Crisis empresaria: cuatro compañías buscan evitar el cierre mientras crecen las deudas
Granja Tres Arroyos, Verónica, Algodonera Avellaneda y la mendocina Casir Dos Santos atraviesan procesos financieros complejos. Concursos preventivos, venta de activos y mecanismos de salvataje aparecen como alternativas para sostener empresas que enfrentan caída de ventas, mayores costos y presión de las importaciones.

El escenario empresario suma nuevos casos de compañías que llegaron al límite y ahora deben encontrar una salida para seguir funcionando. Algunas ya acudieron a la Justicia, otras intentan desprenderse de activos para conseguir liquidez y una de ellas se encuentra ante una instancia decisiva para evitar directamente la quiebra.
El panorama fue repasado por El Cronista, que detalló la situación de distintas firmas que atraviesan fuertes dificultades operativas y financieras. Entre los factores que aparecen como denominador común figuran la caída de las ventas, el incremento de los costos y el avance de las importaciones.
Uno de los casos más delicados es el de Granja Tres Arroyos, una de las principales compañías avícolas del país. La empresa se presentó en concurso preventivo y busca reestructurar una deuda que supera los US$350 millones. La compañía forma parte del grupo fundado por la familia De Grazia, junto con Wade y Avex, que también atraviesan dificultades financieras y operativas.
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La magnitud del problema también se refleja en las plantas. De las siete instalaciones de faena que tiene el grupo, algunas permanecen cerradas, otras están paralizadas y las que siguen operativas lo hacen con fuertes restricciones. A esto se sumaron despidos que alcanzaron a unos 1.200 trabajadores, aunque la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense dispuso su reincorporación durante el período de negociación.
Pero la crisis llegó a un punto todavía más sensible: la discusión por los salarios. La compañía ofreció a trabajadores de la planta de La Lonja, en Pilar, la posibilidad de cobrar parte de sus sueldos con pollos, en medio de la conciliación obligatoria y de la incertidumbre sobre unos 50 puestos de trabajo. La propuesta expone hasta qué punto la falta de liquidez está complicando el funcionamiento cotidiano de la empresa.
El conflicto laboral se suma a una serie de medidas que fueron reduciendo progresivamente la actividad del grupo. En los últimos meses se paralizaron distintas plantas y se acumularon reclamos de trabajadores, proveedores y acreedores. El Cronista señaló además que la compañía necesita conseguir capital de trabajo y evalúa desprenderse de activos no estratégicos para intentar recomponer su situación financiera.
En el sector lácteo, Verónica atraviesa un proceso diferente. La compañía llegó al concurso después de meses de fuerte deterioro, con sus plantas santafesinas paralizadas y dificultades para afrontar sus compromisos. Dos establecimientos lograron retomar parcialmente la producción mediante acuerdos con otras empresas, mientras la firma intenta vender instalaciones para obtener liquidez y cancelar parte de sus obligaciones.
La estrategia consiste en desprenderse de dos plantas por unos US$15,5 millones, aunque la operación todavía depende de autorizaciones judiciales. La venta permitiría conseguir fondos frescos, pero no resolvería por sí sola el conjunto de las obligaciones acumuladas.
El caso de Algodonera Avellaneda, vinculada a la familia Vicentin, presenta otro escenario. La empresa quedó encaminada hacia un cramdown, mecanismo mediante el cual acreedores o terceros interesados pueden presentar propuestas para quedarse con el control de la compañía y evitar que el proceso termine en una quiebra.
La instancia decisiva comenzará el 29 de septiembre, cuando se abra el período para la inscripción de interesados y la presentación de ofertas. El resultado determinará si aparece una alternativa para mantener la actividad o si la empresa queda expuesta al desenlace más grave del proceso judicial.
A este mapa se suma Casir Dos Santos, una de las bodegas tradicionales de Mendoza y responsable de Viña Maipú. La compañía ingresó en concurso preventivo con una deuda superior a $300 millones, en un contexto de caída de ventas, dificultades de cobro y aumento de los costos.
Los cuatro casos pertenecen a industrias diferentes, pero tienen un punto de contacto: la crisis financiera dejó de ser un problema contable y empezó a comprometer directamente la producción, el empleo y la continuidad de las compañías.
Para algunas, la salida será reestructurar las deudas. Para otras, vender activos o conseguir nuevos inversores. En el caso de Algodonera Avellaneda, incluso está en juego un mecanismo de salvataje antes de llegar a la quiebra. Y en Granja Tres Arroyos, la discusión ya llegó a una situación extrema: una empresa de semejante escala ofreciendo productos de su propia producción como parte del pago salarial.
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