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Cuando las paredes tienen algo que decir

El multifacético artista Norberto "Bocha" Campo presentó el libro "Voces y Fragmentos Urbanos". Además, se sum&oacu...

Por Redaccion Avances7 min de lectura
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Cuando las paredes tienen algo que decir
Cuando las paredes tienen algo que decir · Foto: La Arena

El multifacético artista Norberto "Bocha" Campo presentó el libro "Voces y Fragmentos Urbanos". Además, se sumó una muestra de foto-poemas que se mantendrá en exhibición en la sala Alfredo Olivo del Concejo Deliberante hasta el 8 de septiembre.

María Rosa Barabaschi *

Norberto Bocha Campo ha presentado recientemente un nuevo libro: "Voces y Fragmentos Urbanos". Una obra literaria declarada de interés municipal mediante resolución Nº 52/2026 del Consejo Deliberante de Santa Rosa, el cual incrementa el acervo cultural pampeano de una manera audaz y creativa. La obra se complementa con una muestra de foto-poemas que se exhibe en la sala Alfredo Olivo de ese Consejo.

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El autor es un artista multifacético. Ha hecho del arte un modo de vida y por eso lo encontraremos manifestándose por medio de sus fotos, poemas, relatos y música. Es a través de estas formas que reafirma su pertenencia dentro de la comunidad en la que creció y vive, pero además deja una impronta identitaria.

En las páginas de este libro, hay una confluencia de diversas vertientes, que se unen en un punto para continuar por un cauce principal. Ese discurrir se inicia a partir del arte callejero urbano, un bien público que nace sin ser bien visto, hasta evolucionar y ser lo que hoy es.

Quien pinta una pared o un tapial con un mural, se apropia de ese espacio y lo transforma en un mensaje cargado de simbolismo y significado que dialoga con quienes se detienen a observarlo.

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Pero a diferencia de las obras de renombre, las cuales permanecen resguardadas en museos, las obras del arte callejero -murales- son verdaderos lienzos expuestos en las paredes de las ciudades. Una expresión pública y muchas veces, anónima, alejada de los cánones tradicionales: simplemente está ahí, a disposición del que pasa y no se detiene, o como en el caso de este artista, se detiene, contempla, registra y transforma este modo de arte en otro.

Esta forma de expresión posee una característica singular: no pertenece a nadie y, al mismo tiempo, nos pertenece a todos. Nadie la resguarda ni la protege. De allí surge su carácter efímero: basta con que alguien la vandalice, la borre o simplemente demuela la pared o el tapial que la sostiene para que desaparezca, como si nunca hubiera existido.

Por eso es de destacar el rescate que realizó el autor. Donde otros pasan sin ver, el artista-fotógrafo agudiza la mirada y a través de la percepción visual capta los mensajes, el sentido y la estética oculta en las calles de los ejidos urbanos, tanto de la ciudad donde vive como de los lugares que visita. Y los inmortaliza con el ojo de su cámara.

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Así, quedaron registrados estos fragmentos urbanos presentes en el espacio cotidiano -la ciudad en que nació, creció y vive- como expresión de lo que tal vez no podría manifestarse de otro modo.

Como discurso gráfico, los murales reproducidos en este libro apelan a sentimientos, emociones para la toma de conciencia, pedido de justicia, o también, rebeldía y resistencia.

Reflejan el reclamo de los pueblos por sus derechos al agua y la lucha por la restitución de un río que no corre por el territorio pampeano desde mediados del siglo XX; interpelan a la memoria por los 30.000 desaparecidos durante los días del terror y obscurantismo argentino de la década de 1970; la vulnerabilidad de las infancias frente a la violencia y a enfermedades muy crueles; la reivindicación de los pueblos originarios; el derecho y la igualdad de las mujeres entre otros.

Mensajes que abordan tópicos como la vida, el amor, la lucha. Aluden a la creatividad y a la resiliencia del ser humano.

Nuevos significados.

Pero el autor no se detiene solo en eso: propone a un grupo de escritores pampeanos, artistas que crean con las palabras, que resignifiquen esos mensajes gráficos detenidos en las paredes de la ciudad, y les den un nuevo sentido.

Nos encontramos entonces, con nuevos significados que derraman desde los poemas y prosa poética que acompañan a cada una de las imágenes del libro.

Los escritores invitados, dieron rienda suelta a su creación e intentaron decir desde lo no-dicho. Pensaron y sintieron, sintieron y pensaron y compusieron un nuevo mensaje desde la voz poética, entrelazando con palabras la imagen captada por el ojo del fotógrafo. Y otra vez, donde pareciera que no hay nada que decir dentro de un mundo real poblado de imagen, sonido, brevedad, inmediatez, los escritores con sus palabras dotan de un nuevo sentido a las cosas, las transforman en otras que dicen lo otro, lo que no podría ser dicho de otro modo. Desautomatizando el lenguaje, crean con palabras nuevos significados y nuevos sentidos.

Y así, donde un artista plantó memoria con su mural, un escritor vio el amor de una madre y podríamos entonces, pensar en las madres de Plaza de Mayo, que, desde el amor hacia sus hijos e hijas, lucharon sin descanso por saber la verdad y mantener viva la memoria. O en las madres de los soldados que no regresaron de Malvinas.

Donde el mural nos transmite un mensaje tan sentido a la pampeanidad: ríos libres, pueblos vivos, el poeta nos conmueve con sus versos: Cuando la esperanza se ahoga en las penas /un río de arenas nunca llega al mar, / por eso mi tierra no cultiva olvido/que vuelvan los ríos por el salitral.

Desde otro mural, nos miran los niños que padecen una enfermedad crucial, y la poeta ve en ellos la lucha por la vida, la resiliencia y su sonrisa… a pesar de todo. Y guardan las sonrisas/porque tienen el valor/tienen las ansias. Se disponen a ganar una batalla.

Frases de amor que fueron dejadas como un fragmento urbano en las paredes, y los poetas rescataron para darle alas a aquellos amores presentes o pasados, pero que marcaron la vida del hablante poético con una huella indeleble: En el hueco tibio de mi noche/inventaste un eclipse /y en el vértigo irreal/de un sueño galáctico, /tu voz, cascada de susurro, /hilvanó "te amo"/en mi pelo ensortijado.

En una esquina, enmarcado por un cielo azul lleno de nubes y también de mariposas, un niño -que no fue visto por la sociedad en su momento- nos mira, nos interpela. El artista plástico reflejó en esa imagen, una injusticia. El fotógrafo inmortalizó con su cámara la imagen con todo el simbolismo y el mensaje. Y la poeta, reclama desde las palabras, justicia y memoria por Lucio. Tu risa florece / tu mural respira/ Tus ojos nos miran:/ ¡Memoria viva!

Más adelante, llegamos a un punto del libro en que el autor da un giro a la obra e invierte el orden: es él quien se transforma en hablante poético y crea poemas. Le escribe a su tierra, la llanura pampeana y afinando su sentido musical, lo hace con aire de milonga o por medio de coplas.

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El paso del tiempo le provoca nostalgia: por el barrio, la infancia perdida, algún amor del que conserva las cartas. Pero también ese discurrir le permite hacer balances a esta altura de la existencia.

Escribe sentidas palabras para las madres de Malvinas que han perdido a un hijo en la guerra, y hacia una mujer en la que refleja a todas las mujeres en su condición de compañera, madre, hermana, hija.

Es una artista plástica, Sonia Barreix, quien los ilustra, resignificando las palabras y convirtiéndolas en imagen.

Martín Heidegger decía que el artista es el origen de la obra y viceversa. Ninguno es sin el otro y ambos son, a su vez, por virtud del arte, resultando así, que nos movemos en un círculo.

En este libro confluye el arte en varias de sus expresiones. El punto de origen es el arte callejero plasmado por artistas -a veces anónimos- que dejan a disposición de todos, en un fragmento del espacio urbano, una imagen (significante) para que quien lo desee, la dote de significado. Luego, escritores y escritoras toman esa imagen y la transforman en otra cosa con las palabras, proceso que se invierte cuando es el autor quien dice con palabras y la artista plástica quien transforma en imagen.

Pero nos falta un actor para cerrar el círculo: los lectores y las lectoras, quienes deberán asumir un rol activo al dar vuelta cada página. Porque como sostiene Giorgio Agamben, en toda obra hay algo que intencionalmente no se dice, aquello que debemos saber encontrar y recoger.

Esa es la tarea que queda pendiente y convoca a la acción.

* Escritora. Colaboradora

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Fuente: La Arena

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