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Crítica de "Anoche conquisté Tebas"

El cineasta Gabriel Azorín presentó su fascinante debut en el largometraje de ficción en la sección Giornate Degli Autori del Festival de Venecia 2025.

Por Redacción Diario Panorama5 min de lectura
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Crítica de "Anoche conquisté Tebas"
Crítica de "Anoche conquisté Tebas" · Foto: Diario Panorama

El cineasta Gabriel Azorín presentó su fascinante debut en el largometraje de ficción en la sección Giornate Degli Autori del Festival de Venecia 2025.

Por Manu YáñezPara Fotogramas

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'Anoche conquisté Tebas' se presenta ante el espectador recubierta de un encantador manto de misterio. En su apertura, un grupo de jóvenes deambula por varios planos generales en los que las ruinas de diferentes edificaciones luchan por conservar un lugar entre la naturaleza salvaje. Pero el componente más enigmático del deslumbrante arranque del film –con el que el cineasta español Gabriel Azorín debuta en el largometraje de ficción– reside en los diálogos que pronuncian los chicos en portugués y gallego. Las discusiones versan sobre batallas épicas y combates sangrientos… ¿Pero de qué hablan, y quiénes son realmente, los protagonistas de 'Anoche conquiste Tebas'? ¿Estamos ante una tropa de guerreros romanos o son jóvenes que, desde nuestro presente, evocan aquel pasado mítico a través de experiencias videolúdicas?

Sea como sea, Azorín sabe capitalizar el extrañamiento que genera la fuerte divergencia entre el contenido dramático de los relatos de los chicos (crónicas de contiendas bélicas y épicos sacrificios) y el tono entre ligero y socarrón con el que se cuentan las emboscadas y conquistas ("eran super-fuertes", "nos vimos jodidos", "es que fue muy lindo"). Tras unos minutos de estupefacción, es posible que el espectador llegue a la conclusión de que los jóvenes se refieren a algún videojuego ambientado en las eras imperiales, pero a esas alturas el germen del anacronismo ya ha calado hondo en una película hipnótica y conceptual, que desafía al espectador mientras lo invita a una experiencia única.

Desde una perspectiva microscópica, 'Anoche conquisté Tebas' –con su transposición de las batallas épicas de la antigüedad sobre la realidad contemporánea– podría parecer un ejercicio de pura heterodoxia fílmica. Pero, si ensanchamos la mirada, veremos que la película transita por una corriente central del cine contemporáneo, aquella que juega con el tiempo, entrecruzando pasados y presentes. Este interés por el anacronismo, o por la aproximación a una temporalidad difusa, resplandece en ciertos lugares del cine popular (en el trabajo de Christopher Nolan o en los multiversos marvelianos), pero sobre todo está presente en la obra de varios autores capitales del cine de autor europeo, de Alice Rohrwacher a Christian Petzold, de Miguel Gomes a Pietro Marcello, pasando por Bertrand Bonello. Aunque hay que señalar que la propuesta de Azorín emerge con una autonomía que la aleja del pastiche.

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En cualquier caso, 'Anoche conquisté Tebas' arrastra la herencia de diversos proyectos fílmicos de gran relevancia. La película tiene algo de 'Gerry' de Gus Van Sant, en la que unos amigos transitaban por un paisaje natural y, por el camino, se sumergían en una dimensión mítica, cargada de un poderoso halo simbólico. Luego, también vienen a la memoria los experimentos del cineasta gallego Lois Patiño en cuanto a la relación entre, por un lado, la figura humana y el paisaje (filmados en grandes planos generales), y por el otro, la voz humana y su discurso (escuchados en el primer plano sonoro). Por último, pueden rastrearse en el film vínculos con la obra del cineasta argentino Eduardo "Teddy" Williams, director de 'El auge del humano', a quien le gusta situar a sus jóvenes protagonistas en un territorio limítrofe entre la realidad material y el mundo digital. Y es que los personajes de 'Anoche conquisté Tebas' están embarcados en una odisea física, pero su viaje evoca también la idea del itinerario virtual. Podríamos estar ante la versión en acción real de un videojuego, estilo walking simulator, perdido en la leyenda del tiempo.

Tras su arranque itinerante, 'Anoche conquisté Tebas' acaba asentándose en un escenario fascinante: las termas romanas de Bande, en Ourense. Allí los personajes prosiguen con sus evocaciones de grandes batallas, a la luz de un escenario prendado de la magia del pasado ("¿Cómo es cuando te mueres?", pregunta uno de los protagonistas, y otro le contesta que, "al salir de tu avatar, te conviertes en una especie de alma medio traslúcida"). En este punto, la película adquiere un aura mística, mientras que la idea del slow cinemase arraiga en estampas magnéticas: los jóvenes sumergidos en el líquido elemento, o el manto celeste desplegándose por una pantalla de móvil, a través de una app que identifica las diferentes constelaciones.

Y entonces, cuando parece que 'Anoche conquisté Tebas' no puede invocar más misterios, llega "la noche terrible del presente", o "la noche más oscura de mi vida", como canta uno de los hombres que deambula por las termas romanas. Es la hora de la verdad, la hora de ahondar en el sino existencial de unos personajes perdidos en un laberinto de épocas. Y, para ello, Azorín se concentra en dos parejas de amigos que, al modo socrático, o a la manera del cine de Manoel de Oliveira, dirimen sus afinidades y diferencias a través de largas escenas dialogadas. En el presente, Antonio (Santiago Mateus) y Jota (António Martim Gouveia) reflexionan sobre la evolución de su amistad, y sus discursos manifiestan un desencanto vital, acompañado de un cierto sentido de resignación generacional. Por su parte, en el pasado, Aurelio (Oussama Asfaraah) y Pompeio (Pavle Cemerikic) meditan sobre la posibilidad de huir de la guerra, apesadumbrados por el curso de sus vidas y de la Historia. Las preocupaciones del presente se reflejan sobre las condenas del pasado, y la idea de la deserción vehicula los lamentos de los protagonistas, que anhelan desertar de la guerra (en el pasado) o que se ven empujados a desertar de sus sueños de realización y rebeldía (en el presente). Así se resuelve el destino de 'Anoche conquisté Tebas', una película que, con su vocación radical y su ímpetu sensorial, nos invita a mirar al pasado para comprender nuestro presente.

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Para perderse en un hipnótico laberinto de épocas históricas

Fuente: Diario Panorama

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