Cuarenta años de diálisis y todas las ganas de vivir: Carlos y la Zanellita que quiere arrancar para volver a trabajar
Comenzó el tratamiento cuando apenas tenía 13 años y desde entonces nunca dejó de buscar la manera de salir adelante. Vendió verduras, miel, huevos, dulces y hasta 300 semitas por día. Hoy, con su salud más delicada y su vieja moto parada, mantiene intacto un deseo de recuperar s…

Carlos Armando Sarmiento tiene 54 años y desde los 13 depende de la diálisis. Son más de cuatro décadas de tratamiento, tres veces por semana, y una vida que tuvo que organizar alrededor de horarios médicos, operaciones y distintas complicaciones de salud. A pesar de eso, durante buena parte de esos años trabajó. Vendió verduras, miel, huevos, dulces, ropa y semitas. Hoy ya no puede hacerlo como antes, pero tampoco quiere dejar de intentarlo.
Actualmente vive junto a su esposa Analía en el barrio Mariano Moreno, en Chimbas. Los martes, jueves y sábados se levanta antes de las 5 de la mañana para realizarse diálisis en la Clínica de la Ciudad de San Juan. El tratamiento se extiende hasta cerca de las 11 de la mañana y forma parte de una rutina que repite desde que era adolescente, cuando empezó a padecer una falla renal. Al principio su familia no encontraba una explicación y solución, hasta que finalmente dieron con el médico que detectó el problema.
De aquellas primeras sesiones recuerda especialmente el miedo. María Torres, una enfermera que lo atendía entonces y que ya falleció, debía permanecer cerca suyo para tranquilizarlo. "No te vas de ahí porque tengo miedo", le pedía Carlos. Tenía 13 años, era un niño todavía, y debía acostumbrarse a las máquinas, las mangueras y un tratamiento que terminaría acompañándolo durante prácticamente toda su vida. Si bien se acostumbró a esa rutina, nada le quitó sus ganas de trabajar y rebuscarse la vida.
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Sus padres vendían verduras y Carlos comenzó a acompañarlos desde chico. Recuerda que les pedía que cargaran el carro para poder salir con ellos. Después, con el tiempo, encontró sus propias maneras de ganarse unos pesos: vendió miel, huevos, dulces, ropa y otros productos. Si había algo que podía ofrecer, buscaba la manera de hacerlo. "Siempre me gustó trabajar", dice.
Durante años, una pequeña Zanella fue fundamental para esa actividad. Con la moto podía recorrer el barrio y trasladar la mercadería. Hubo una época en la que llegó a vender entre 200 y 300 semitas por mañana. Después siguió con dulces y otros productos, siempre acomodando sus horarios laborales a los días de diálisis. En los últimos años, sin embargo, comenzaron a aparecer otras dificultades.
Después de cuatro décadas de tratamiento, Carlos empieza a tener problemas en las venas y los accesos para realizar la diálisis se volvieron más complicados. Hace alrededor de dos meses debieron colocarle un nuevo catéter y todavía se encuentra en recuperación. De hecho, hasta hace pocos días ni siquiera podía levantarse solo del sillón. Carlos cuenta esos episodios sin esconder lo difícil que fue atravesarlos, aunque asegura que con el nuevo catéter ya comenzó a sentirse mejor. "No hay que bajar los brazos. Mírenme a mí, 40 años de diálisis y voy adelante", sostiene.
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Ahora deberá esperar aproximadamente un mes más antes de retomar algunas actividades, aunque reconoce que nada será como antes. Ese desgaste modificó su manera de trabajar. Sabe que ya no puede recorrer las calles durante horas ni cargar la moto como hacía años atrás. Su intención es salir a trabajar, sin exigirse, vendiendo productos livianos y siempre que sea cerca de su casa.
Claro que lo podrá hacer una vez que el médico lo autorice y su Zanella vuelva a funcionar. El hombre dice que ya pudo colocarle cubiertas nuevas y cambiar el cilindro, pero todavía necesita reparar otras partes, principalmente la tapa. Vive de su pensión, con lo justo, y todavía no pudo terminar el arreglo. Por eso para él, tenerla nuevamente en condiciones, resolvería varias necesidades cotidianas. "Por ahí tengo que ir a comprar pan y estoy cansado. Entonces, en la motita le doy una patadita, vamos y venimos", explica. Pero enseguida reconoce que también piensa utilizarla para trabajar. "Quisiera, pero como antes no creo. Voy a andar por acá nomás, tranquilo, despacito".
Carlos y Analía viven de sus pensiones y de lo poco que él puede vender ocasionalmente. Ella tiene dificultades visuales e insulinodependiente y también necesita asistencia. Según cuentan, los ingresos no alcanzan para cubrir con comodidad los gastos básicos. Aun en ese contexto, los Sarmiento insisten con salir a hacer changas. Incluso cuando Carlos va a realizarse la diálisis lleva algunos dulces para vender, aunque últimamente tampoco cuenta con dinero suficiente para comprar mercadería. "Me gusta tener aunque sea para tomar una Coca, comer algo, estar bien. En estos momentos no tengo plata y estoy pensando qué puedo hacer", cuenta.
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En el medio, hay una frase suya que explica por qué sigue pensando en volver a salir: "Tengo más ganas de vivir que de comer. Me das una moto y me voy a trabajar. A mí me gusta". Después de 40 años de diálisis, sabe mejor que nadie que habrá días buenos y otros más difíciles. Su objetivo inmediato es terminar de recuperarse del último procedimiento y conseguir los repuestos necesarios para arreglar la Zanella. Después quiere hacer algo que para él nunca dejó de ser habitual, salir de su casa y trabajar.
Fuente: Tiempo de San Juan
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