Cuotas, préstamos y fiado: el 58,7% de los hogares recurre a alguna forma de financiamiento
Casi seis de cada diez hogares utilizan alguna forma de financiamiento. El fenómeno atraviesa todos los ingresos y la principal alerta está...

Cuotas, compras al fiado, préstamos de familiares o créditos de entidades financieras forman parte de la economía cotidiana de una amplia mayoría de los hogares argentinos. Según un informe de Fundación Encuentro elaborado sobre la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el 58,7% de los hogares urbanos recurrió a alguna modalidad de financiamiento durante los tres meses previos al relevamiento del primer trimestre de 2026.
La cifra, sin embargo, necesita una precisión importante. La EPH no funciona como un registro de personas endeudadas ni permite conocer montos, mora o capacidad de pago. Lo que releva son las estrategias que las familias utilizan para sostener sus gastos: pedir dinero a familiares o amigos, recurrir a bancos o financieras y comprar en cuotas o al fiado con tarjeta o libreta. Por eso, el 58,7% no significa que casi seis de cada diez hogares estén necesariamente sobreendeudados, sino que utilizan alguna forma de financiamiento para administrar sus consumos.
Esa distinción resulta clave para comprender una de las principales conclusiones del trabajo. El uso de estas herramientas no experimentó una explosión reciente. La serie analizada entre 2016 y 2026 se mantiene relativamente estable, alrededor del 59%, e incluso el máximo se registró bastante antes: en el cuarto trimestre de 2019, cuando alcanzó el 61,6%.
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Lo que sí cambió, y de manera mucho más preocupante, fue la capacidad para cumplir con las obligaciones asumidas. Mientras la proporción de hogares que se financian permanece en niveles similares a los de años anteriores, la mora escaló hasta valores récord. Fundación Encuentro cita un 12,9% para julio, mientras que el Banco Central había informado un mes antes que la irregularidad de las financiaciones a las familias se ubicó en 12,8% en junio.
El contraste es significativo: no hay muchos más hogares recurriendo al financiamiento, pero sí aparecen crecientes dificultades para pagarlo.
El informe muestra además que buena parte de ese financiamiento no pasa por el crédito bancario tradicional. En el primer trimestre de 2026, 33,7% de los hogares declaró recurrir exclusivamente a cuotas o compras al fiado, mientras otro 17,5% combinó distintas modalidades. A su vez, 4,9% pidió prestado solamente a familiares o amigos y apenas 2,7% utilizó exclusivamente bancos o financieras.
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Esa composición permite entender hasta qué punto el financiamiento se encuentra incorporado al consumo habitual. No necesariamente se trata de solicitar un préstamo formal para afrontar una emergencia o realizar una compra importante: muchas veces aparece simplemente en la posibilidad de pagar un supermercado, indumentaria o algún gasto corriente en varias cuotas o dejarlo anotado para más adelante.
La propia Fundación advierte que la categoría "cuotas o fiado" es amplia y no permite distinguir si detrás de esa operación existe una tarjeta bancaria, una tarjeta no bancaria, una libreta comercial u otro instrumento. Por eso, tampoco puede interpretarse automáticamente como acceso al crédito bancario. En definitiva, financiar el consumo cotidiano abarca un universo mucho más amplio que sacar un préstamo.
La composición familiar también marca diferencias fuertes. Entre los hogares donde viven niños o niñas, el 62,8% utiliza alguna modalidad de financiamiento, frente al 52,7% de aquellos sin menores convivientes. Además, más de la mitad de los hogares que recurren a estas herramientas -54,4%- tiene chicos a cargo.
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Al profundizar el análisis, las parejas con niños muestran el porcentaje más elevado, con64,4%, seguidas por los hogares monomarentales, con 61,4%. En cambio, entre las parejas sin hijos convivientes el indicador baja a 56,2%, y entre quienes no tienen pareja ni niños se reduce a 50,8%.
Para Fundación Encuentro, la diferencia refleja el peso que adquieren los gastos asociados a la crianza. Alimentación, vestimenta, educación, salud y otros consumos básicos pueden llevar a que el uso de cuotas, fiado o préstamos deje de responder únicamente a decisiones de compra y pase a formar parte de las estrategias necesarias para sostener la vida cotidiana.
Es decir, cuando hay niños en el hogar, financiarse aparece con mayor frecuencia como una herramienta para poder sostener gastos que no siempre pueden postergarse.
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Otro de los resultados más interesantes es que el financiamiento no está concentrado únicamente en los sectores de menores recursos.
De hecho, los hogares ubicados en la parte superior de la distribución son los que más utilizan estas herramientas. En el decil 9, el 72,5% recurre a alguna modalidad; en el decil 8 lo hace el 67% y en el decil 10, el 66,1%. En conjunto, alrededor de siete de cada diez hogares pertenecientes a los tres deciles de mayores ingresos se financian.
Sin embargo, eso no significa necesariamente que esos hogares sufran mayores necesidades económicas. La propia investigación señala que los sectores con ingresos más altos tienen también más acceso a tarjetas, créditos, promociones y otros instrumentos formales, algo que eleva la frecuencia con la que aparecen dentro del relevamiento.
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En el otro extremo, el financiamiento tampoco es marginal. Entre los tres deciles de menores ingresos, alrededor de seis de cada diez hogares recurren a alguna de estas estrategias: 50,2% en el decil más bajo, 60,8% en el segundo y 56,3% en el tercero.
De este modo, la diferencia no pasa por determinar quién se financia y quién no, sino por las herramientas disponibles y la capacidad de sostener posteriormente esos compromisos.
Algo similar ocurre al observar la situación laboral. Entre los hogares cuyo jefe o jefa es asalariado formal, el 71,1% utiliza algún mecanismo de financiamiento, mientras que entre aquellos encabezados por asalariados informales la proporción cae al 55,8%. La brecha, según el estudio, puede estar vinculada precisamente con las mayores posibilidades de acceder al crédito cuando existe un ingreso registrado y estable.
Las diferencias también aparecen cuando se compara por región.
El NOA registra la mayor proporción de hogares que recurren al financiamiento, con 68,2%, seguido por Patagonia, con 64,9%; Cuyo, 62,2%; región Pampeana, 60,8%; y Gran Buenos Aires, 56,1%. En el extremo opuesto se encuentra el NEA, con 50,5%, casi 18 puntos porcentuales por debajo del Noroeste.
Los autores advierten que esas diferencias no pueden explicarse únicamente por los niveles de ingreso. También pueden intervenir la estructura laboral, el grado de inclusión financiera, la presencia del empleo público, el acceso efectivo a tarjetas y créditos, las características del comercio local y hasta la composición de los hogares.
Para Misiones, ese resultado regional resulta especialmente interesante porque convive con una realidad que muestra una cara distinta del problema. PRIMERA EDICIÓN informó recientemente que la morosidad en billeteras virtuales alcanza al 41% en la provincia, por encima del promedio nacional. En total, la tierra colorada contabiliza 165.158 personas morosas dentro del conjunto del sistema financiero: 98.443 exclusivamente con billeteras digitales, 33.041 solamente con bancos y otras 33.674 con incumplimientos en ambos segmentos.
Así, prácticamente seis de cada diez morosos de la provincia mantienen compromisos impagos únicamente con billeteras virtuales. Además, aunque los montos promedio adeudados a estas plataformas son menores que los bancarios, es allí donde se concentra el mayor nivel de incumplimiento.
La aparente contradicción entre un NEA que registra menor uso de las modalidades de financiamiento captadas por la EPH y una Misiones con altos niveles de mora vuelve a poner en evidencia una cuestión central: acceder al financiamiento y poder pagarlo son fenómenos diferentes.
El deterioro se vuelve todavía más evidente al observar los proveedores no financieros de crédito, un universo que incluye fintech y otras entidades que prestan fuera del sistema bancario tradicional. Según el Banco Central, la irregularidad total de esa cartera llegó al 26,9% en febrero de 2026, casi diez puntos porcentuales más que seis meses antes. En préstamos personales, la mora alcanzó el 34,1%, mientras que en tarjetas de crédito se ubicó en 19,4%.
A la vez, 6,9 millones de personas mantenían financiamiento con proveedores no financieros en febrero, una cifra que había aumentado 6,8% respecto de agosto de 2025. El sistema bancario tradicional presenta indicadores menores, aunque también elevados. En junio, la irregularidad del crédito a familias fue de 12,8%, frente al 3,5% observado en empresas.
Es precisamente en este punto donde Fundación Encuentro introduce su lectura política y económica. La organización cuestiona la explicación según la cual la suba de la mora respondería principalmente a una expansión masiva e irresponsable del crédito. Su argumento es que, si durante diez años la proporción de hogares que recurre al financiamiento se mantuvo relativamente estable,la explicación del deterioro debería buscarse también en las condiciones bajo las cuales esas obligaciones deben pagarse.
Se trata de una interpretación de la Fundación y no de una conclusión directa de INDEC. Los microdatos oficiales, disponibles hasta el primer trimestre de 2026, permiten observar cómo se financian los hogares y cuáles son sus características, pero no determinar por sí solos las causas de la mora.
Aun así, el cruce entre ambas fuentes deja una fotografía difícil de ignorar: los hogares argentinos no parecen haberse volcado repentinamente al crédito, pero enfrentan mayores dificultades para sostener compromisos que forman parte de su economía desde hace años.
En ese escenario, cuotas, préstamos y fiado dejan de ser únicamente herramientas para anticipar consumos y pasan, en muchos casos, a convertirse en mecanismos necesarios para cerrar el mes. Y cuando esa estrategia comienza a fallar, la mora deja de ser solamente un indicador financiero para transformarse en una señal del deterioro de la capacidad de pago de las familias.
Accede al informe completo aquí.
Fuente: Primera Edición
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