Cómo es la trama de captación de latinoamericanos para combatir en la guerra de Ucrania
En las periferias del sur global particularmente en América Latina África y el sudeste asiático se ha consolidado un engranaje silencioso de reclutamiento que transforma la vulnerabilidad socioeconómica regional en insumo directo para la línea de combate en territorio ucraniano.

El desgaste estructural causado por más de dos años de confrontación de alta intensidad en el este de Europa ha colocado a los mandos militares de Moscú y Kiev ante un dilema inexorable: el agotamiento de sus reservas humanas.
Sin embargo, las alternativas para amortiguar ese déficit no se limitan a la movilización interna o al reclutamiento obligatorio tradicional.
En las periferias del sur global, particularmente en América Latina, África y el sudeste asiático, se ha consolidado un engranaje silencioso de reclutamiento que transforma la vulnerabilidad socioeconómica regional en insumo directo para la línea de combate en territorio ucraniano.
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A diferencia de los cuadros bélicos ideologizados o de los contratistas privados experimentados que históricamente acudieron a los teatros de operaciones de Oriente Medio o de las guerras olvidadas de África, la camada actual de reclutados latinoamericanos no responde, en su gran mayoría, a convicciones doctrinarias ni a alianzas geopolíticas con un objetivo definido.
La evidencia documental y los testimonios recopilados por organismos internacionales dan cuenta de un patrón estructural: la explotación del desempleo, la desinformación estratégica y el diseño de ofertas laborales tentadoras, muchas veces engañosas, que logran sortear los controles consulares de los países que nutren las redes de reclutamiento.
En el caso de Rusia, la estrategia de reclutamiento externo exhibe una escala altamente sofisticada y centralizada, respaldada por campañas de propaganda digital y redes de intermediarios locales.
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El mecanismo habitual opera mediante la publicación de convocatorias en redes sociales que ofrecen empleos en sectores civiles (como la construcción, la logística industrial o la seguridad privada urbana) combinados con la promesa de una rápida tramitación de la ciudadanía rusa y retribuciones económicas sustancialmente superiores al promedio de los países de origen.
El caso de jóvenes reclutados en Perú, Paraguay y diversos países del África subsahariana expone el alcance de este esquema. Tras su arribo a territorio ruso bajo visas regulares o contratos civiles en idioma local, los aspirantes son redirigidos hacia centros de adiestramiento militar exprés.
Una vez allí, las cláusulas contractuales son sustituidas o reinterpretadas de forma coercitiva bajo la estructura del Ministerio de Defensa ruso, destinando a los enrolados a unidades de infantería de choque en los sectores más disputados del frente.
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Familiares de víctimas en la región andina, por ejemplo, han denunciado que la falta de fluidez en el idioma y la confiscación de documentación constituyen mecanismos que complican la asistencia consular oportuna.
Ucrania formalizó la incorporación de combatientes extranjeros a través de la Legión Internacional de Defensa Territorial, un cuerpo creado al inicio de la invasión con el objetivo expreso de proyectar un marco legal e institucional ordenado.
A través de portales multilingües como joinuarmy.org, con secciones especialmente adaptadas para el público hispanohablante, se ofrecen ingresos promedio que oscilan entre los 6 mil y 10 mil dólares.
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El sitio de joinuarmy.org hasta propone "una recompensa adicional de aproximadamente U$S 2.175 dólares por cada soldado enemigo capturado". Más adelante, informa que "por cada soldado enemigo abatido en combate cuerpo a cuerpo o tiroteo, se otorgan aproximadamente U$S 325".
La narrativa oficial ucraniana proyecta la imagen de un servicio profesional regular con seguros médicos, garantías contractuales de tres años y repatriación coordinada, aunque investigaciones periodísticas internacionales revelan fisuras severas en el esquema diseñado.
Múltiples brigadas compuestas por exmilitares y expolicías latinoamericanos, con un peso cuantitativo preponderante de personal colombiano con entrenamiento previo en contrainsurgencia, han enfrentado desorganización logística, disputas administrativas por el cobro fehaciente de los haberes prometidos e inoperancia jurídica en la tramitación de pensiones por invalidez o fallecimiento.
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A este escenario se suma una alerta creciente reportada por agencias de seguridad: la eventual infiltración de personas vinculadas a organizaciones criminales latinoamericanas que buscan alistarse en estas plataformas con el objetivo prioritario de adquirir instrucción táctica en guerra electrónica, manejo de drones FPV y combate urbano. Esos conocimientos, se presume, posteriormente podrían ser exportados a los países de origen de los "infiltrados".
La reacción de los gobiernos latinoamericanos frente a la captación de sus ciudadanos por esta maquinaria bélica ha sido desordenada y predominantemente por reacción más que con sesgo preventivo.
Aunque países como Paraguay y Perú han iniciado expedientes judiciales e investigaciones oficiales para desmantelar células locales de intermediación, mientras en Argentina se han detectado redes informales lideradas por exefectivos policiales que promovían contratos no traducidos, la capacidad de respuesta estatal resulta insuficiente frente a lo extendido del fenómeno.
Los informes de la Organización de las Naciones Unidas y de entidades globales de derechos humanos concluyen que, si bien existen divergencias discursivas y legales entre Rusia y Ucrania, el objetivo y el resultado operativo es siempre el mismo.
Es decir, entonces, que ambos contendientes aprovechan de manera sistemática las postergaciones sociales en el sur global para nutrir una desgastante guerra hoy completamente estancada.
La ausencia de protocolos de alerta temprana y la limitada cobertura consular en la zona de conflicto dejan a los familiares en una situación de indefensión absoluta al momento de verificar la supervivencia, localización o repatriación de los implicados.
En última instancia, la proliferación de combatientes latinoamericanos en Europa del Este no representa un fenómeno aislado de aventura militar, sino la manifestación elocuente de cómo la desigualdad económica global es aprovechada para sostener una guerra prolongada.
Periodista y politólogo
Fuente: La Voz
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