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Corrientes y Paraguay "lo dice la Revista Yurú Peté en el año 1950

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Por Juan Carlos Raffo7 min de lectura
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Corrientes y Paraguay “lo dice la Revista Yurú Peté en el año 1950
Corrientes y Paraguay “lo dice la Revista Yurú Peté en el año 1950 · Foto: Diario El Litoral

En el marco de la historiografía correntina es habitual considerar que entre Corrientes y el Paraguay siempre ha existido un fuerte lazo surgido en los tiempos coloniales, que atravesó momentos de vinculación armónica así como otros de tensión y enfrentamiento por disputas territoriales. El corpus seleccionado está compuesto por la Relación histórica de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes y partidos de su jurisdicción, Isidoro Martínez y Cires en 1802, publica en el Telégrafo Mercantil); Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes En la historiografía correntina se sostiene la premisa acerca de la existencia de un fuerte vínculo entre los pueblos correntino y paraguayo; vínculo fundado desde sus orígenes, debido al hecho de que Asunción (fundada en 1537) fue la ciudad madre desde donde se inició el proceso fundacional que dio nacimiento, entre otra ciudades, a la de San Juan de Vera de las Siete Corrientes (1588). De su origen y la proximidad geográfica entre ambas ciudades devienen otra serie de relaciones como ser, la de compartir una lengua común (el guaraní) y un fuerte lazo histórico-cultural. La proximidad geográfica entre Corrientes y Paraguay fue causante de que, a lo largo del siglo XIX se sucedieran momentos de calma y estabilidad, como así otros de tensión y enfrentamiento. Resulta clave tener en cuenta dos cuestiones centrales que aportan al entendimiento del contexto de producción de los relatos históricos. En primer lugar es necesario señalar que los límites entre Corrientes y Paraguay tuvieron la característica de fronteras móviles durante el período colonial y gran parte del siglo XIX; sumado a que las regiones no son estables a lo largo del tiempo, sino que se modifican en sus límites y en su carácter, bajo el impacto de cambios económicos, demográficos, administrativos y políticos. La primera gran división jurisdiccional que afectó a ambas ciudades tuvo lugar en 1617 al dictarse la Real Cédula por la cual, el territorio del Río de la Plata se dividió en dos provincia: la del Guayrá o Paraguay, con capital en Asunción, incluía las ciudades de Villa Rica, Ciudad Real y Santiago de Jerez; la de Buenos Aires, con capital en la ciudad homónima, que comprendía las ciudades de Santa Fe, Corrientes y Concepción del Bermejo. La nueva organización implicó que a partir de entonces Corrientes quedara en la jurisdicción gobernada por Buenos Aires.

Las relaciones entre Corrientes y Asunción durante el período colonial: Los ríos Paraná y Paraguay debió proyectarse hacia el este, topándose con la frontera misionera y las pretensiones expansionistas de los paraguayos, conjuntamente con la peculiaridad que poseen desde antaño los paraguayos de ser un pueblo con una vigorosa tradición pobladora. La revuelta comunera que constituyó la primera gran conmoción social en la región, fue un suceso que, a diferencia de las cuestiones limítrofes, aunó los intereses de ambos pueblos, ya que, no sólo los correntinos participaron con los comuneros en la lucha contra los jesuitas, sino que las ideas de José de Antequera y Castro y Fernando de Mompox y Zayas (protagonistas activos de las rebeliones asuncenas) tuvieron gran repercusión en la ciudad de Corrientes. El conflicto comienza en 1717 cuando asume como Gobernador del Paraguay don Diego de los Reyes Balmaceda, quien rápidamente se enfrenta con el cabildo. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, la Audiencia envía a José de Antequera y Castro como juez pesquisidor. A su llegada a Asunción en julio de 1721 Antequera observa que las acusaciones contra Reyes Balmaceda tienen asidero, lo suspende y asume en su reemplazo.     Cabe destacar que, no fue la lucha entre comuneros y jesuitas lo que originó el conflicto; las razones eran fundamentalmente económicas y afectaban los intereses de miembros de la élite asuncena. Antequera asumió el gobierno el 14 de septiembre de 1721, puso en prisión a Balmaceda y confiscó sus bienes; pero Balmaceda fue restituido en su cargo de Gobernador por decisión del Virrey del Perú. Al ser rechazada su deposición por el cabildo asunceno, Reyes de Balmaceda se refugia en Corrientes donde resulta capturado en 1723 y llevado a Asunción. La Compañía de Jesús, que apoyó a Balmaceda se enfrenta con el cabildo asunceno que no solo solicita su expulsión sino que reclama que los indios de las misiones estén encomendados al servicio de los españoles. El conflicto se reanuda y agrava cuando llega a Asunción en julio de 1730 un personaje que daría sustento teórico al movimiento: Fernando Mompó de Zayas, amigo de Antequera. Mompó de Zayas divulga ideas según las cuales el poder del común era superior al del rey. En 1731 pretendieron los comuneros, sin éxito, obtener del obispo la expulsión de los jesuitas (al año siguiente finalmente fueron expulsados), al tiempo que impedían la entrada del nuevo gobernador don Ignacio de Soroeta, designado por el virrey y sospechado de ser pro-jesuita. En los años siguientes, continuaron las disputas y asumieron distintos gobernadores hasta que finalmente, en 1735, arribó Bruno de Zabala a Asunción (luego de vencer a los comuneros en los campos de Tapaby), y restableció el anterior cabildo, devolvió las haciendas y encomiendas, que habían sido arrebatadas, a sus anteriores dueños, condenó a muerte a los principales comuneros, y prohibió en adelante toda junta del común. La controversia por la región del Ñeembucú -territorio que se extiende hacia el norte de Corrientes entre el río Paraná y el Tebicuary-, muestra a las claras el empuje expansionista de correntinos y asunceños como la movilidad de fronteras que no eran estables. Habrá que esperar a 1802 para que, Isidoro Martínez y Cires, publique en varias entregas del Telégrafo Mercantil su "Señalamiento primero de jurisdicción, que se hizo a esta ciudad en orden a límites en sus confi nes, y se da idea de la demarcación que podría hacerse en su estado presente". Este escrito, redactado y documentado con detalle, expone claramente las cuestiones de jurisdicción que la ciudad tenía pendientes. Alude allí al acta de fundación y pasa revista a los litigios con Paraguay, por el puesto de Curupaití; con Misiones por las estancias de algunos pueblos ubicados al oeste del río Corriente y del Iberá; y luego, más al sur el límite del río Miriñay entre Yapeyú y Curuzú Cuatiá, para luego señalar que la jurisdicción de la ciudad alcanzaba hasta el río Mocoretá y el Guayquiraró. No se conoce otra descripción más detallada y documentada de estas cuestiones que la realizada por Isidoro Martínez y Cires. La obra de Manuel Florencio Mantilla (1853-1909), constituye la primera visión general del pasado de la provincia de Corrientes. Miembro de una familia vinculada al partido liberal, finalizado sus estudios de Derecho en Buenos Aires, regresó a Corrientes en 1874 y se dedicó al periodismo. Entre 1878 y 1880 fue ministro del gobierno del liberal Felipe Cabral. En junio de 1880, luego de la caída de esta administración a raíz de la intervención federal decretada por el presidente Roca, abandonó la provincia para exiliarse en el Paraguay. Luego de un efímero retorno en 1882, cuando se iniciaba el ciclo de gobiernos autonomistas que se extendió hasta la revolución de 1893, decidió radicarse definitivamente en Buenos Aires, donde se puso al frente de la actividad opositora de los emigrados de su partido. Su período de máxima producción histórica se inicia con el exilio en el Paraguay y alcanza su punto culminante con la elaboración de la Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes (1897). Isidoro Martínez y Cires, alcalde del Cabildo correntino, fue quien elaboró la primera crónica histórica para Corrientes, publicada en el Telégrafo Mercantil en 1802. Cabe señalar que la mayor parte de las primeras crónicas tienen su origen en las autoridades civiles locales, provinciales o metropolitanas, que tomaron decisiones sobre asuntos de la vida.

FUENTE: Revista Yurú Peté en 1950. La recuperan Juan Carlos Raffo y Profesora Mónica Vicentín, un tesoro para nuestra historia correntina.

Fuente: Diario El Litoral

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