Crisis en la vejez: 21% de adultos mayores debió dejar de pagar servicios para comer
Un informe de la UCA advierte un fuerte deterioro en ingresos, alimentación, salud y bienestar de los adultos mayores durante 2024-2025.

Las condiciones materiales, sanitarias y de bienestar de las personas de 60 años y más en la Argentina atraviesan uno de sus momentos más críticos en casi una década.
Así lo corrobora el último informe titulado "Vivir y envejecer en contextos de desigualdad", publicado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) en colaboración con la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG).
El relevamiento, basado en la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) para el período 2017-2025, analiza la evolución de la vejez en cuatro ejes: subsistencia económica, hábitat y vivienda, estado y atención de la salud, y bienestar subjetivo.
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Los datos del bienio 2024-2025 exponen un agravamiento simultáneo y cruzado en dimensiones vitales, demostrando que las desigualdades socioeconómicas estructuran y condicionan las trayectorias del envejecimiento en el país.
Contar con ingresos suficientes para llegar a fin de mes es una de las principales vulnerabilidades para los adultos mayores. De acuerdo al informe, la insuficiencia de ingresos alcanzó al 46% de los hogares con personas de 60 años y más en el bienio 2024-2025. Esta cifra representa el valor más alto de toda la serie histórica analizada, ubicándose cinco puntos porcentuales por encima del registro alcanzado en el bienio 2022-2023, cuando se situaba en el 41%, y superando con amplitud las marcas del período 2017-2019 (42%) y de los años de pandemia 2020-2021 (36,3%).
El desglose por estratos socioeconómicos exponen disparidades profundas y alarmantes en la población. La insuficiencia de ingresos impacta de lleno en el 71,1% de los hogares pertenecientes al estrato socioeconómico muy bajo, mientras que alcanza al 55,2% de los hogares del estrato bajo, sector que sufrió un marcado incremento de 9,3 puntos porcentuales respecto a las mediciones de 2022-2023. En contraposición, las carencias presupuestarias representan un 33,1% en el estrato medio bajo y afectan únicamente al 13,0% de las familias situadas en el estrato medio alto.
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Por su parte, la inseguridad alimentaria profundizó su tendencia creciente. Mientras que entre 2017 y 2019 afectaba al 12,3% de los hogares con adultos mayores, en el bienio 2024-2025 ascendió al 18,4%. La brecha según el nivel de ingresos es contundente: la dificultad para alimentarse golpea a apenas el 1,1% del estrato medio alto y al 7,3% del medio bajo, pero trepa estrepitosamente al 18,2% en el estrato bajo y escala al 39,1% en el estrato muy bajo. Esta asimetría implica que los adultos mayores del nivel socioeconómico más postergado presentan un riesgo de padecer hambre más de 35 veces que los de los sectores acomodados.
En cuanto al recorte de consumos básicos para intentar equilibrar las cuentas del hogar, el 21,3% de los hogares con adultos mayores debió dejar de pagar algún servicio público por razones de fuerza mayor durante 2024-2025. En el estrato muy bajo esta problemática afecta a casi cuatro de cada diez hogares, alcanzando un 39,4% tras sufrir un salto de 11,6 puntos porcentuales en comparación con el período previo.
Respecto a la estructura familiar, las personas de 60 años o más que viven solas en hogares unipersonales sufrieron un vertiginoso aumento en la mora de facturas de luz, agua o gas, saltando del 11,6% en 2022-2023 al 18,5% en 2024-2025.
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A pesar de este incremento sostenido de las privaciones materiales, la asistencia directa del Estado experimentó un repliegue en términos de cobertura general. La presencia de programas sociales de transferencia de ingresos o ayuda alimentaria directa descendió del pico de 30,6% registrado durante la pandemia a un 26,8% en el bienio 2024-2025. Incluso entre los hogares del estrato socioeconómico muy bajo, donde más del 70% no cubre sus necesidades mínimas, únicamente el 42,4% recibe algún tipo de subsidio o asistencia oficial.
El deterioro de la salud física y la acumulación de carencias materiales mostraron una correlación directa con la salud mental de la población adulta mayor. El indicador de malestar psicológico registró un crecimiento vertiginoso al pasar de un 19,5% en el trienio 2017-2019 a un preocupante 34% en el bienio 2024-2025. En el nivel socioeconómico muy bajo, más de la mitad de los adultos mayores (51,8%) padece cuadros vinculados al malestar psicológico.
En la dimensión del bienestar subjetivo, el informe aportó cifras ilustrativas sobre la autopercepción de la vida en la vejez durante 2025. El déficit de proyectos personales afecta al 26,8% del total de las personas mayores y se eleva al 36,6% en los sectores vulnerables, reflejando graves dificultades para proyectar horizontes más allá de la subsistencia diaria. Asimismo, el sentimiento de infelicidad registró una suba moderada al pasar del 15,1% en 2017-2019 al 17,5% en 2024-2025, trepando al 23,6% en el estrato muy bajo.
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Respecto al sentimiento de soledad, tras el pico de 33,6% registrado en el aislamiento de la pandemia durante 2021, el indicador se estabilizó en un 16,0% en 2025, aunque entre las personas que viven solas el aislamiento emocional se eleva al 22,6%.
A esto se suma que la falta de contención social se consolidó como el déficit psicosocial más extendido del país: un 51,9% de los adultos mayores percibe que no cuenta con una red de apoyo ante emergencias. Este problema alcanza al 58,9% en el estrato medio bajo, al 57,9% en hogares multipersonales y al 55,0% entre quienes poseen un bajo nivel educativo.
Como contrapeso, el 80,1% de los encuestados manifestó sostener creencias religiosas o espirituales, las cuales operan como un factor protector frente al desgaste cotidiano.
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Las condiciones estructurales de los inmuebles donde envejecen los argentinos mantienen deudas pendientes en materia de saneamiento e infraestructura. A nivel nacional, el 11,8% de la población mayor reside en viviendas inadecuadas, proporción que escala al 27,5% en el estrato muy bajo y al 15,3% en el Conurbano Bonaerense, diferenciándose fuertemente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde representa el 3,6%.
Asimismo, el déficit de acceso a servicios básicos como red de gas, cloacas o agua potable afecta al 25,2% de los adultos mayores de todo el país, tras sufrir una suba de 2,6 puntos porcentuales respecto a 2022-2023.
Este indicador se encuentra fuertemente atravesado por la vulnerabilidad territorial y económica: mientras que en el estrato muy bajo el déficit de servicios alcanza al 49,3% de los hogares y en el Conurbano Bonaerense al 38,4%, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires afecta solo al 1,7% de este grupo etario.
Las autoridades del estudio hicieron hincapié en que la vejez en la Argentina no puede abordarse como una realidad homogénea.
Al respecto, el doctor Enrique Amadasi, investigador principal para el informe, remarcó que de los doce años de monitoreo continuo surge que las desigualdades sociales son las que estructuran el envejecimiento, convirtiendo al nivel socioeconómico muy bajo en el principal factor de riesgo para todos los indicadores analizados.
En el mismo sentido, desde la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría destacaron que el nivel de ingresos, la educación y la composición del hogar explican con mayor precisión el bienestar de las personas que la mera edad cronológica.
Los hallazgos exponen un escenario complejo en el que coinciden la pérdida del poder adquisitivo, las barreras para el acceso a tratamientos sanitarios y la sobrecarga de tensión psicológica.
En un país cuya pirámide poblacional envejece a paso firme, superando los 7,5 millones de personas de 60 años y más, la recomposición de las redes formales de contención económica y de salud se consolida como una urgencia para saldar la deuda social con los adultos mayores.
El impacto del deterioro económico repercutió de forma directa en el acceso a las prestaciones esenciales de salud. El 35,2% de los hogares con adultos mayores debió postergar o resignar atención médica, consultas profesionales o la compra de medicamentos por motivos económicos durante 2024-2025.
Este indicador registró una fuerte suba de 9,4 puntos porcentuales en relación al bienio 2022-2023 (25,8%), marcando el valor más gravoso de la serie histórica por encima del 22,1% reportado entre 2017 y 2019. En los sectores de menores recursos, la imposibilidad de atender adecuadamente la salud escala al 55,0%.
A la par de las barreras económicas, el 28,9% de los adultos mayores percibe su estado de salud general de forma deficiente o negativa, una proporción tres veces superior a la observada en el grupo poblacional de 18 a 59 años, donde se sitúa en el 9%.
El estudio incluyó además un análisis pormenorizado sobre el uso y la valoración del PAMI durante 2025. Un 74% de los afiliados utilizó la obra social para consultas médicas y un 70% requirió la cobertura de la entidad para la adquisición de medicamentos. En términos de balance, la atención médica recibida fue evaluada positivamente por el 61,7% de los beneficiarios.
Sin embargo, en el rubro de farmacia la satisfacción cayó drásticamente: solo el 49,7% evaluó de manera positiva la cobertura de sus remedios, registrándose los niveles de aprobación más bajos precisamente en los estratos con menores ingresos.
Fuente: Primera Edición
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