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De Laos a Posadas: Tun, el histórico "huesero" de los deportistas

Tun escapó de la guerra en Laos, llegó a Misiones en 1980 y se convirtió en un reconocido masajista oriental ligado al deporte posadeño

Por Gabriel Fernández6 min de lectura
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De Laos a Posadas: Tun, el histórico “huesero” de los deportistas
De Laos a Posadas: Tun, el histórico “huesero” de los deportistas · Foto: Primera Edición

Para algunos posadeños, sobre todo deportistas de la vieja escuela, el nombre de Tun es sinónimo de alivio y recuperación. Conocido popularmente como el histórico "huesero", este masajista oriental continúa hoy, desde su estudio en el barrio Yohasá -tras ser relocalizado del antiguo barrio El Brete-, ejerciendo un arte curativo transmitido por generaciones.

Sin embargo, su camino arrancó a miles de kilómetros de la tierra colorada, marcada por el exilio, la supervivencia y la adaptación a un mundo completamente nuevo. PRIMERA EDICIÓN visitó su espacio de trabajo para conocer su historia, el recorrido que tuvo desde Asia hasta llegar a Misiones y cómo vive actualmente, con décadas de trayectoria, raíces laosianas dispersas en el país y hasta un nieto que hoy es médico.

Su llegada a la Argentina se enmarca en uno de los episodios migratorios más singulares de finales del siglo pasado. A finales de la década de 1970, Tun y su familia se vieron obligados a abandonar su Laos natal. "Nosotros escapamos de la guerra", relató. Ante el avance de un régimen autoritario y comunista debieron huir de su tierra y refugiarse en un campamento en Tailandia, donde permanecieron durante años a la espera de un nuevo destino.

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Fue entonces cuando representantes de la embajada argentina en el país asiático, se acercaron a los refugiados ofreciendo asilo: "Dijo: '¿quién quiere venir a vivir a Argentina?'!, recordó Tun. La decisión fue impulsada por las promesas de bienestar del gobierno, que incluían cobertura médica sin costo, exención de impuestos y un apoyo económico inicial, por lo que decidió emprender el viaje.

El éxodo hacia lo desconocido se concretó con su arribo al aeropuerto de Ezeiza, donde los contingentes de refugiados permanecieron albergados en un predio cerrado. Allí, las autoridades les mostraron las opciones geográficas para su radicación definitiva. La elección de Tun por el noreste argentino fue instintiva y nostálgica: "Yo miré Misiones, parecía mi país en el clima, todo. Y el pescado, por eso vine para acá", explicó sobre su decisión.

El contingente de Tun estaba conformado por su esposa y una beba de apenas tres meses de vida. Mencionó además que esta composición familiar colaboró a que estén en el centro de refugiados, porque "no recibían a los solteros, todos casados". Con esa pequeña familia a cuestas, el 12 de febrero de 1980 pisaron finalmente suelo misionero.

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Pocos días después, el 22 de febrero, fueron enviados a la localidad de Wanda para trabajar en una cooperativa agrícola. El choque cultural y laboral fue inmediato: "Nos mandaron a la cosecha de yerba sin saber qué planta es", confesó entre risas sobre su primer intento como tarefero, para luego añadir sobre aquella insólita experiencia que no les enseñaron nada, "nosotros cortábamos la planta y murió casi una hectárea".

A las dificultades laborales se sumó la inmensa barrera del idioma, una herramienta indispensable de la que carecían por completo. La dura rutina en el campo apenas dejaba espacio para el aprendizaje formal del castellano. "Se iba a trabajar a las 5 de la mañana y volvía a las 6 de la tarde. Después a las 7 tenía que ir a la escuela, ¿quién tiene fuerzas para ir una hora?", reflexionó

El rigor del trabajo rural terminó siendo demasiado para su físico. "Yo estuve en Wanda tres meses nomás, porque mi mano no aguantaba con la cosecha de yerba, me rompía todo", resaltó. Ante esta situación, tomó la determinación de dejar la chacra y trasladarse definitivamente a Posadas, instalándose primero en la zona del histórico barrio El Brete. Allí vivieron varios de su comunidad hasta que finalmente fueron relocalizados.

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Fue en la capital provincial, hacia el año 1990, cuando su vida dio un giro definitivo al vincularse con el club Atlético Posadas. El contacto diario con el plantel de fútbol y el cuerpo técnico fue su verdadera escuela de español. Según cuenta, fue allí donde aprendió "más con los muchachos", asimilando tanto las palabras correctas como el lenguaje de vestuario, donde se mezclaban "algunas señales buenas, algunas señales para abajo", propias de la juventud.

En ese ámbito deportivo, Tun comenzó a desplegar el conocimiento que lo haría famoso en toda la ciudad: la masoterapia oriental. Esta práctica no fue aprendida en una academia, sino que constituye una profunda herencia cultural y familiar. "Yo lo aprendí con mi abuelo, por el apellido", contó y rememoró que era el único nieto varón y que recayó sobre él la responsabilidad de continuar con la tradición.

La técnica milenaria resultó ser una novedad absoluta en la región y demostró ser sumamente efectiva para los traumatismos. Sus masajes, ideados para "la relajación, para acomodar los huesos, los ligamentos, los esguinces y todos los puntos de los nervios", encajaron perfectamente con las urgencias de los futbolistas, quienes padecían dolencias constantes tras "chocar, atropellar y caer mal".

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Su labor acompañó una época muy buena para Atlético Posadas. Con el carisma que lo caracteriza, Tun bromeó sobre su influencia en aquellos logros deportivos, afirmando que "cuando yo estuve con el equipo sale campeón" porque, según él, es "el mejor masajista".

El éxito de su método radica en una profunda comprensión de la anatomía y las reacciones involuntarias ante lesiones severas, como la inflamación de un ligamento cruzado. Su abordaje es sistemático: "Con mucho dolor, tiene que sacar el dolor primero. Si no saca el dolor, el humano se pone duro, tenso, no relaja, entonces yo no puedo acomodar", explicó sobre la importancia de presionar los puntos correctos antes de manipular las articulaciones.

Hoy, a sus 82 años y radicado en su estudio del barrio Yohasá, Tun reconoció que ya trabaja poco y ahora "ya estoy viejo, no tengo más fuerza" para asistir físicamente a los clubes como antes, pero su vocación sigue intacta. La fidelidad de sus pacientes se mantiene viva únicamente gracias a la recomendación de "boca a boca", sin necesidad de tarjetas ni redes sociales, atrayendo a "jugador lesionado que viene acá" y vecinos que aún confían ciegamente en sus manos.

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Esta técnica de masajes relajantes y terapéuticos no es una labor improvisada, sino la aplicación estricta de un "sistema" tradicional asiático traído directamente por su familia. Según explica el propio Tun, el cuerpo humano está recorrido por múltiples puntos nerviosos que responden a la presión precisa para aflojar tensiones.

Al ser consultado sobre el temor que a veces genera este tratamiento en los pacientes nuevos, Tun aclara que la intensidad es inevitable cuando hay una lesión real, bromeando sobre las advertencias que se hacen entre amigos al visitarlo: "Algunos amigos cargan a otros: '¡Ah, vos vas a Tun y te va a doler mucho, vas a gritar!'. Pero no es lo mismo una lesión suave que un ligamento cruzado inflamado; hay que colocar bien para que baje la inflamación", sintetizó.

Fuente: Primera Edición

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