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Dante Sica, economista: "El NOA será uno de los grandes receptores de inversiones"

Según el economista, la Argentina está en un proceso de transición, cuyos resultados se verán entre 2028 y 2035.

Por Marcelo Aguaysol7 min de lectura
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Dante Sica, economista: “El NOA será uno de los grandes receptores de inversiones”
Dante Sica, economista: “El NOA será uno de los grandes receptores de inversiones” · Foto: La Gaceta

La economía argentina atraviesa un proceso de transición en el que los resultados no serán inmediatos, sino que se observarán entre 2028 y 2035. Así lo expresó Dante Sica, ex ministro de la Producción durante la gestión del presidente Mauricio Macri. El economista vino a Tucumán para participar de la convención regional de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara). Sica, un experto en la relación comercial entre Argentina y Brasil, dio la siguiente entrevista a LA GACETA.

-¿Las diferencias ideológicas entre la Argentina y Brasil deben quedar de lado para no dañar las relaciones comerciales entre ambos países?

-Siempre un trata de que eso pase. La Argentina y Brasil tienen una estrecha relación de cooperación, en especial desde la década de 1980 cuando entramos en una etapa democrática, durante los primeros acuerdos entre Raúl Alfonsín y José Sarney, que dejó establecido un camino de cooperación. Las instituciones regulatorias de ambos países trabajan en línea. Hay mucha cooperación entre ambos países. Los ejércitos también están en esa sintonía. ¿Qué quiero decir con esto? Si uno mira los últimos 30 años, siempre hemos tenido "chisporrotazos" y dificultades en la relación entre los presidentes. Quizás la última gran relación fue en la década de 1990 cuando Carlos Menem se llevaba muy bien con Fernando Henrique Cardoso, con liderazgos diferenciados entre ambos. Entre Néstor Kirchner y Lula da Silva, pese a que parecía que ideológicamente estaban en la misma dirección, no tenían tan buena relación. Dilma Roussef no se hablaba con Cristina Fernández de Kirchner. Mauricio Macri tuvo buena relación con tres presidentes: con Dilma, con Temer y con Jair Bolsonaro. Alberto Fernández no se hablaba con Bolsonaro y Javier Milei no lo hace con Lula. Éste último hizo campaña en favor de Alberto, de Cristina Libre y hasta dijo que Milei era fascista. Milei le contestó y dijo que era ladrón y quiso ir a ver a Bolsonario. La diplomacia presidencial sería mejor que funcionara de otra manera, pero en los últimos años se caracterizó por los chisporroteos. Eso no obsta que las Cancillerías sigan trabajando. Al otro día que ambos países sacaran sus embajadores de ambos lados, las tropas brasileñas tuvieron autorización de la Argentina para ingresar a un entrenamiento conjunto que tenían pactado. ¿Dificulta? Y si porque tal vez tendríamos que estar discutiendo asuntos del Mercosur que acelerarían al libre mercado. El Mercosur acaba de flexibilizar para que la Argentina cierre un acuerdo para vender auto. Estamos en un ciclo político, con Brasil en elecciones. Ese país le paga a Donald Trump y, de costado, a Milei. Pasada la elección seguramente tendremos un ambiente un poco más relajado y ambos países seguirán cooperando. Si vos me decís que el año que viene seguiremos sin tener embajadores, te diría que la situación se podría complicar un poco más.

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-En lo comercial, ¿no se prevé una incidencia respecto de este chisporroteo político?

-Toyota no dejará de traer el Corolla ni la Hilux porque Milei y Lula no se hablan. Peugeot no deja de vender el 208 o de traer autos desde Brasil porque aquellos presidentes no se hablan. Nadie deja de hacer una inversión en la Argentina o en Brasil por una disputa presidencial. ¿Qué mirás entonces? Mirás estructura de aranceles, el mediano y el largo plazo. También los temas de acceso al mercado. Sería mejor que se lleven bien, por aquello de acelerar cuestiones que atañen a ambos países. Si esto se mantuviera en el tiempo, tal vez pondría en jaque algunas cuestiones. Fijate que Brasil no levantó la gala que hizo en el Teatro Colón para celebrar el aniversario de su independencia. De alguna manera la relación continúa.

-¿Es sostenible que la Argentina muestre una economía a dos velocidades?

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-La Argentina está en un proceso de transición económica; había una economía altamente regulada y trabada, con restricciones para comprar dólares, con brechas cambiarias, con prohibiciones para exportar y para importar, donde la estructura de precios relativos no daba señales claras para establecer hacia dónde tenía que ir la inversión. Era una economía totalmente cerrada, sin competencia y subsidiada por el Estado. Hoy la Argentina está transicionando a una economía más estable, más orientada y traccionada por las exportaciones, aprovechando un ciclo de comercio internacional inédito para las últimas décadas. Es una economía que se va a apuntalar por la inversión, en la que el consumo va a acompañar, donde los precios se pongan en el verdadero valor de los costos de producción. Por lo tanto, van a cambiar las señales de renta, porque antes esa renta "era importante" porque tenías protección sin competencia y hoy eso cayó. El capital se está redistribuyendo. Obviamente que todas aquellas grandes plataformas que se están integrando a esta demanda mundial están traccionando a los proveedores a su alrededor. Aquellos que estaban más vinculados al mercado interno, que antes no tenían competencia, hoy la tienen, ya sea por las plataformas o por la aparición de nuevos jugadores como el caso de las automotrices chinas. Son sectores que están en proceso de reconversión y en una economía que, al no tener estabilidad macro, tenían poca profundidad financiera, tardan un poco más de tiempo el proceso de readecuación de los nuevos negocios. A eso responde la dicotomía económica. Es lo que llamo dejar de vivir en los promedios. Bajo esta macro conviven cinco Argentina: una federal, que ya no es tan solo el conurbano bonaerense. Estamos en el NOA, que será uno de los grandes receptores de inversiones, y lo que estamos viendo es que el desarrollo se está federalizando de la mano de la energía, de la minería y de las instalaciones para poder hacer base de datos. Hay un gran impulso. De la agricultura, debemos decir que empieza a mejorar la competitividad y el riego se extiende por todo el territorio. Lo mismo pasa con el consumo; no es que cae, sino que se redistribuye. Consumimos más en servicios y los pagamos lo que hay que pagar. Eso hace que se resientan los ingresos disponibles. Tomemos otro dato en cuenta: en 2023 vendíamos 400.000 autos; hoy vendemos 550.000 en el año. Obviamente que ante un ingreso que crece poco, quizás en algunos sectores se resienta, pero se ha redistribuido el nivel de consumo. Tenemos que acostumbrarnos a una Argentina mucho más heterogénea, donde está cambiando la jerarquía productiva, donde sectores que antes traccionaban como los de línea blanca, hoy tenemos actividades como la química y la petroquímica que crecen a dos velocidades. El capital está buscando cuál es el nivel de consumo y los sectores donde la renta de hoy es la que te permite tener un horizonte de mediano plazo.

-¿Cree en el dilema entre la macro y la micro y el derrame que tarda en llegar?

- Cambiar un régimen económico no es como un interruptor que subís o bajas la perilla. Es una secuencia. Hay un reloj económico que corre a una velocidad diferente a la del reloj político. Éste último, cada dos años, te exige resultados. El del económico es secuencial. Tal vez la elección de 2027 pueda ser una prueba, pero la cosecha de este cambio la veremos entre 2028 y 2035, un período en el que las inversiones, que también están llegando al norte argentino, van a empezar a madurar. Estamos viendo el proceso que se inició entre 2013 y 2014 con Vaca Muerta y ahora estamos viendo los resultados. Pasamos de ser deficitarios en la energía a ser superavitarios. Construimos un puente de dólares que nos permite decir que no vamos a tener más crisis en el sector externo. Son los tiempos en los que la economía se reacomoda. Los trabajadores se reasignan, se capacitan. No está cayendo el empleo formal, pero por otro lado en Mendoza o en San Juan están capacitando con un nivel de mano de obra con capacidades que hoy no la tienen. Vamos a ver unos lentos procesos de migración. La gente va a Neuquén y empieza a mirar al norte o deja de salir del norte para ir al conurbano porque las fuentes de trabajo futuro están en esta región. No hay una contradicción entre macro y micro; es un proceso que estamos viendo.

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Es socio fundador, presidente del Advisory Board y miembro del Hub Global de Negocios de ABECEB. Fue ministro de Producción de la Nación. Es economista especializado en desarrollo productivo, competitividad industrial y estrategia.

Fuente: La Gaceta

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