Condenan a dos personas por la estafa de la rueda pinchada en Rawson: vendían motos, fingían ir a la gomería y huían
Una banda familiar y vecinal de la Villa 17 de Agosto fue llevada a la Justicia tras concretar tres ventas de motocicletas que, curiosamente, siempre sufrían un inoportuno desperfecto, y también por un falso alquiler. En uno de los casos, la víctima esperaba que el vendedor regre…

En el mundo de las estafas virtuales y presenciales, la creatividad criminal parece no tener límites, aunque a veces peca de repetitiva. Así lo demostró una tríada de vecinos de la Villa 17 de Agosto, en Rawson, que encontró en Facebook y en las llantas desinfladas un modelo de negocios tan rústico como redituable. Su especialidad: la estafa de la "rueda pinchada", un ardid que funcionó a la perfección hasta que la inteligencia callejera de unos niños del barrio dejó en evidencia lo absurdo de la maniobra.
Tras una prolija investigación de la UFI de Delitos Informáticos y Estafas, representada por el fiscal Mariano Juárez Prieto y la ayudante fiscal Guadalupe Segado y, el accionar delictivo llegó a su fin. En un juicio abreviado validado por la Jueza de Garantías, Flavia Allende, los implicados admitieron su culpa y recibieron sus respectivas condenas, asistidos por el defensor oficial Germán Riveros.
La ironía de la rueda y la burla infantil
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El modus operandi de la banda era un relojito, aunque los vehículos que vendían parecían sufrir de una extraña maldición neumática. Captaban a sus víctimas a través de Marketplace en Facebook, ofreciendo motocicletas a precios atractivos bajo perfiles falsos como el de "Diego López". Una vez concretada la cita y con el dinero (o la transferencia) ya en sus bolsillos, surgía el imprevisto: la rueda estaba pinchada. El vendedor, en un acto de fingida amabilidad, se ofrecía a ir a inflarla o emparcharla en un taller cercano. Jamás volvía.
El hecho más insólito, y que pinta de cuerpo entero la impunidad con la que se manejaban, ocurrió el 26 de junio. Un hombre mayor vio una Motomel 110cc publicada en la red social. Tras contactarse, fue citado y llevado a pie por un sujeto que se presentó como el suegro del supuesto vendedor. Al llegar al domicilio y ver la moto, la víctima entregó 250.000 pesos en efectivo y un teléfono celular.
El estafador, con el botín asegurado, miró el neumático y lanzó la frase de rigor: "Dame un segundo, inflo la rueda y vengo". El hombre mayor se quedó esperando. Los minutos se hicieron eternos, hasta que la escena tomó tintes tragicómicos. Un grupo de niños que jugaba en la calle se acercó a la víctima, lo miraron, se le rieron y le asestaron un baño de cruda realidad: "¿A vos te hicieron lo mismo? Estos son chorros". El vendedor, por supuesto, no lo pudo creer.
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La misma receta se aplicó en otros dos casos, ambos con el supermercado Átomo de Rawson como punto de encuentro. En junio, un hombre transfirió 300.000 pesos por otra Motomel 110cc a la cuenta de Carlos Samuel Godoy Carrizo. El vendedor notó la rueda pinchada, prometió ir a emparcharla y desapareció. El 3 de agosto, un joven cayó en la misma trampa por una Zanella 110cc: transfirió 300.000 pesos a la misma cuenta, y el falso "Diego López" volvió a esfumarse con la excusa de la gomería.
El caso del falso alquiler


Pero el repertorio de los vecinos de la Villa 17 de Agosto no se limitaba a las dos ruedas. El 26 de abril, una joven denunció una maniobra inmobiliaria. Había contactado por Facebook un anuncio de venta o alquiler de una casa en Villa San Damián.
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El 22 de abril, Carlos Samuel Godoy le mostró el inmueble. Acordaron la operación por 300.000 pesos, pero la víctima terminó transfiriendo 230.000 pesos a la cuenta de Dayana Rocío González y luego entregó otros 295.000 pesos a una tercera mujer. La estafa se consumó de la manera más cruel el 26 de abril, cuando la joven llegó con el camión de mudanza al domicilio, solo para ser recibida por el verdadero propietario, quien le informó, atónito, que la casa no estaba en alquiler.
Las condenas: el final del cuento
El acuerdo de juicio abreviado puso a cada uno en su lugar por el delito de estafa en concurso real por cuatro hechos.
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El más complicado resultó ser Hugo Sebastián Peruzzi (37), un hombre con un frondoso prontuario y condenas previas por robo y drogas. Para él, el cuento de la rueda pinchada terminó con una pena de 1 año y 6 meses de prisión de cumplimiento efectivo en el Servicio Penitenciario Provincial.
Su socio en las maniobras, el albañil Carlos Samuel Godoy Carrizo (29), quien no contaba con antecedentes penales, pero prestó su cuenta bancaria y su rostro para las operaciones, recibió 2 años de prisión condicional.
Por su parte, Dayana Rocío González (33), pareja de Peruzzi desde hace 18 años y con una condena cumplida en el penal por temas de estupefacientes, quedó formalizada por los cuatro hechos de estafa. La Jueza Allende dispuso para ella la libertad, sujeta a medidas de coerción morigeradas mientras avanza su situación procesal.
Fuente: Tiempo de San Juan
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