Congestión nasal: ¿cómo se diagnostica la alergia al polen?
Con la llegada de la primavera, los tucumanos alérgicos empiezan a manifestar síntomas nuevamente.

Resumen para apurados
La temporada con mayor carga de polen en el ambiente en Tucumán son los meses de agosto, septiembre y octubre, los cuales además coinciden con la floración de los árboles en la primavera. El polen de la gramínea es el más propenso a causar alergia porque tiene un peso ligero y puede transportarse a largas distancias cuando hay viento.
El polen aumenta de tamaño cuando absorbe humedad, por eso las personas alérgicas a él sienten mayor alivio cuando hay días de lluvia. Al mojarse, los granos de polen aumentan de tamaño y también de peso, por lo que es más difícil que se transporten libremente con el viento. Pero además de las alergias, la temporada suele coincidir con un aumento en los casos de pacientes con enfermedades respiratorias. El tratamiento en ambos casos es diferente, por lo que es importante aprender a distinguirlas.
Según la Clínica Universidad de Navarra y la Cleveland Clinic, hay algunas formas de saber si una persona es alérgica al polen. La primera de ellas es mediante la historia clínica. El médico consultará por algunos síntomas característicos de este tipo de alergia; si estos aparecen en determinada época del año o cuánto tiempo lleva el paciente con la sintomatología.
Otra de las formas de identificar la alergia al polen es mediante una prueba cutánea. Para ella, un alergólogo inoculará distintas sustancias en la piel. Eso significa que utilizará una aguja fina para pinchar la piel con pequeñas cantidades de diferentes sustancias que suelen ser inofensivas para las personas, pero que algunas reconocen como una amenaza. Si la persona es alérgica a esa sustancia, la piel demostrará una reacción como picazón, hinchazón o enrojecimiento.
La otra prueba que permite diagnosticar la alergia al polen es hacer un análisis de sangre de IgE específica. Mediante la extracción, se busca en la sangre un anticuerpo de inmunoglobulina E (IgE) que produce el sistema inmunológico frente a la presencia de dichos alérgenos.
Los síntomas más frecuentes de la alergia al polen incluyen congestión nasal y rinorrea, es decir, el incremento de la mucosidad nasal que puede tapar la nariz. También es habitual que se produzcan estornudos o que los ojos se pongan llorosos o tengan la piel inflamada alrededor de ellos. Otros síntomas son la picazón en la garganta, los ojos y la nariz, o la tos y el dolor de garganta.
Aunque el cuadro clínico suele ser leve y durar breves períodos, en los casos más graves puede manifestarse como asma bronquial, generando sibilancias –pitidos– en el pecho o incluso dificultad para respirar.
Fuente: La Gaceta
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