De Torales a Bruno Cabrera: el "arco de los milagros" que volvió a salvar a San Martín
La remontada contra Midland tiene una larga historia. Un repaso por los goles agónicos que, desde 1985, construyeron esa leyenda en La Ciudadela.

Resumen para apurados
Bruno Cabrera casi se caía cuando le pegó. Corría el minuto 92, la lluvia no daba tregua y la pelota quedó a su merced dentro del área. El remate cruzado se metió y La Ciudadela explotó. Los mismos hinchas que un rato antes le habían cantado en contra al equipo se abrazaban empapados, sin poder creer lo que acababan de ver. Otra vez había pasado en el mismo lugar: el arco de la Bolívar, el "arco de los milagros".
El apodo no es un simple capricho. En ese arco, San Martín construyó buena parte de su mística a fuerza de goles en el final, de esos que se gritan con el alma y se recuerdan para siempre. Cada generación de hinchas tiene allí su propio milagro.
La leyenda arranca el 10 de marzo de 1985, por el Nacional, cuando Juan Carlos "Colorado" Torales venció a Navarro Montoya con un derechazo desde el borde del área, en tiempo de descuento, ante un Vélez que se iba con el empate. Desde entonces, la lista no dejó de crecer.
En el octogonal de 1993/94, José María Jerez entró desde el banco y con su primer toque empató un clásico que terminó con Atlético eliminado.
En 1997, Walter "Hueso" Pereyra le dio de cabeza el quinto triunfo seguido contra el "Decano". En diciembre de 2007, Luciano Krikorian cabeceó frente a Godoy Cruz un gol clave en el camino al ascenso.
En el Federal A de 2016, Iván Agudiak le ganó a Guaraní Antonio Franco en la última jugada. Hasta un arquero, Ignacio Arce, empató ante Instituto en el último minuto tras subir en un córner.
Cuenta la leyenda, incluso, que alguna vez un canchero cambió los palos del arco de la Rondeau al de la Bolívar para cortar una mala racha. Nadie sabe cuándo ocurrió, pero pocos se animan a discutir su efecto.
Para muchos de los que estuvieron en La Ciudadela, lo de Midland tuvo gusto a déjà vu. La escena se pareció demasiado a aquella noche de mayo de 2018, por los cuartos de final del Reducido de la B Nacional. También llovía, también el "Santo" perdía 0 a 2 y también la ilusión parecía apagada. Franco Costa y Claudio Bieler lo igualaron, Villa Dálmine volvió a adelantarse a los 83 minutos y, cuando ya nadie esperaba nada, Juan Galeano anotó el 3 a 3 a los 94', en la Bolívar.
Ese empate alcanzó por ventaja deportiva y fue el primer paso hacia el ascenso a la Superliga. Las coincidencias con lo de ahora son muchas: la lluvia, el 0 a 2, los tres goles y el desenlace en el descuento. La diferencia es que esta vez el último grito no fue para empatar, sino para ganar.
En octubre de 2021, Lucas González le dio el triunfo 2 a 1 ante Temperley a los 48 minutos del segundo tiempo. Semanas después, Matías Ballini, recién ingresado, le ganó de cabeza a Agropecuario sobre el final y dejó a San Martín en lo más alto de la zona A.
En aquel partido, curiosamente, a la visita le anularon un gol de Ezequiel Parnisari, hoy defensor del "Santo".
En marzo de este año, contra Deportivo Maipú, Lautaro Ovando entró desde el banco y con dos goles transformó un 0 a 2 en un 2 a 2. Esa vez sólo faltó el último capítulo.
Contra Midland, el milagro llegó cuando más se lo necesitaba. San Martín estaba undécimo, con 43 puntos, a cinco del último lugar de clasificación al Reducido y con tres fechas por delante. Un empate o una derrota lo dejaban al borde de la eliminación.
El partido había empezado torcido. Midland se puso 2 a 0 con goles de Isaías Andrada y Genaro Cepeda, y la paciencia del hincha se agotó. Los cantos contra el equipo bajaron con fuerza desde las tribunas.
A los 78 minutos, Matías "Caco" García sacó un remate de media distancia que se clavó en la red y devolvió el aliento. A los 85, Cabrera empató con un cabezazo y La Ciudadela entera empezó a creer.
En el segundo de los cuatro minutos de adición llegó la jugada final: remate de Rodrigo Ayala, desvío mínimo de Álvaro Veliez, atajada del arquero y Cabrera, casi en el suelo, con el disparo cruzado que selló el 3 a 2 y desató la locura.
Los tres goles, todos en la Bolívar, cambiaron mucho más que un resultado. Le devolvieron al hincha algo que parecía perdido: la fe. El equipo de Alejandro Orfila llegó a 46 puntos y sigue con vida en la pelea por un lugar en el Reducido, a falta de dos fechas.
Quedan dos finales. Primero, la visita a Quilmes. Después, el cierre en casa contra Colegiales, rival directo en la lucha por la clasificación. San Martín se juega la temporada en 180 minutos, y su gente volvió a creer. Si todo vuelve a definirse en el final, ya se sabe hacia qué arco habrá que mirar.
Fuente: La Gaceta
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