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Daniela Noli. "La industria textil tiene que ofrecer algo que la importación no puede dar"

Es para de la tercera generación de industriales textiles que llevan a adelante la marca Knauer. Explicó cómo trabajan frente a la importación.

Por Los Andes5 min de lectura
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Daniela Noli. "La industria textil tiene que ofrecer algo que la importación no puede dar"
Daniela Noli. "La industria textil tiene que ofrecer algo que la importación no puede dar" · Foto: Los Andes

Es para de la tercera generación de industriales textiles que llevan a adelante la marca Knauer. Explicó cómo trabajan frente a la importación.

Daniela Noli de Knauer en Valor Agregado

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Daniela Noli de Knauer en Valor Agregado

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Daniela Noli integra la tercera generación al frente de Knauer, una empresa mendocina con más de cuatro décadas dedicada a la fabricación de indumentaria. En esta entrevista con Los Andes repasa la evolución del negocio familiar y explica por qué decidieron apostar por una moldería inclusiva.

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—Kanuer cumple 40 años. ¿Cómo nació la empresa y cuál fue tu recorrido dentro del negocio familiar?

—Nosotros hace 40 años fabricamos ropa. Yo he nacido en esta empresa. Empezamos en San Rafael con una empresita chiquita y fuimos creciendo de a poco. Soy la tercera generación. Empezamos con mis abuelos, después siguieron mis papás, que actualmente continúan trabajando, y fuimos creando esta marca. Siempre decimos que nos hemos hecho escuchando al cliente, escuchando la necesidad del cliente. Nosotros trabajamos talles del 0 al 5. ¿Cómo se nos ocurrió hacerlo? Porque nos pedían un talle más grande y lo hacíamos. Después nos pedían otro más y lo incorporábamos. Así fue creciendo la propuesta.

—La marca se caracteriza por ofrecer ropa para mujeres de todos los cuerpos. ¿Cómo surgió esa decisión?

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—Es un dolor que resolvemos y que sabemos abastecer. Incluso nos pasa con amigas que nos dicen: "Te amo, gracias por hacer ropa que me queda bien. No dejes de hacer esta ropa". Y la verdad es que eso emociona, porque verdaderamente estás cubriendo una necesidad que a muchas personas les cuesta encontrar. Nosotros, por ejemplo, si hacemos un pantalón blanco, lo hacemos del talle 0 al 5. La persona más flaca va a llevar lo mismo que una persona de un talle más grande. Lo mismo pasa con una calza, un top o una musculosa.

—También eligieron reemplazar a las modelos profesionales por clientas reales. ¿Qué buscaban transmitir?

—Empezamos a hacer fotos con conocidas y con clientas. Incluso muchas iban al local y nos decían que querían participar de las sesiones. Nos dejan sus teléfonos y después las convocamos. Antes contratábamos modelos profesionales y la mayoría eran muy flaquitas. Entonces decíamos: "¿Cómo vamos a mostrar que hacemos todos los talles si no vendemos los talles grandes porque estamos mostrando cuerpos muy chicos?". A veces el talle 0 o el 1 les quedaba grande a las modelos y les hacíamos pinzas atrás. Necesitábamos modelos más reales. Empezamos a buscar conocidas que fueran talle 3 o talle 4 y después la misma gente empezó a reconocerlas y quiso sumarse. Para ellas también es una experiencia muy linda. Las maquillamos, las peinamos y cuidamos que se sientan cómodas. Les encanta.

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—¿Sentís que históricamente la industria textil dejó de lado a buena parte de las consumidoras?

—Sí. Creo que es un sector donde abarcar más talles es complejo porque implica una variedad importante. Muchas veces dicen: "Yo abastezco este sector y listo", también por una cuestión productiva. Además, los talles no siempre son reales. Hay personas que me dicen: "Yo soy talle S". Les muestro lo que para mí es un S y me dicen que es enorme. Nosotros también decidimos que todos los talles tengan el mismo precio. No hacemos que del 0 al 3 valga una cosa y del 4 al 5 otra. Hacemos un promedio y unificamos el precio. Es otra manera de incluir. Si decimos que tenemos talles para todos, también tenemos que tener un precio para todos.

—Toda la producción sigue siendo local. ¿Qué ventajas tiene fabricar en Mendoza?

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—Sí, producimos todo acá. Las telas las traemos de Buenos Aires, pero tenemos todo nuestro taller en Guaymallén. Tiene sus desafíos, pero también muchas ventajas. Si nos están pidiendo un pantalón en otro color, lo hacemos. No tengo que ver a quién se lo compro o dónde lo mando a hacer. Lo más complejo es conseguir las telas y los colores; lo demás está en nuestras manos. Eso también permite tener un control de calidad mucho más cercano. Cuando hacemos pruebas de calce nos probamos las prendas muchísimas veces. Si hace una arruga o una bolsa, volvemos a hacer otra muestra.

—¿Cómo cambió el consumo de indumentaria?

—Cambió bastante. Hoy la gente elige cosas más básicas y más cómodas. Nosotros hacemos ropa cómoda. Si hacemos un jean, tiene que ser cómodo. No puede apretar la cintura. Siempre seguimos esa línea. El consumidor también está mucho más racional a la hora de comprar. Compra prendas que pueda usar muchas veces. Después de la pandemia la ropa deportiva y la ropa cómoda crecieron muchísimo. Hoy la gente va al banco con una calza y zapatillas o combina un pantalón cómodo con un blazer. Eso antes no pasaba.

—Con la apertura de las importaciones, ¿cómo compite una empresa mendocina?

—Nosotros no competimos por precio. Creo que el problema lo tienen quienes compiten solamente por precio. Nuestro desafío es aportar un valor agregado que no sea el precio. Tiene que ver con los talles, con la calidad, con la experiencia de compra y con cosas que la importación no puede ofrecer. A veces una clienta toca un buzo de algodón y ya siente la diferencia. También está la posibilidad de probarse la ropa y encontrar un talle que realmente le quede bien.

—El sector textil suele señalar el peso de los impuestos. ¿Cómo impacta en el negocio?

—Siempre fue un tema complejo. Tener un comercio al público implica que casi el 40% sean impuestos y, lamentablemente, eso termina trasladándose al consumidor final porque si no el negocio no se puede sostener. También cambió la manera de comprar. No me parece mal. Hay que ir acompañando esos cambios, pero el tema impositivo siempre fue complejo.

Fuente: Los Andes

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