica abierta, cinturón y abundante joyería, en una propuesta vinculada especialmente con las tradiciones festivas de Siria y el Líbano.
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La Colectividad Checa llevó un traje festivo de la región de Plzeňsko, en Bohemia Occidental. Uno de sus elementos más distintivos fue el tocado Holubička, caracterizado por sus alas, cuyo tamaño simbolizaba tradicionalmente el cariño recibido por la joven de parte de su familia.
España estuvo representada por el tradicional traje de Huerta de Murcia, vinculado históricamente con la identidad agrícola de la región del sureste español. Francia, en tanto, recreó la tradición de Saboya, con una vestimenta inspirada en las mujeres del siglo XIX del pueblo de Tarentaise.
La Colectividad Italiana presentó una réplica de la indumentaria de la nobleza italiana de principios del siglo XVI, correspondiente al Renacimiento, mientras que Japón estuvo representado por un kimono clásico trabajado con la técnica Sashiko, un antiguo arte de bordado que pasó de tener una función práctica a convertirse también en una expresión artística.
La Colectividad Nórdica presentó un traje de casamiento del Valle de Valdres, en Noruega, reconstruido a partir de piezas y dibujos de más de 200 años. Desde Polonia llegó el traje de Wilanów, originario de Mazovia, caracterizado por sus bordados y símbolos como el Árbol de la Vida.
Portugal estuvo representado por un traje de Mirandesa, originario de Miranda do Douro, que refleja tanto las tradiciones de la región como las condiciones de vida y las tareas rurales de las mujeres que lo utilizaban.
La Colectividad Suiza Helvecia de Oberá presentó un vestido de novia del siglo XIX, aproximadamente de 1870, mientras que la Colectividad Ucraniana llevó un traje festivo utilizado tradicionalmente por jóvenes solteras de finales del siglo XIX y principios del XX, perteneciente a la región de Lviv.
La presentación de los trajes típicos volvió a demostrar que, en la Fiesta Nacional del Inmigrante, la indumentaria ocupa un lugar que trasciende la belleza y la puesta en escena.
Cada vestido, bordado, joya y tocado permitió reconstruir una parte de la historia de un pueblo: sus celebraciones, sus trabajos, sus creencias, sus vínculos familiares y las formas en que hombres y mujeres expresaron su identidad a través de la vestimenta.
Así, durante la elección de la Reina Nacional del Inmigrante, las representantes de las colectividades no solo desfilaron con trajes cuidadosamente preparados: también llevaron al escenario la memoria de sus antepasados y el compromiso de mantener vivas sus tradiciones.
El reconocimiento al Traje Típico 2026 para la Colectividad Rusa-Belarusa, junto con las menciones especiales para Brasil y Paraguay, coronó una noche en la que la diversidad volvió a mostrarse como uno de los grandes patrimonios de la Fiesta Nacional del Inmigrante.
Fuente: Primera Edición
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