Cómo encontrar una solución al caos del tránsito que se repite todos los días en el Camino del Perú
El urbanista y ex funcionario municipal, Luis Lobo Chaklián, analizó las dificultades que atraviesa uno de los principales corredores del oeste tucumano; planteó la necesidad de una planificación integral que contemple a todo el área metropolitana.

Resumen para apurados
El Camino del Perú volvió a quedar en el centro de la discusión por los problemas de tránsito que genera a diario. Congestión, accesos insuficientes y una infraestructura que quedó chica frente al crecimiento del área metropolitana forman parte de una escena que se repite, especialmente en los horarios de mayor circulación.
Para Luis Lobo Chaklián, urbanista y ex funcionario de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, el problema tiene una explicación que va mucho más allá de las pocas cuadras donde hoy se concentra el conflicto. "Lo que no hay es justamente esa visión metropolitana", sostuvo.
En diálogo con LA GACETA, explicó que el Camino del Perú reúne distintas jurisdicciones y que esa fragmentación dificulta la búsqueda de una respuesta integral. La ruta 315, señaló, atraviesa sectores vinculados con la Provincia, San Miguel de Tucumán, Yerba Buena y, más adelante, Villa Carmela y Tafí Viejo.
"Tenemos cuatro patas ahí", graficó. Y remarcó que, mientras cada jurisdicción analiza su propio problema, el comportamiento de quienes utilizan diariamente ese corredor no reconoce esos límites.
Según Lobo Chaklián, algunas de las medidas adoptadas en los últimos años pueden aliviar determinados puntos, pero no resuelven el problema estructural. Puso como ejemplo la intervención realizada en la zona de avenida Belgrano y Camino del Perú, donde la eliminación de la rotonda permitió mejorar la circulación, aunque no terminó con las dificultades del corredor.
"Las alternativas que se han ido planteando han sido siempre insuficientes o con una mirada muy corta", afirmó.
Para el urbanista, una solución definitiva requiere analizar cómo se mueve toda la población del área metropolitana y no solamente qué ocurre en un cruce determinado.
"Si otro tipo de aplicaciones significa generar nuevas vías, hay que hacer muchos puentes, pero hay que tener una visión de cómo es el comportamiento de toda la masa urbana", explicó.
En ese sentido, planteó que el Camino del Perú debería ser analizado dentro de un corredor mucho más amplio, que conecta sectores de Tafí Viejo, Villa Carmela, Yerba Buena, San Miguel de Tucumán y llega hacia Lules.
"No es únicamente la trama vial", insistió. A la hora de pensar una intervención, dijo, también deben contemplarse los canales, las veredas, el transporte, los servicios y las actividades que se desarrollan a lo largo de ese eje.
Uno de los principales obstáculos, según Lobo Chaklián, es que las decisiones se toman muchas veces de manera aislada. "No puede ser un compartimiento de estancos. Tiene que estar sentado el intendente de Yerba Buena, el de Tafí Viejo, el de San Miguel de Tucumán, de Las Talitas, todo lo que es el ámbito del Gran Tucumán, en una misma mesa", planteó.
A su criterio, cuando cada municipio desarrolla sus propias soluciones sin coordinación con los demás, pueden aparecer obras que mejoran un sector pero generan nuevos inconvenientes en otro.
"Primero terminan siendo ineficientes porque son parches y, segundo, chocan contra la planificación que tiene el que está al lado", señaló.
Por eso consideró que el Camino del Perú debería ser tomado como parte de una discusión más amplia sobre la movilidad y el crecimiento del Gran San Miguel de Tucumán.
Lobo Chaklián también cuestionó uno de los argumentos que suelen aparecer cada vez que se analiza una posible ampliación del Camino del Perú: el costo de las expropiaciones.
"Cuando uno habla del Camino del Perú, me dicen que hay dos cuadras, que son 250 metros, que es angosto y que hay que expropiar. Y bueno, sí, ¿qué expropiar? Es mucha plata. ¿Y cuánta plata es? Si nadie lo conoce", planteó.
Para el urbanista, antes de descartar una alternativa por su costo hay que elaborar el proyecto, determinar qué se necesita y calcular cuánto demandaría.
"Cuando uno tiene una problemática que ya está declamada, que la vemos todos los días, tenemos que sentarnos y decir cuál es el tema, cuáles son las características y cómo vamos a hacer", sostuvo.
En ese análisis, agregó, también deberían incorporarse los desagües, los canales y las condiciones de infraestructura de todo el corredor.
El crecimiento del parque automotor es otro de los factores que, según Lobo Chaklián, obliga a anticiparse al futuro. El urbanista mencionó el incremento en la cantidad de motos y vehículos que circulan por Tucumán y advirtió que, si no se toman decisiones de planificación, las dificultades actuales pueden profundizarse con el paso de los años.
"Veamos el problema. Esto va a ser nuestra realidad. ¿Cómo hacemos para trabajar y solucionarlo?", planteó. En ese punto, también consideró que algunas obras de infraestructura que exceden la capacidad financiera de los municipios pueden ser encaradas mediante créditos y programas de financiamiento.
Pero para acceder a esas herramientas, remarcó, primero es necesario contar con proyectos concretos. "Si yo no me planteo la necesidad de tener un futuro mejor, si no me planteo cuáles son los elementos técnicos, si yo no sé cuánto cuesta, estamos ahí en los problemas", afirmó.
El Camino del Perú atraviesa además una zona donde conviven necesidades muy diferentes. Mientras miles de personas necesitan una vía de circulación más fluida para trasladarse hacia sus trabajos y actividades, en distintos sectores del corredor persisten demandas vinculadas con servicios básicos, transporte, pavimento y otras obras de infraestructura. Para Lobo Chaklián, esa realidad obliga a evitar una mirada exclusivamente vehicular.
"Si nosotros responsables del Estado dejamos que el privado, que tiene sus intereses, nos esté marcando el desarrollo de la ciudad o cómo es la estructura de beneficio para todos los habitantes, estamos complicados porque la mirada no va a ser completa", sostuvo.
Por eso, su planteo apunta a que el Camino del Perú sea discutido como parte de un proyecto urbano mayor y no únicamente como un lugar donde hay que resolver un embotellamiento. La clave, según explicó, está en anticiparse al crecimiento del área metropolitana y coordinar las decisiones entre las distintas jurisdicciones.
Fuente: La Gaceta
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