Cómo hacen los trabajadores para llegar a fin de mes y no morir en el intento
La degradación de los ingresos fuerza el pluriempleo, las privaciones y las deudas con familiares, amigos, bancos y hasta narcos. El 10% vende sus bienes. La mecha está demasiado corta.

Por:
Alfonso de Villalobos@alfondevil
El presidente Javier Milei participó el lunes en Neuquén de la convención Argentina Oil & Gas Expo (AOG). Allí, ante empresarios y funcionarios, redobló sus ataques contra los medios y periodistas, a los que calificó nuevamente de "corruptos" e "hijos de puta" mientras los señalaba por reproducir "una pelotudez más grande que una casa".
La furia del presidente, posiblemente motivada por los magros resultados en materia de inversiones y los crecientes indicadores económicos adversos, tuvo como destinatarios a los medios que reprodujeron los resultados de una encuesta elaborada por la consultora Zentrix. Allí se concluía que el 65,3% de los argentinos agota sus ingresos antes del día 20 de cada mes, por lo que "no llega a fin de mes". El relevamiento mostró que el 38,9% asegura no superar la mitad del mes, el 20,4% no llega al día 10 y el 6,9% ni siquiera cruza el umbral de los cinco días.
Para el "especialista en crecimiento con y sin dinero", la idea de "no llegar a fin de mes" resulta un "eslogan lindo" pero que carece de rigurosidad en tanto, preguntó, "¿me pueden decir como hacen para vivir diez días sin comer y sin beber?".
Más allá del debate acerca de si el presidente sufre de literalidad o se hace y solo trata de desviar la atención, el presidente parece incapaz de observar los datos de la realidad que lo rodea y sacar conclusiones.
El tono burlón de su alocución omite la transferencia de ingresos de manos de los asalariados a los empresarios de U$S 6800 millones que, según datos de la Cuenta Generación del Ingreso del Indec, se produjo durante el primer semestre de este año con relación al mismo período de 2025. La expoliación escala a U$S 46 mil millones anuales en la comparación de una década.
También pasa por alto, entre otros, uno de los temas que está en el centro de la discusión política actual, referido al endeudamiento de las familias trabajadoras y la creciente morosidad en la que cae.
La misma encuesta de Zentrix muestra que el 55% de los consultados asegura que se endeuda para "cubrir gastos básicos" como alimentos o salud mientras que el 21,3% lo hace para afrontar los gastos en servicios. Apenas el 11,8% toma deuda para solventar la "compra de bienes durables". En una economía sana y robusta ese debería ser el destino prioritario del crédito mientras que los gastos básicos debieran solventarse con los ingresos corrientes de las familias.
Un estudio realizado por el CETyD de la Universidad de San Martín (UNSAM), dirigido por Matías Maito, en base a datos del INDEC y la Secretaría de Trabajo, muestra que desde la asunción de Milei a mayo de este año los salarios retrocedieron un 2% en la comparación con el cuestionado IPC vigente, que no tiene actualizada la ponderación de los gastos en hogares de la de 2017-18. Sin embargo, contra ese mismo parámetro, el llamado "ingreso disponible", que surge de descontar los gastos fijos (servicios, vivienda etc.), se contrajo un 20 por ciento. Una muestra de la modificación profunda de la canasta de gastos de los hogares en apenas tres años.
El CETyD observó que si se utilizara el IPC actualizado con las nuevas ponderaciones, el ingreso disponible habría sufrido un derrumbe del 26% en apenas tres años al calor de los tarifazos y la caída del poder adquisitivo. El dato, sin embargo, no considera la profunda metamorfosis del mercado laboral que avanza en una reconversión acelerada desde empleo registrado y bajo convenio hacia modalidades de contratación precarias como el monotributo, y la informalidad y el cuentapropismo, donde los ingresos son en promedio menores a la mitad que los anteriores.
La ironía de mal gusto del presidente, sin embargo, también resulta falsa en su literalidad. Es que, efectivamente, el derrumbe en los ingresos familiares afectó el consumo de bienes alimentarios. Un informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA publicado en marzo de este año arrojó un dato contundente: el 61,1% de los trabajadores asalariados "saltea comidas durante su jornada laboral por motivos económicos" y el 83,5% padece alguna forma de "vulnerabilidad alimentaria".
A la vez, la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA) asegura que el consumo anual de carne per cápita se derrumbó en 2026 hasta los 46,3 kilos cuando en 2023 llegaba a 54,3. Un retroceso del 17,3% en solo tres años que escala al 33% si se toman en cuenta los 69,1 kilos que registró la entidad en 2009, también por debajo del promedio histórico de 73 kilos. Lo mismo ocurre con la leche cuyo consumo per cápita, según datos del Centro de la Industria Lechera, retrocedió un 13% desde los 220 litros anuales del promedio histórico hasta los actuales 190. Su titular Ercole Felippa aseguró que en otros productos lácteos con mayor agregación de valor como los yogurts o postres la caída resulta todavía más profunda.
El INDEC publicó el jueves pasado que las ventas en supermercados cayeron en agosto un 0,8% con relación a julio y un 3,7% interanual. El signo negativo interanual antecede el dato de ventas en todos los meses de este año que, en el acumulado, registra una caída del 2,8 por ciento.
Pero la salud también está en la mira. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) basado en datos de EPH, entre el último trimestre de 2024 y el primero de 2026, 627.405 personas dejaron de tener Obra Social y 1.246.285 empezaron a atender su salud únicamente en hospitales.
Así las cosas, la primera estrategia de los trabajadores para atravesar el derrumbe del consumo es la privación lisa y llana en sus consumos vitales.
Pero los "malabares para llegar a fin de mes" encuentran un límite. La doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Grupo de Estudios en Desigualdad y Movilidad Social del Instituto Gino Germani de la UBA, Mariana Sosa, explica a Tiempo que "los datos más recientes confirman lo que venimos viendo: las estrategias de los hogares para llegar a fin de mes se mantienen en niveles altos".
El informe indica que "el uso de 'ahorros familiares' tuvo su pico tras la devaluación de fines de 2023 (38,4% en el primer trimestre 2024 y luego fue bajando hasta el 33,7% en el cuarto de 2025, sin regresar a los niveles previos a la devaluación (cerca del 31%)".
Sin embargo, subraya la especialista, "en el primer trimestre de 2026 volvió a crecer y alcanzó al 36,2% de los hogares, uno de los valores más altos de la serie". Como los ahorros tienen un límite, a medida que avanzan los meses "el rasgo más marcado del período es el 'crecimiento del endeudamiento'". De hecho, el estudio da cuenta de que los hogares que piden "préstamos a bancos o financieras" pasaron del 8,5% en el segundo trimestre de 2023 al 14,8% en el primero de 2026, casi el doble. En el mismo sentido, "los 'préstamos de familiares o amigos' también subieron: llegan al 16,2% en 2026, 1,1 punto porcentual más que un año atrás, y alcanzan su nivel más alto fuera del período 2019-2020".
A la vez, "la compra en cuotas o al fiado" se mantiene estable y alcanza a casi la mitad de los hogares (49,3%). Para la especialista "el crédito para el consumo corriente ya está incorporado de manera estructural". Al mismo tiempo de la EPH del INDEC, emerge otro dato revelador, "la venta de pertenencias" sube con claridad: del 5,6% en 2016 al 8,8% en 2023 y al 9,8% en 2026.
La especialista en indicadores socioeconómicos asegura que "los hogares van agotando sus recursos. Primero usaron los ahorros. Después, cuando se terminaron, pasaron a endeudarse cada vez más con el sistema financiero y con sus redes cercanas, y, ahora, una parte creciente vende sus bienes" Más de fondo, indica que "el endeudamiento deja de ser un recurso excepcional y pasa a funcionar como un complemento permanente del salario". Sin embargo, a pesar de que "permite a los hogares postergar en el tiempo los efectos del ajuste y de la crisis de ingresos, no la resuelve. Los acumula, y se va convirtiendo en una bomba de tiempo".
Datos del Banco Central confirman el pronóstico. En agosto de 2026 la morosidad en los créditos afectó al 12,8% de los del sector bancario formal y al 34,2% entre los del sector no financiero (Fintech, billeteras virtuales y otros). El dato no incluye los prestamistas de barrio vinculados con el narcotráfico.
La mecha ya está demasiado corta.
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Fuente: Tiempo Argentino (Economía)
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