Cómo es la vacuna contra la Salmonella que investigan en Tucumán: "Queremos que los chicos puedan estar protegidos durante el verano"
Mónica Delgado, directora del grupo de investigación, explicó cómo funcionaría, por qué se piensa en una aplicación oral y qué falta para avanzar hacia los ensayos en humanos.

Resumen para apurados
Una investigación que lleva cerca de dos décadas de trabajo busca dar un nuevo paso para prevenir las infecciones gastrointestinales provocadas por la Salmonella, especialmente entre los niños. El equipo de científicos del Instituto de Investigaciones Biológicas (INSIBIO), dependiente de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y el Conicet, trabaja en una vacuna que apunta a generar protección antes de la época del año en la que suelen aumentar estos cuadros.
La investigación ya superó la etapa preclínica, con resultados obtenidos en modelos animales, y ahora los científicos trabajan para avanzar hacia los estudios en seres humanos. "Queremos que los chicos puedan estar protegidos durante todo el verano", explicó a LA GACETA Mónica Delgado, directora del grupo de investigación e investigadora del Conicet.
El desarrollo está pensado principalmente para la población pediátrica. El objetivo de los investigadores es que pueda aplicarse a niños de entre uno y cinco años, aunque todavía restan distintas etapas antes de que pueda evaluarse su utilización en personas.
Una de las particularidades del desarrollo es que los investigadores trabajan con la idea de que pueda administrarse por vía oral. Según explicó Delgado, la elección está relacionada con la forma en que se producen habitualmente estas infecciones. Salmonella es un microorganismo que puede transmitirse a través de alimentos o agua contaminados, por lo que el equipo considera que una vacuna oral sería una alternativa adecuada.
"Todas estas infecciones son adquiridas por la alimentación. Son enfermedades que se transmiten por alimento. Entonces, lo ideal es que la aplicación sea por el mismo método que se adquiere la infección", dijo la investigadora.
A esto se suma una cuestión práctica vinculada con la población a la que está dirigida. "Cuando a un chico le muestra uno una aguja, una vacuna, sale corriendo", señaló Delgado, al remarcar que una presentación oral podría resultar más amigable para los pacientes pediátricos.
La intención es que el producto pueda administrarse antes del verano, cuando suelen registrarse más casos de diarreas y otras enfermedades gastrointestinales.
La etapa más reciente del trabajo finalizó en 2024, a partir de los resultados de una tesis doctoral realizada por la doctora Florencia Ballesteros. Con esos estudios, el equipo pudo comprobar que el desarrollo tenía capacidad preventiva en un modelo animal.
"Pudimos probar que realmente podía proteger en un modelo animal contra estos patógenos que rutinariamente, todos los veranos, producen estos graves problemas en niños principalmente", explicó Delgado.
Los investigadores apuntan a que la respuesta generada por la vacuna pueda ayudar a los niños a enfrentar estos microorganismos durante los meses de mayor circulación.
La preocupación del equipo no se limita al episodio de diarrea. Delgado destacó que las infecciones reiteradas durante los primeros años de vida pueden afectar el desarrollo de los niños, por lo que la prevención constituye uno de los principales objetivos del proyecto.
Aunque los resultados obtenidos hasta ahora son alentadores para el equipo de investigación, la vacuna todavía no está disponible para su aplicación en personas.
El próximo desafío es avanzar hacia la etapa clínica. Para eso, primero deben completar la formulación definitiva y realizar distintos estudios que permitan determinar, entre otras cuestiones, que el producto sea seguro y estable.
"Todo lo que sea aplicado a salud humana es un proceso muy largo y tiene prácticamente tres etapas: la preclínica, la clínica y finalmente la adopción de ese producto", dijo Delgado.
En este momento, el equipo trabaja en la formulación que eventualmente será utilizada en humanos. También debe establecer cuánto tiempo puede almacenarse el producto y durante cuánto tiempo genera protección.
"Tenemos que demostrar que es segura, que no cambia, el proceso que dura, el tiempo de almacenamiento que dura y cuánto tiempo protege", detalló. Para avanzar, además, necesitan conseguir financiamiento.
"Estamos tratando de conseguir los fondos para poder pasar ya a ese estado clínico, en donde ya sí hay interacción con el paciente", sostuvo Delgado.
Los eventuales estudios en humanos deberán cumplir con las regulaciones correspondientes y contar con las autorizaciones de los organismos sanitarios, entre ellos la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).
El desarrollo de esta vacuna es el resultado de una investigación que comenzó hace aproximadamente dos décadas y que atravesó distintas etapas de ciencia básica antes de llegar a una posible aplicación concreta.
Una de las integrantes del equipo explicó que se trata de un desarrollo complejo, que incluyó diferentes técnicas genéticas y que recién en los últimos años comenzó a transformarse en un proyecto de ciencia aplicada.
El trabajo también incorpora a estudiantes y jóvenes investigadores. Victoria, quien realiza su tesina de grado sobre el proyecto, contó que decidió sumarse porque le interesaba la posibilidad de que el conocimiento adquirido durante su formación pudiera tener una aplicación concreta.
"Sentía que es una manera de volver a la sociedad todo lo que uno estudia durante estos años", explicó.
Ahora, el desafío para el equipo tucumano es conseguir los recursos necesarios para completar la formulación y avanzar hacia los ensayos clínicos. El objetivo final es que una investigación iniciada hace años pueda convertirse en una herramienta de prevención para los más chicos.
Fuente: La Gaceta
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